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21 de julio de 2019 21/07/19

Fútbol

‘Capitanes’, el nuevo libro de Luis Villarejo

Sportyou ofrece un adelanto de ‘Capitanes’, el nuevo libro de Luis Villarejo “Buenos días, capitán” Luis Villarejo, periodista y colaborador de Sportyou, presenta este viernes su último libro, ‘Capitanes’. En ella reflexiona sobre la figura del capitán, su peso e influencia en un vestuario, así como su función como líder y aglutinador de voluntades. Como […]


21 de mayo de 2010 - Sportyou

Sportyou ofrece un adelanto de ‘Capitanes’, el nuevo libro de Luis Villarejo

“Buenos días, capitán”

Luis Villarejo, periodista y colaborador de Sportyou, presenta este viernes su último libro, ‘Capitanes’. En ella reflexiona sobre la figura del capitán, su peso e influencia en un vestuario, así como su función como líder y aglutinador de voluntades. Como adelanto para los lectores de Sportyou, os ofrecemos un extracto del capítulo dedicado a Cesc Fábregas.


«“Good morning, skipper” [Buenos días, capitán]. Cuando los empleados del Arsenal me saludan así todas las mañanas, aún me da reparo. El Arsenal es un club grande y con historia. Y yo me siento orgulloso de ser parte de ella».

Cesc Fábregas (Capitán del Arsenal, con 21 años).

– Fábregas, tú vas a ser muy grande en el mundo del fútbol.

– ¿Por qué?

– Porque tienes 17 años y ya estás con nosotros, entre los mejores, en el Arsenal. Yo a tu edad estaba aún en Segunda División en Francia.

– Thanks [Gracias], Patrick.

Pura lógica con esos datos. La conversación es de Patrick Vieira y Cesc Fábregas. Para los fieles del Arsenal, del viejo estadio de Highbury (ahora demolido y convertido en apartamentos de lujo en Londres), Vieira no es un jugador más. Era el gran capitán de los Gunners [los cañoneros del arsenal que dan nombre al equipo]. Vieira es un personaje genuino, muy importante en el devenir del éxito del Arsenal en la última década. De ahí la importancia de su reflexión más cuando él fue el auténtico vigía y maestro de Cesc en su aventura inglesa.

El número 4 ha acompañado a Cesc a lo largo de su vida. Es el dorsal de los líderes en el lenguaje del perfil de Fábregas. Por fin lo ha podido disfrutar en el Arsenal. El mismo dígito que exhibía Pep Guardiola en el FC Barcelona, el mismo número que vestía en su camiseta Patrick Vieira. El destino quiso que Cesc heredara una camiseta que al futbolista catalán le llenaba de ilusión.

Tuvo que esperar a que Vieira se marchase del Arsenal rumbo a la Juventus para poder tomar posesión de tan simbólico dorsal y, lo que es más importante, del liderazgo del equipo (que durante alguna temporada compartiría con Henry). Desde entonces, Cesc es el jefe del equipo que dirige Arséne Wenger, un personaje crucial en la vida de un chaval nacido en Arenys de Mar, y que tuvo la valentía de salir de España cuando aún era un adolescente, abriendo el camino a una nueva generación de jóvenes españoles que seguiría sus pasos.

Porque la historia, el día de mañana, rendirá pleitesía a Fábregas y a Rafa Benítez, dos profesionales que han abierto el camino a un mercado como el inglés que hasta ese momento siempre había vivido de espaldas al fútbol español. Desde que Fábregas, Benítez y ahora Fernando Torres triunfan en la Premier, el ciudadano medio inglés ya sabe que en España además de playas hay un fútbol interesante.

Cuenta a menudo con razón Míchel, en uno de sus múltiples y acertados análisis sociológicos de esto que es el fútbol, que le llamaba la atención en su etapa de comentarista de TVE, como cuando iba acompañando a José Ángel de la Casa por todos los campos del mundo, los ex futbolistas europeos y latinoamericanos que como él iban destacados como comentaristas en los medios de sus países, se mostraban educados y correctos al saludarle en las cabinas de transmisión vecinas.

