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15 de diciembre de 2018 15/12/18

Opinión

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Bouquet


  • 10 de diciembre
    de 2009
  • Matias Castañón

Lo único malo del buen vino es que, lamentablemente, siempre se acaba. Uno no termina de saborear un buen caldo cuando se da cuenta que la botella está más que perdida; cuando uno se enfrenta a ese penar, no tiene otra opción que quedarse con los sabores y, especialmente, con los aromas. Con ese bouquet que enamora y llega al último rincón de las fosas nasales.

El pasado domingo, Michael Ruffin nos dejó un gran sabor en el que fuera su último trago en Manresa. Cinco puntos, nueve rebotes y siete tapones en una despedida por todo lo alto, con victoria frente al Gran Canaria 2014 y la sensación de que cualquier aficionado del Bagés recordará su presencia en una temporada mágica en el Nou Congost. Salir ovacionado de una pista sin ser un jugador especialmente ofensivo, sin ser una estrella mediática o una leyenda es algo a tener en cuenta; mas, siendo un temporero. Es el saber estar, el adaptarse a las situaciones, el llegar y hacer precisamente eso que se te pide que hagas lo que hace que Ruffin se marche ovacionado de Manresa. Cuenta Edu Torres (entrenador en Lleida, su primera parada en la ACB), que al saber que no jugaría un partido en Gijón pidió todos los datos del scouting del equipo rival, solamente por conocerlos de cara a la segunda vuelta. Esa ética de trabajo forma parte del bouquet de un jugador: el compromiso, el respeto y el compañerismo son partes de ese aroma que solo desprenden los mejores, aunque acaben convirtiéndose en un Gran Reserva, que se disfrutará con el paso del tiempo.

Será que ya me voy haciendo mayor y prefiero sentarme delante de una buena botella en vez de hartarme a kalimotxo. No nos engañemos: a todos nos ha pillado esa etapa etílica (casi siempre juvenil) en la que preferimos disfrutar de un vino peleón mezclado con un sabor conocido; las burbujas suben, la vergüenza desaparece y van cayendo récords, MVP’s y elogios. Lo malo es que luego llega el día después, las consecuencias y las indigestiones: no hay nada peor para la resaca que un entrenador que se nos atraganta o un público ruidoso. Podríamos dejarlo, claro, pero es que la otra solución es tan sencilla…

PD: Si bebes no conduzcas… o al menos toma ejemplo de Gerald Fitch, que pierde su coche. Lo que publica hoy Marca en su edición impresa horroriza tanto como la decisión de cortar a Luis Guil.

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