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16 de octubre de 2018 16/10/18

Opinión

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Conduces para Ferrari, ganas para Ferrari


  • 12 de enero
    de 2010
  • David Sánchez de Castro

Por fin hemos visto la foto que tanto tiempo se ha demorado; por fin Fernando Alonso ha lucido de rojo inmaculado (con permiso de los patrocinadores), de ese ‘rosso corsa’ que sólo pueden lucir con orgullo las leyendas como Juan Manuel Fangio, Alberto Ascari, Niki Lauda, Alain Prost, Gilles Villeneuve o Michael Schumacher, o que llevaron como losas pilotos como Mika Salo, Gerhard Berger, Eddie Irvine, Jean Alesi o Giancarlo Fisichella.

El Commendatore Enzo Ferrari, sabio y visionario como pocos hombres hubo en el siglo XX, no creó una empresa sino una familia. Ferrari no es una Ford ‘a la italiana’, sino que creó un concepto de vida, una forma de entender el automovilismo, de entender las carreras y de entender los coches. “Nunca agaches la cabeza, mira siempre bien alto ganes o pierdas” fue uno de los múltiples consejos que dejó impreso en el alma del Cavalino Rampante, y fue una máxima que mantuvo toda su vida. Incluso cuando le ocurrió una de las mayores tragedias por las que puede pasar un hombre: perder a su hijo Dino, de sólo 24 años.

No es lo mismo correr para Ferrari, que correr para Renault, McLaren, Tyrrell o Williams. Formar parte de la Scuderia en algún momento implica llegar al punto álgido de la carrera de cualquier piloto, competir en un equipo nacido para y por la Fórmula 1. Es la única marca de automóviles cuyo embrión salió plenamente de las carreras y no viceversa. Hablar de Ferrari son palabras mayores, te guste o no el automovilismo. Conducir un Ferrari es llevar un escudo, y lo puedes lucir y hacerlo más grande (véase los primeros nombres que he citado al principio), o puede ser un ancla que te hunda para siempre (véase los siguientes). Los éxitos de un piloto de Ferrari no son propiedad de él, sino que forman parte de un engranaje cuyo eje se encuentra en el pequeño pueblo de Maranello.

Sólo la historia juzgará si el mono rojo ha lastrado a Fernando Alonso, o le ha encumbrado a los altares. Porque, Fernando, ahora conduces para Ferrari. Ganas para Ferrari.

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