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25 de septiembre de 2018 25/09/18

Opinión

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D10S es humano


  • 17 de junio
    de 2018
  • Andy Stalman

Necesitamos darle a Leo Messi el beneficio de la duda. El primer partido del Mundial siempre tiene un componente psicológico que atenaza las piernas. Seguramente muchos lectores me recordarán que a Cristiano Ronaldo eso no le sucedió. Y tienen razón. Pero Cristiano no tiene el peso del planeta fútbol sobre sus espaldas. Se espera de él un gran Mundial, claro, pero a Messi “sólo” le piden la Copa, nada más y nada menos. El peso de la responsabilidad no es equivalente.

Decía que a Messi hay que darle el beneficio de la duda. Todos los que venimos siguiendo su evolución desde su debut en el Barcelona aquel 16 de noviembre de 2003 en un amistoso contra el Porto, sabemos de qué es capaz. Desde entonces, el mundo se quedó sin adjetivos para calificarle dentro de una cancha con la camiseta blaugrana. Todos esperan lo mismo con la albiceleste.

Argentina debutó en Rusia contra un equipo, Islandia, que no tenía nada que perder, y cuando juegas liviano de equipaje, todo sale bien. Precisamente a la albiceleste le pasó justo lo contrario: se le pedía ganar la Copa desde el minuto cero. Y se bloqueó. Se bloqueó psicológicamente y se bloqueó ante el doble muro vikingo, que nos recordó al Barcelona – Inter de 2010, con Mourinho a la cabeza. Las crónicas del partido hablaban de la mejor versión defensiva del Inter coincidiendo con la peor versión ofensiva del Barça. “Descolorido como equipo, tampoco encontraron los azulgrana la figura de Messi, anudado y desenfocado, uno de tantos en un partido marcado por la impotencia del Barcelona. El problema del Barça no solo fue sólo el Inter sino el propio Barça, perdedor en cualquier comparación con la temporada pasada”. El mejor Barça de la era Guardiola no pudo con Mourinho. Ciertamente esta no sólo no es la mejor Argentina, sino que probablemente esté entre las peores de los últimos 50 años, con la clara excepción de Messi.

Y a Messi las redes islandesas terminaron por agobiarlo. Sin socios, sin espacios, sin la liviandad que ofrece no tener sobre sus espaldas el peso de la historia, terminó por bloquearse. Tan grande es Messi que se hizo cargo, se cargó con la responsabilidad del empate y dio la cara como capitán. Sería inútil en este momento mencionar cuántas cosas diferentes hubiésemos hecho con la alienación: Banega o LoCelso por Biglia de arranque, Pavón por Di María al final del primer tiempo, un 9 de área para fijar a los centrales islandeses, Dybala por Meza para ayudar a las transiciones y el armado de las jugadas… y así hasta pasado mañana.

Messi necesita el beneficio de la duda. No hay que crucificarlo. Messi necesita que por una vez el equipo deje de ser una suma de individualidades (protagonistas todos en sus equipos) y que jueguen como bloque, como sistema, como idea, como un átomo cuyo núcleo es el mejor jugador del mundo. Es inaudito que mientras en la mayoría de equipos jugar al lado de un gran futbolista les hace mejores, en Argentina el mejor del mundo se vuelve peor jugador, contagiado, contaminado por el resto. El 21 se viene el partido contra la Croacia de Modric, Rakitik, Mandzukic y otros conocidos de nuestro fútbol. Un partido de poder a poder, que podría haberse dado en cuartos de final. A Argentina sólo le vale ganar.

Imagino la frustración de Messi en la intimidad de su cabeza. La bronca que lo debe de estar carcomiendo. Una furia contenida. Él sabe que no sólo no es el culpable sino que el beneficio de la duda le dejará siempre la puerta abierta. Messi no es culpable de las desprolijidades que reinan en el seno de la AFA, del caos que sobrevuela al fútbol argentino, de las dudas que emanan del cuerpo técnico, de la falta de un plan y una idea definida, de una estrategia. Messi se cuidó como nunca para llegar a Rusia. A Brasil había llegado exhausto, y aún y a pesar de ello, nos llevó a la final y no se llevó la Copa porque la suerte no estuvo del lado del equipo que mereció esa final. Pero a Rusia llegó descansado, preparado física y mentalmente, fino como pocas veces lo hemos visto. Messi no sólo no es el culpable sino que es un oasis de sentido común y esperanza en medio de tanto ruido y desorden. Sigo creyendo en él, espero que el equipo no sólo también crea sino que lo demuestre en el campo.

Indudablemente, el jefecito Mascherano ha sido el mejor jugador contra Islandia, como en Brasil 2014. Mascherano, descarguen la culpa de las espaldas de Leo, denle la pelota, dejen que se divierta y sobretodo jueguen con él y para él. El mejor del mundo necesita que su equipo este a la altura de las circunstancias. Tras Brasil 2014, el Jefecito dejó esta frase para la historia: “Trato de hablar con hechos y no con palabras, porque es la única forma que tengo de sustentar algo”. Argentina, que hablen los hechos. Es la hora, sin duda.

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