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7 de julio de 2022 7/07/22

Ciclismo

Contador obsequia al Tour

Convertido muy a pesar en un objeto decorativo del Tour de Francia, como esos adornos caros, lujosos, relucientes, que siempre han ocupado un lugar destacado y preferente y que de pronto son desplazados por el último artilugio tecnológico de moda, Alberto Contador demostró hoy estar derrotado pero no vencido. Si ayer Andy Schleck se lanzó […]


22 de julio de 2011 Daniel Cana - Sportyou

Convertido muy a pesar en un objeto decorativo del Tour de Francia, como esos adornos caros, lujosos, relucientes, que siempre han ocupado un lugar destacado y preferente y que de pronto son desplazados por el último artilugio tecnológico de moda, Alberto Contador demostró hoy estar derrotado pero no vencido. Si ayer Andy Schleck se lanzó a conquistar la gloria y con ella el Tour a sesenta kilómetros de meta, hoy Contador lo hizo a noventa y dos, desde el comienzo del Télegraph.

La etapa, corta y con muchos tramos en bajada, era propicia, pero el valor, la audacia, casi la temeridad para un ataque así solo està en las piernas de un grande. Con Frank Schleck fuera de punto, sin tiempo para asentar el organismo ni las piernas, Contador tiró de Andy durante todo el Galibier. Evans, obligado de nuevo a demostrar su renovada dureza mental, quedó cortado tras un aparente problema mecánico en su bicicleta que pareciò estar solo en su cabeza. No se descompuso y su equipo, liderado por el eterno Hincapie, minimizó daños y no dejó que la ventaja fuera más allá del minuto y medio.

Mientras tanto Voeckler, el líder, empeñado en despedirse con la máxima cuota de pantalla, quedó en zona de nadie, entre la cabeza y el grupo, varado, besando anillos imaginarios y cabeceando para mayor gloria personal. Le hubiera venido mejor dejarse absorber y perseguir con los demás, pero se negó hasta que las rampas más duras del Galibier le obligaron a rendirse.

Casi cincuenta kilómetros de bajada y falso llano por el valle hasta Bourg D’Oisans eran demasiado terreno, así que el reagrupamiento general llegando a Alpe D`Huez dejaba el tablero listo para jugar de nuevo, con todas las piezas en su sitio pero con los dados marcados por los distintos esfuerzos acumulados de cada uno. En la primera recta de la montaña de los holandeses, una pared del once por ciento, pareció asomar Evans pero quien demarró de verdad fue, de nuevo, Alberto Contador. Pese al castigo del tempranero ataque, durante un rato reapareció el característico baile, el molinilllo en pie que había dominado las grandes vueltas ciclistas en los últimos años. Un minuto de ventaja a mitad de puerto, que por un momento los gps de la organización conviertieron en dos y amenazaron con desmontar las jerarquias ya impuestas a estas alturas de carrera.

Andy, como en el Galibier, debió acusar, o al menos notar, la exhibición de ayer y dio por bueno terminar el día junto con Evans, conservando el minuto de ventaja para jugarse el Tour en la inminente contrarreloj de Grenoble. Entre él y Frank, tras algún leve intento de desestabilizar a su rival, duro ya como una roca tras haber salvado el peor momento a inicios de etapa, se turnaron para subir pero con la reserva encendida.

Contador no iba a ganar el Tour, pero luchaba por obtener una victoria de prestigio. Puso todo el escenario, de su cuenta corrió todo el atrezzo de otra maravillosa jornada de ciclismo, regaló su esfuerzo por batalla y obligó a todos hasta el último metro. Pero, en la parte menos dura de Alpe D`Huez, su motor dijo basta. Ese minuto era insuficiente. Seguido de cerca por Rolland y Samuel Sánchez, que habían abandonado a los Schleck y a Evans, recibió de golpe ese pensamiento que poco más tarde repetiría en la meta: “Todo lo que no sea ganar la general del Tour, sinceramente me da igual”. Frustración que deberá convertir en motivación para próximas ediciones. Samuel incluso pareció contemporizar el momento de atrapar a su amigo, pero ya no había manera. No podrían entrar juntos en meta, el día no merecía componendas. Contador había cedido y Rolland, corriendo todo el día ya sin trabajar para Voeckler, se aprovechó de la situación y ganó con merecimiento. Sánchez subió Alpe D`Huez más rápido que nadie y a Luz Ardiden suma el premio de la montaña. Contador obtuvo el respeto general: hay maneras de perder y, pese a no tener opciones de victoria, murió con los pedales puestos.

Finalmente, Andy Schleck tiene el maillot amariilo. Así saldrá mañana, en último lugar. Apareció confiado en el podio y seguro de sí mismo para la crono. Antes del Tour habló de dos entrenos por semana y de diferentes pruebas para mejorar en la especialidad, ligero aumento de peso incluído. El año pasado, en Pauillac, estuvo en el mismo minuto que Contador, Leipheimer, Samuel o Vinokurov, pero perdiò seis minutos con Cancellara, tres con Wiggins y acabó en el puesto 44.

Claro que peor le fue a Evans, quien desmoralizado y sin nada en juego fue de los últimos de la etapa, a más de diez minutos. Cadel tiene la ventaja de que el mes pasado ya corrió, en competiciòn, en Dauphiné, esta misma contrarreloj. Fue sexto, con un tiempo de 56′ 47″, superado por Wiggins, Martin, Boasson Hagen, Zabriskie y Brajkovic, y aventajando en un minuto a Van den Broeck, corredor quizá con perfil Andy para este caso. No son precedentes para enloquecer de optimismo pero, por supuesto, todo es diferente al encontrarte a poco más de cuarenta kilómetros de, quien sabe, la última etapa de tu propio destino.

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