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16 de julio de 2018 16/07/18

Opinión

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Diego Costa, puro Atleti


  • 06 de enero
    de 2018
  • David de la Peña

Ha sido volver a enfundarse la camiseta rojiblanca, y el tedio ha ido a esconderse al cajón más oculto de la habitación más oscura. Diego Costa es como el amigo pesado que no para de hablar; alguna vez tienes tal dolor de cabeza que te marchas tú por no escucharle, pero si vas a tomar unas cervezas y ves que no está, sabes de antemano que la noche va a ser más aburrida. 

En el debut copero contra el Lleida, Costa metió un gol que le costó una cojera que tuvo en vilo a la hinchada rojiblanca más de 24 horas, y el día que conoció al Metropolitano, se marchó corriendo a la grada para celebrar su tanto, vio la amarilla y fue expulsado. Dos goles en dos partidos y un ratito de frenetismo en cada encuentro. La afición se ha dejado de aburrir.

Diego Costa es puro Atleti, y ha llegado seis meses tarde, emocional y futbolísticamente. Seis meses que probablemente han costado una eliminación de la Liga de Campeones. La conexión con la grada es total y su llegada, además, puede devolver la sonrisa a un Griezmann señalado por muchos en el primer tramo de curso. Sus primeros minutos juntos son esperanzadores.

Costa abarca un amplísimo terreno en la última línea, tanto en vertical como en horizontal. Su movilidad, trabajo y dinamismo dan por fin respiro a un Griezmann que tiene a un compañero que le permite tener espacio en su zona favorita, por detrás de un delantero. Uno alimenta el juego del otro y viceversa, y ahora está por ver si el espíritu de Costa también contagiará al francés y, por tanto, le otorga el perdón de ese sector de la grada que no tiene claro su compromiso.

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