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28 de septiembre de 2021 28/09/21

Opinión

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Día de partido


  • 29 de abril
    de 2012
  • Álvaro de Grado

Hace años que ya no tengo esa sensación aunque, como cualquier joven que tiene su objetivo puesto en el partido del fin de semana, en su día sí que la tuve. Recuerdo lo largas que se hacían las clases en el colegio, cómo aprovechábamos el recreo para creernos nuevas promesas y lo mala que era la tentación de no terminar los deberes para jugar el último partido de la tarde en la Play. El sábado jugaríamos en nuestra liga de Fútbol 7 contra los primeros, tendríamos unos 13 años y era el partido de la temporada. El decisivo. Todo lo que se hacía en los días previos estaba pensado en base a la mañana del sábado: charlar sobre los jugadores, comer pasta el día anterior (nunca supe las razones pero me decían que era lo correcto) y editar equipos en la consola con nuestros nombres y equipaciones. Nunca estaba de más quedar el viernes anterior para ultimar detalles y recordarle a tu amigo que no se le olvidaran las medias de turno. Ojalá no te tocase a ti pasar ese mal rato porque en el equipo siempre había alguien que se las dejaba en casa. Siempre.

En algún momento de la infancia todos hemos tenido un partido en el que hemos pensado durante toda una semana, un partido en el que hemos creído ser estrellas. Luego pasan los años y lo recuerdas con orgullo y una sonrisa, ves las fotos de aquel día e incluso los más afortunados guardan vídeos de los goles. Eran años bonitos, felices, inocentes, tiempo pasado.

Uno va creciendo y tiene que trasladar todas esas sensaciones del yo jugador al yo espectador. Reconozco que no es tan puro, que no es tan personal y que, ciertamente, es menos emocionante. Tú ya no eres el que calientas en el campo sino el que se abre el refresco en el salón, tú ya no eres quien se prepara la mochila con la ropa de jugar sino el que se pone la alarma para levantarse a tiempo y tú ya no eres el que se conjura en grupo un minuto antes del pitido inicial sino quien sintoniza con destreza el canal de televisión correspondiente. Pero se disfruta.

De alguna forma, lo que más me acerca a esas vivencias infantiles son los encuentros decisivos, los que sentencian campeonatos y los que dan títulos. Los partidos sobre los que piensas con días de antelación y en base a los que organizas tu plan del día. El mío del lunes ya está hecho y he avisado en mi casa que a las 21 horas no puedo cenar con ellos. Porque hay un Manchester City-Manchester United. Quiero creer que me van a entender… no es la primera vez.

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