Sin embargo, cuado Míchel se encontraba con futbolistas ingleses de su misma generación, jamás se acercaba ninguno a dar el lógico saludo de cortesía. «Posiblemente porque no me conocían», explicaba el madrileño. En las Islas vivían en otro mundo.

El fútbol español era ignorado por las Islas Británicas. Por eso, cuando uno se acerca al moderno y hermoso estadio Emirates en Londres, la casa del Arsenal, y ve la figura descomunal de Cesc adornando todo el frontal del estadio y entra en la tienda oficial del Arsenal, se da cuenta enseguida del liderazgo y la pasión que el público inglés siente por Fábregas.

El catalán aterrizó en septiembre de 2003 en el Arsenal. Se aclimató poco a poco viviendo en una casa tutelada por el club, compartiendo residencia junto a Philippe Senderos, un chico suizo de origen español (su padre nació en Santiuste, una localidad en la sierra norte de Guadalajara).

El éxito de Cesc ha demostrado al mundo la fuerza, el carisma de la nueva generación de adolescentes españoles, de cultura mediterránea, que habla tres idiomas y capaz de adaptarse sin dejarse arrastrar por la añoranza del sol y el jamón serrano. Cesc, aunque evidentemente disfruta con la cocina de su madre y de su familia en Cataluña, es capaz de sobrevivir sin problema alguno a base de ensaladas y bocadillos de pan de molde. La educación es fundamental en la formación del individuo. La formación que Cesc ha recibido de sus padres ha sido determinante para ayudar a crecer al chico con audacia y coraje.

Cesc es ahora un modelo, un paradigma para la juventud española, pero en su momento tuvo que dar el paso de dejar una vida cómoda en su país, al lado de su familia, jugando en el club de sus amores (compartía equipo en las categorías inferiores del Barça con Piqué y Messi) y volar a Londres. Salir fuera de casa tan pronto, curte, endurece y ayuda, sin duda, a crecer. El nombre de Fábregas está en la leyenda del Arsenal. Debutó con el primer equipo a los 16 años y 177 días, siendo el futbolista más joven en lucir la elástica del Arsenal en partido oficial en la historia de un club que nació en 1886.

El Arsenal, fundado como Woolwich Arsenal Armament Factory en 1886, era el equipo de la fábrica de armamento que da lugar al cañón del escudo. En los más de 125 años de su historia jamás tuvo un futbolista con tanta vitalidad y jerarquía juvenil. En España, el ojeador del Arsenal se llama Francis Cagigao. Ha estado muchos años paseando inadvertido entre las multitudes en los grandes estadios pero también por los campos pequeños, los de tierra, pasando mucho frío. Es sin duda uno de los hombres que más conocimientos posee de fútbol internacional. Y Arséne Wenger cuenta en la captación, en la capacidad para la detección de talento de Cagigao, con un extra diferenciador. Un buen director deportivo no sólo debe poseer conocimientos deportivos –eso se le supone– sino que, además, se le exige conocer de forma más o menos exacta los emolumentos que perciben los futbolistas en los clubes para establecer luego una estrategia de negociación correcta.

Una llamada de teléfono a tiempo y en el momento oportuno puede ahorrar a un club millones de euros. Francis conoce de memoria la cantera del FC Barcelona, y no sólo al Barça B sino también de categorías inferiores, porque vaya usted a saber dónde se esconde el próximo super clase mundial. De hecho, los vídeos del famoso cadete del Barça, con Leo Messi y Fábregas al frente, serían un negocio redondo en cualquier tienda para entendidos y especialistas en fútbol.

……..

Wenger es un técnico diferente. Sabe exprimir el jugo a sus chicos. Y a Cesc, aunque desde fuera pudiera parecer que es su preferido, le exige entregarse al máximo. Siempre le pide un punto más. «A mí me suele decir que tengo que mejorar en defensa, incluso en mi pase final. Si Wenger ve que te sientes crecido, te pone un vídeo y te baja a la realidad. Su labor didáctica es encomiable», apunta Cesc.

