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18 de diciembre de 2018 18/12/18

Opinión

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Cualquier tiempo pasado fue mejor


  • 01 de julio
    de 2018
  • Iñaki Cano

El que mal empieza, mal acaba. No hay más. No toda la culpa es del presidente de la RFEF, Luis Rubiales, pero buena parte de la eliminación se la debe apuntar él y su YO mayúsculo. No se puede desmantelar un grupo que apuntaba maneras porque fuese el último en enterarse que el seleccionador se marcharía al Real Madrid una vez concluido el Mundial.

Durante todo el campeonato, la Selección ha demostrado falta de frescura para jugar un Mundial y superar a contrarios que sabían que se iban a encerrar desde el primer minuto de cada partido. No supieron jugar a otra cosa que a mantener estáticamente el balón y aumentar las estadísticas de la inútil posesión que, a veces, lo único que te asegura es no encajar. Al grupo también se le notaba la carga de la mochila adicional y emocional que le colgó su presidente.

Fernando Hierro, que pasaba por allí, se encontró con un grupo acostumbrado al discurso de Julen Lopetegui. La idea del fútbol de Hierro no es la misma que la de su predecesor y tampoco era cuestión de cambiar absolutamente todo… pero algo sí que podría haber movido el árbol para que creciese a su manera. Ante el desaguisado que montó Luis Rubiales, tampoco era cuestión de armarla aún más gorda… ¿o sí? Total, de perdidos al río.

A lo anterior habría que añadir que los jugadores tampoco aportaron nada. Fueron de mal en peor partido a partido. Siguieron el guión preestablecido sin arriesgar lo más mínimo. A veces se cargan de ‘razones’ para estropear lo que manda el jefe y acabar con él, pero en esta ocasión no arreglaron nada en el campo y emocionalmente tampoco. Sus caras siempre fueron un poema antes y después y solo supieron quejarse en la sala de prensa por las críticas que recibían. Ahora supongo que no pedirán ‘piedad’ y justicia. El fútbol es eso y la adoración constante cuando se gana.

Ya habrá tiempo para analizar más profundamente este desastre iniciado por Luis Rubiales y concluido por Iago Aspas. La Selección que maravilló durante casi una década debe cambiar de registro y convertirse una selección de toque y de algo mucho más efectivo para superar los autobuses aparcados delante de la portería rival. A España se le ha acabado el tiempo del ‘jogo bonito’ porque ya son tres fases finales sin comernos una rosca. Y especialmente en este último mundial me he acordado de los viejos tiempos de la Federación, en los que todo se hacía mal o peor. No fue tan exagerado como en La Martona del 78 en Argentina, pero Luis Rubiales y su EGO le pusieron la zancadilla a una Selección que apuntaba alto y que se ha estrellado contra sí misma jugando a algo que ya no funciona como en los tiempos pasados, que sin duda sí que fueron mejores.

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