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Boxeo

El homenaje de Obama a Muhammad Ali

El presidente de los Estados Unidos ha publicado una preciosa carta en la que se despide del que revela era su gran ídolo


4 de junio de 2016 - Sportyou

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha publicado esta bonita carta recordando a Muhammad Ali: 

«Muhammad Ali era el mejor. Punto. Si loe preguntaras a él, te lo diría. Te diría que era el doble de lo mejor, que tenía poderes divinos (Nota: Obama utiliza la expresión «handcuffed lightning, thrown thunder into jail» que, literalmente, significa «arrestar al rayo y mandar a la cárcel al trueno»).

Pero lo que hizo al campeón el mejor -lo que realmente le separó del resto- es que todo el mundo te diría de él prácticamente lo mismo. 

Como todo el mundo en el planeta, Michell y yo lloramos su pérdida. Pero también estamos agradecidos a Dios por lo afortunados que somos de haberle conocido, lo afortunados que somos todos porque el mejor eligiera iluminar nuestro tiempo. 

En mi estudio privado, fuera del Despacho Oval, guardo un par de sus guantos, justo debajo de esa icónica foto de él: el joven campeón, con 22 años, rugiendo como un león sobre un Sonny Liston caído. Yo era demasiado joven para cuando la foto fue tomada para entender quién era. Aún era Casius Clay, todo un campeón olímpico, aún sin haber emprendido el viaje espiritual que le llevaría a su fe musulmana, que le llevaría a lo más álgido de su poder, y prepararía el escenario de su vuelta a la gloria con un nombre tan familiar en los barrios bajos del sureste de Asia como en las aldeas africanas y en la multitud que le gritaba en el Madison Square Garden. 

«Yo soy América» dijo en una ocasión. «Soy la parte que no reconocerías. Pero acostúmbrate a mí. Negro, engreído, seguro. Mi nombre, no el vuestro, mi religión, no la vuestra, mis metas, yo mismo. Acostumbraos a mí».

Ese es el Ali que yo conocí cuando crecí -no tan poeta con el micro como era luchador en el ring, pero un hombre que luchó por lo que era lo correcto. Un hombre que luchó por nosotros. Que se alzó con King y Mandela, se alzó cuando eran tiempos duros, habló cuando otros no lo iban a hacer. Su lucha fuera del ring le costó su título y su apoyo popular. Le haría ganar enemigos a izquierda y derecha, le denostaría, y casi le costaría acabar en la cárcel. Pero Alí se mantuvo firme. Y su victoria nos ayudó a acostumbrarnos a la América que reconocemos hoy. 

No era perfecto, por supuesto. Desprendía magia sobre el ring pero era poco prudente con sus palabras y lleno de contradicciones a medida que su fe evolucionaba. Pero su maravilloso, contagioso y hasta inocente espíritu al final le hizo ganar más fans que detractores. Quizá porque en él esperábamos ver algo de nosotros. Luego, cuando su poder físico comenzó a disminuir, se convirtió una fuerza aún más poderosa para la paz y la reconciliación alrededor del mundo. Vimos un hombre que dijo que era tan pícaro que inventaría una medicina para curar la debilidad, visitando a niños de todo el mundo con enfermedades y discapacidades alrededor del mundo para decirles que ellos podrían también llegar a ser los mejores. Vimos a un héroe encender una antorcha y luchar en su pelea más importante en el escenario de la vida una vez más. Una batalla contra la enfermedad que deterioró su cuerpo pero que no logró quitarle el brillo de los ojos. 

Muhammad Ali sacudió al mundo. Y el mundo es mejor por ello. Todos somos mejores por eso. Michelle y yo mandamos nuestras más sinceras condolencias a su familia, y rezamos por que el más grande de los luchadores finalmente descansa en paz»

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