Seguro que por ese lado docente se le conoce en todo el mundo como el profesor. Un buen día se acercó a Fábregas en privado y le explicó con su particular estilo pedagógico por qué debía ser su nuevo capitán, una vez que quienes en los últimos años habían desempeñado ese cargo (gente como Henry, Vieira o William Gallas) ya no estaban en el equipo o habían sido devorados por el peso del brazalete.

-Cesc, ¿cómo te comunicó Arséne Wenger que eras el elegido para ser el nuevo capitán del Arsenal?

-Fue todo muy rápido y al mismo tiempo inesperado. De entrada porque el cambio se produjo a mitad de temporada, cuando lo normal es que este tipo de decisiones se haga al inicio de la campaña. Gallas, entonces capitán del equipo, apareció una mañana y nos reunió a todos para decirnos que lo dejaba. Había tenido una serie de problemas y prefería no tener responsabilidades. Estuvimos dos días sin capitán. Había rumores en la calle de todo tipo. Hasta que un día llegó el míster y me dijo que quería hablar conmigo cinco minutos en su despacho. Me contó su idea y me dijo que yo era el candidato. Le contesté que para mi sería un orgullo. Y así se hizo. Desde ese instante fui capitán del equipo.

-¿En qué te cambió la vida esa decisión?

-Mucho, la verdad. Es un trabajo extra. He aprendido mucho. No me daba cuenta de la importancia real, del trabajo que entraña. Ahora sé que es un papel fundamental en un equipo. Es la primera persona en la que se fija todo el mundo. Como jugador te puedes relajar un día en un entrenamiento, pero el capitán debe estar ahí para dar ejemplo todos los días. Si tienes que hacer una reunión de equipo hay que prepararla, trabajar, programar… En la cena de Navidad, por ejemplo, algo que en los clubes ingleses es muy importante y con gran tradición, nos acompañan las mujeres y las novias y todo debe contar con una organización perfecta. También hay que gestionar las multas. Son detalles que te hacen crecer, aprender mucho de la vida y no sólo pensar en fútbol.

-Vieira fue tu primer líder en el vestuario del Arsenal en el viejo y mítico Highbury…

-Patrick fue el primero que tuve en el equipo. Pero he aprendido de los tres (Vieira, Henry y Gallas) que he tenido la suerte de tener en mi etapa del club.

-Si tuvieras que asociar el poder del brazalete en la Premier League a un futbolista. ¿Con quién te quedarías?

-Con Steven Gerrard. Es un claro ejemplo de jugador de club. Se ha formado en el Liverpool y ha crecido allí. Un capitán inglés de toda la vida. A mí cada mañana, cuando el utillero me saluda y me dice «good morning, skipper» [buenos días, capitán], cuando me tratan así, con tanto respeto y admiración, me siento raro, me da un poco de vergüenza, pero en Inglaterra es una figura respetadísima y con gran jerarquía a la hora de liderar grupos de trabajo.

-Sin embargo, Gerrard da la impresión de que no es un capitán de la vieja escuela, de los que gesticulan y gritan ordenando al equipo en el terreno de juego…

-Gerrard es un tío que no habla mucho, pero es un líder dentro del campo. A mí gustaría ser como él. No me siento, en cambio, tan identificado con el capitán inglés que chilla en el campo y que bracea mucho. Prefiero tener como ejemplo al capitán respetado, que aconseja, que dirige, que suma y que es bien recibido por sus compañeros desde el respeto, con un estilo diferente al tradicional.

-Aún eres muy joven y ya te toca ejercer de maestro… ¿Cómo es tu labor de formación en un club tan repleto de adolescentes como el Arsenal?

-Sí, es un club especial en ese sentido. Cada día suben un montón de chavales jóvenes a entrenar con nosotros. Entran calladitos, sin hacer ruido, les ves que no hablan, que les falta confianza para establecer una comunicación fluida y, por supuesto, entre todos les ayudamos mucho en su integración. Son jóvenes y yo pongo todo de mi parte para ayudarles en todo lo que puedo. No hace tanto tiempo yo también era uno de esos críos y me recibieron con cariño y respeto.

