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Tenis

¿Dominic? Dominator

No debe ser fácil oír una y otra vez el nombre de Thomas Muster. No debe ser fácil crecer con la presión de suceder a todo un número uno y campeón del Grand Slam. No debe ser fácil vestir la etiqueta de uno de los tenistas con más potencial del circuito. No debe ser fácil […]


1 de abril de 2015 TENNISTOPIC - Sportyou

No debe ser fácil oír una y otra vez el nombre de Thomas Muster. No debe ser fácil crecer con la presión de suceder a todo un número uno y campeón del Grand Slam. No debe ser fácil vestir la etiqueta de uno de los tenistas con más potencial del circuito. No debe ser fácil que te apoden Dominator.

Un 3 de septiembre de 1189 Ricardo Corazón de León fue coronado rey en la Abadía de Westminster. Un 3 de septiembre de 1821 Nueva York sufrió el único huracán de su historia. Un 3 de septiembre de 1935 Malcolm Campbell consiguió por primera vez conducir un coche a 483 kilómetros por hora. Y un 3 de septiembre de 1993 vino al mundo un tenista que cumple con esa efeméride: es valiente, temible y precoz, roza el Top 40 del ránking mundial y se llama Dominic Thiem.

Hace 21 años nació en Wiener Neustadt, una ciudad austriaca conocida como “la nueva Viena”, y hoy se ha colado en cuartos de final de un Masters 1000 por primera vez en su corta carrera. Una carrera para la que estaba predestinado: sus padres, Wolfgang y Karin, entrenadores de tenis, y su hermano pequeño, Moritz, compañero de batallas al otro lado de la red nada más salir del colegio. Pronto, en una de esas tardes de juego y diversión, Wolfgang vio algo distinto en Dominic. Algo especial. Meses antes había pedido trabajo en la academia de Gunter Bresnik, el sabio que moldeó el tenis de Boris Becker, otra raqueta precoz que conquistó Wimbledon con solo 17 años. Así que Wolfgang se acercó a Gunter y le dijo: “quiero que le eches un vistazo a mi hijo”.

Bresnik vio un niño enfermizo, con un sistema inmunitario endeble, que apenas asomaba por encima de la red. Pero también vio un niño con mucho potencial. Le gustaba pisar tierra batida y pegar sin miedo la derecha, dos buenos presagios en la tierra de Muster. Pero había que hacer algunos cambios. “La primera vez que jugué con Gunter, yo pegaba el revés a dos manos y era un jugador muy defensivo. Él lo cambió todo: me pasó a un revés a una mano y me dio un estilo de juego más agresivo. Fue duro, porque yo era el mejor júnior de Austria pero mi ránking se hundió al cambiar todo. Pero confié totalmente en Gunter, porque sabía que era un gran entrenador”. Sólo quedaba una cosa por hacer: crecer. Pegó el estirón, 16 centímetros en un solo año, y se asomó al circuito profesional. Fue en 2011. Campeón de la Orange Bowl, finalista en el Roland Garros júnior, y lo más relevante: debutó en Kitzbuhel y estrenó su palmarés de victorias en Viena. ¿Saben ante quién? Ante Thomas Muster, que estaba inmerso en esa gira de regreso que muy pocos entendieron. Sólo dos años después ya llegó a cuartos de final en ambos torneos, derrotando por el camino a su ídolo Jurgen Melzer.

Hasta que llegó su año, el 2014. El 17 de febrero se hizo un hueco por primera vez entre las cien mejores raquetas del mundo. Después derrotó a dos antiguos top-10, Simon en Indian Wells y Stepanek en Barcelona, pero guardaba su obra maestra para el público madrileño. “Durante toda mi vida no olvidaré esta noche en Madrid”. Acababa de tumbar a Stan Wawrinka, número 3 mundial y campeón del último Grand Slam, el Abierto de Australia. “Obviamente voy a perder contra jugadores de menor ránking, pero esto me sirve para darme cuenta de que puedo ganarles a los mejores”. El último tenista de 20 años que derrotó a un top-3 fue Juan Martín Del Potro en 2009. Fue en Nueva York. Fue ante Rafa Nadal y Roger Federer. Y ganó el Abierto de Estados Unidos.

Cierto es que el sueño acabó en pesadilla, porque una enfermedad le impidió saltar a la pista para buscar los cuartos de final ante Feliciano López, precisamente el rival al que derrotó en segunda ronda de este Masters 1000 de Miami. Tras un inicio de temporada bastante desalentador, Thiem ha eliminado a Schwartzman, López, Sock y Mannarino y ya sueña con tumbar a Andy Murray y colarse en semifinales.

Para analizar a sus rivales, la mayoría primerizos, usa Youtube: “Lo hice con todos a los que me enfrenté en los últimos meses. Me pasé delante del ordenador horas y horas”. Y para mejorar, trabajo y más trabajo: “Tengo que tener un juego más consistente y mejorar mi físico. Jugar cada semana a este nivel y defender puntos será una nueva experiencia”. Para ello seguirá cumpliendo las ordenes de Sepp Reznik, su preparador físico, conocido como ‘el Hulk Hogan del tenis’. El primer día le dejó las cosas claras: “Si llegas un minuto tarde a un entrenamiento, yo me marcho”. Desde entonces, litros y litros de sudor entre carreras por el bosque a medianoche, abdominales con una silla en el pecho y troncos levantados en lugar de pesas. “No vamos a levantar pesas, levantaremos troncos de los árboles. El gimnasio es la naturaleza”, ordena Sepp. Incrédulo, pero convencido, obedece Dominic.

Así es Dominic Thiem. El que entrena con Gulbis, también moldeado por Bresnik. El que deja análisis detallados, y muy críticos cuando toca, de sus partidos en su cuenta de Facebook. El que habla perfectamente en alemán e inglés, aunque alguien debería explicarle que “Bamos!” se escribe con V. El que disfruta de una buena bandeja de sushi mientras ve saltos de esquí o fútbol. El que se enfrentó a Nadal en Roland Garros: “Poder jugar ante Rafa en París es un mega honor para un joven jugador como yo. Nadal es el mejor jugador que ha pasado por Roland Garros, así que daré lo mejor de mí en cada intercambio y veremos qué pasa. Y pase lo que pase, estoy seguro de que aprenderé mucho”. Aprender, mejorar, crecer. Dominic quiere que Dominator domine el tenis mundial.

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