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19 de julio de 2019 19/07/19

Fútbol

Diego Costa: cuestión de estado

La “jura de bandera” ante notario de Diego Costa para legalizar su fichaje por la Federación Española no ha terminado de zanjar un debate que va más allá de lo futbolístico. La polémica sigue encendida en varios frentes, convirtiendo el asunto en una auténtica cuestión de estado futbolístico, pero de Estado. Teniendo la doble nacionalidad […]


31 de octubre de 2013 Ignacio de La Mata - Sportyou

La “jura de bandera” ante notario de Diego Costa para legalizar su fichaje por la Federación Española no ha terminado de zanjar un debate que va más allá de lo futbolístico. La polémica sigue encendida en varios frentes, convirtiendo el asunto en una auténtica cuestión de estado futbolístico, pero de Estado. Teniendo la doble nacionalidad y ejerciendo ambas selecciones su derecho a convocarle, Diego ha tenido que dar un paso adelante para elegir entre “papá o mamá”, en un acto en la que la elección de uno suponía la renuncia del otro. Nada de fines de semana. Diego, tan brasileño como español, ha querido finalmente firmar por España, seguramente pensando que al final sería más fácil jugar con papá que con la madre patria. Hasta aquí todo lo futbolístico y privado. Pero la historia no acaba aquí.
Este asunto ha puesto al jugador en la encrucijada y en el punto de mira de todas las presiones. Primero, por lo que supone en su país la canarinha en vísperas, además, del Mundial de Brasil. Los técnicos y la CBF se han sentido ofendidas por el no del futbolista y le han lanzado temerariamente a la opinión pública como un villano, escondiendo seguramente, su torpeza por no haber actuado con mayor diligencia. Qué lejos de aquel: “y si al final dice no, seguiremos siendo amigos” de Don Vicente Del Bosque. Ya nos pitaron en la Copa Confederaciones. Esperamos que no haya más consecuencias que los pitos.
Pero por aquí tampoco ha recibido mucha ayuda. Ni él, ni la Federación. Por un lado, se ha cuestionado su idoneidad en una selección que presume de un comportamiento ejemplar. Que Diego Costa juegue como si desembarcara en Normandía no significa para nada que sea mal compañero ni deportista. Gran porcentaje de su juego está en la competición, pero sus virtudes van más allá del cuerpo a cuerpo. Futbolísticamente es un jugador incuestionable. Como eso está claro, se ha intentado matizar que su encaje en el grupo no es una cuestión técnica, sino moral y hasta de identidad patriótica, además de medir su derecho frente al de otros que ya estaban antes.
Benditos técnicos. Sería una pena desaprovechar la posibilidad en estos momentos de combinar a Iniesta con Diego Costa, en una versión futbolera del poli bueno-poli malo. Y sería injusto no dar la bienvenida a un tipo que se lo ha currado y se ha ganado el derecho de llegar hasta aquí. Todos hubiéramos comprendido que eligiera Brasil, por qué no felicitarnos de que juegue para España. Sería desconfiado pensar que todo esto asegura su plaza en el Mundial. Al contrario, tanto Diego como Don Vicente son conscientes de que la exigencia para justificar su llamada será más alta cada día. No creo que a ninguno de los dos le inquiete lo más mínimo.
Dejémoslo en que es un buen fichaje para España, y una buena noticia también para los Atléticos, que pueden leer entre líneas el compromiso del jugador por echar raíces en nuestro país. Que no nos lo distraigan, que no nos lo toquen. Esperemos que esto no le afecte y confiemos en que Diego está acostumbrado a los conflictos. Tanto para generarlos como para resolverlos. Sólo le podía pasar a él, verse inmerso en toda esta diplomacia.

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