-¿Antes de liderar al Arsenal, habías sido capitán en otro escenario?

-Fui capitán en la selección sub 16 y en mi etapa en el Barça era el segundo.

-El FC Barcelona… O lo que es lo mismo, Pep Guardiola. Quizá el nombre más importante en el mundo del fútbol en los últimos años…

-Además de ser mi ídolo, fue un gran capitán, como lo es Puyol ahora, siempre dando ejemplo. Son gente que transmite. Reitero, que transmiten buenas vibraciones, energía positiva y eso les convierte en un ejemplo a seguir en el campo. Puyol, por ejemplo, es un jugador que sientes que lo da todo y eso le hace admirable.

-Dime dos aspectos donde intervengan los capitanes en la Inglaterra y cuya experiencia sería positivo trasladar al fútbol español…

-De vez en cuando, los capitanes de los clubes hacemos reuniones con los árbitros para hablar de fútbol y una vez al año firmamos un brazalete, que luego se subasta y cuyos beneficios van destinados a una ONG que ayuda a los más desfavorecidos.

Wenger es un padre deportivo para Cesc Fábregas. El chico le ha sido leal siempre. Siempre ha rechazado cortesmente ofertas de otros clubes entre otras cosas por su fidelidad al entrenador francés. Y seguro que si algún día se va de Londres será con el visto bueno del técnico francés, personaje clave en la progresión del centrocampista catalán.

Admirador de Gerrard, de Puyol, de Iker, de Raúl. Son tipos que según su diccionario «siempre están, siempre aparecen, notas su presencia». A Fábregas se le ilumina la cara cuando se pronuncia el nombre de Pep Guardiola. Siempre fue su modelo, su referente. Ha estudiado infinidad de partidos suyos.

El técnico del FC Barcelona ha dejado un reguero de imágenes que se expanden por cualquier rincón de La Masía, el vivero donde los estudiantes del fútbol sueñan con jugar fácil, con jugar sencillo, sabiendo que si tus tres primeros toques en el césped son buenos, se adhiere en tu mente una confianza que te ayuda a subir el nivel.

Es una lástima que Nick Hornby, autor de la exitosa y hermosa novela Fiebre en las gradas, no hubiera escrito su libro, basado en su amor por el Arsenal, años después de ver a Cesc Fábregas en su equipo. Seguro que sus personajes se habrían rendido al talento de un joven que ha revolucionado un club ejemplar a inicios del siglo XXI.

Y es que Fábregas ha cambiado la vida del Arsenal. Es complicado, casi imposible que un niño extranjero modifique el rumbo de un club. Y Cesc lo ha conseguido. Nunca he creído en que existan futbolistas capaces de ganar solos los partidos, pero a veces no hay más remedio que reconocer los hechos aunque el fútbol sea un deporte de asociación.

Ocurrió en la Navidad de 2009. Gracias a Cesc, la afición española sacia la ausencia de fútbol nacional en televisión viendo los partidos de la Premier League. El 27 de diciembre en el Emirates, a la hora de la siesta, con el estadio repleto, cuando Cesc, que regresaba tras una lesión, salió del banquillo ante el Aston Villa para arreglar un problema.

Con empate a cero, saltó al campo, con una protección en el muslo de su pierna derecha. Jugó veinte minutos, marcó dos golazos, uno de ellos con un libre directo magistral, se resintió al anotar el segundo y se fue a la caseta. Fábregas escuchó la mayor ovación que se ha tributado en el moderno Emirates, un estadio vanguardista, con modernos, amplios y diáfanos palcos y zonas para invitados ilustres que lo convierten en un paraíso de la cultura del ocio.

Ese día demostró ante todo el Reino Unido, y de paso a esa parte del mundo que seguía el partido por televisión, qué es un capitán de verdad. Un torrente de personalidad. Cesc tiró de galones. Era un día clave. El equipo no funcionaba. Salió y arrasó. El vestuario se rindió una vez más a un tipo que sus compañeros saben que jamás les dejará tirados. Con Cesc, el Arsenal nunca jugará con diez. Pero son esas embestidas, las de abrir la lata a toque de corneta y calidad, las que dejan huella. Los primeros planos del público que animaban al Arsenal no engañan. Con muchos espectadores con lágrimas en los ojos que despedían a Cesc envueltos en genuina preocupación cuando éste caminaba herido hacia el vestuario. Testigo de esa gesta, Manuel Almunia, desde la portería del Arsenal, que ese día heredó el brazalete de su amigo Fábregas.

Nick Hornby noveló su vida como joven profesor alrededor del mítico Highbury. A esa pata de la historia del Arsenal le faltan los maravillosos años que Cesc [pronúnciese Sesc] ha regalado al público inglés, mientras en España nos hemos conformado con saborearlo en la selección de Luis Aragonés primero y luego de Vicente del Bosque.

Fábregas ha traspasado el interés del mundo del fútbol y ha entrado en el universo de los números. Marcus du Sautoy, catedrático de matemáticas de la Universidad de Oxford es un autor de culto en el Reino Unido y ahora también en todo el mundo. Ha logrado acercar una asignatura árida a todos los públicos. Conocido por sus documentales en la BBC, su intervención en The Royal Institution Christmas Lectures consiguió captar la atención de un millón de espectadores en las Navidades de 2006.

Marcus du Sautoy, de apellido francés, saltó a la fama por su libro La música de los números primos, pero en el mundo del fútbol se le conoce por su pasión y amor incondicional hacia el Arsenal. Para él, «los futbolistas no lo saben pero sus disparos son pura matemática. Galileo escribió las ecuaciones que describen las trayectorias de sus tiros a puerta. Quizá Cesc Fábregas sí lo sabe. El Arsenal es belleza geométrica». Y para él esta claro que el centrocampista español tiene buena parte de culpa en ello.

El mundo de la universidad, de la cultura, de la danza, la pujante sociedad londinense que representa a una ciudad en continua vanguardia… mira con lupa a Cesc Fábregas. Y él no defrauda. Los españoles nos sentimos orgullosos de su trabajo. Cesc es un lujo, vocablo que viene del latín luxatio, que significa desviación. Algo fuera de lo normal. Y Cesky es diferente. Diferente hasta para pasear su elegancia con cierto pudor por las pasarelas de Londres, desfilando como modelo por un motivo benéfico de ayuda a Haití en un acto donde participan las grandes divas del negocio como Naomi Campbell y Kate Moss. Cesc es un tipo con descaro. Dentro y fuera del campo.

En un mundo tan tradicional como el fútbol inglés donde es habitual ver a los jugadores bebiendo cerveza, Cesc y su imagen de chico sano se ha convertido en el icono de los miles de niños que acuden todas las semanas al Emirates como antes lo hacían a Highbury.

Parte del césped del estadio antiguo aún se conserva. Adorna el jardín central del edificio que surgió en el solar del antiguo edificio y que, afortunadamente, conservó la arquitectura de las fachadas principales. En el nuevo Emirates, el césped es pura alfombra aunque el jardinero que instaló el primer tapete juegue ahora para el Real Madrid.

La innovadora arquitectura hace virtud de esa falta de tradición y exhibe formas sugerentes y atractivas que, a pesar de todo, no seducen a los aficionados más mayores que añoran a su viejo Highbury, un estadio que aguantó los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. La munición destruyó el tejado del fondo norte y el recinto se usó como escenario de primeros auxilios. Ambos estadios, en cualquier caso, siempre estarán orgullosos de haber visto correr por su césped al gran Cesc Fábregas. Un chaval al que descubrieron fruto de una filosofía que puede aplicarse a todos los aspectos de la vida profesional. Si estás buscando talento, fíjate en el Arsenal y su búsqueda continua en el mercado y su apuesta por los nuevos valores…

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