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22 de septiembre de 2020 22/09/20

Fútbol

Otro conflicto

La Liga de Fútbol Profesional lleva más de veinte años intentando cobrar a las emisoras de radio por permitirles la transmisión, íntegra o parcial, de los partidos de sus competiciones. En aquello tuvo mucho que ver la conversión de los clubes en sociedades anónimas, pero, sobre todo, la llegada de Jesús Gil al Atlético de […]


26 de agosto de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

La Liga de Fútbol Profesional lleva más de veinte años intentando cobrar a las emisoras de radio por permitirles la transmisión, íntegra o parcial, de los partidos de sus competiciones. En aquello tuvo mucho que ver la conversión de los clubes en sociedades anónimas, pero, sobre todo, la llegada de Jesús Gil al Atlético de Madrid. En su cruzada permanente contra los medios de comunicación, el que fuera presidente rojiblanco convenció a sus compañeros y a la propia Liga de que ya era hora de que las radios pasaran por caja, como hacían las televisiones. La cosa parecía ir en serio. Recuerdo a Manolo Martín Ferrand, mi director en Antena 3 de Radio, enviando a algún técnico de sonido a hacer pruebas de transmisión desde alguno de los edificios altos próximos al Bernabéu (que entonces no tenía el techado que tiene ahora), en previsión de que se consumara la prohibición de acceso a los estadios.

Hubo alguna negociación con la Liga, pero nunca se llegó a un acuerdo. Las radios esgrimían su derecho constitucional a informar libremente y los clubes, salvo el Atlético de Madrid, prefirieron no crearse enemigos innecesarios. Aún así, en la temporada 93-94, las tres grandes cadenas de entonces (SER, Antena 3 y COPE) accedieron a pagar una cantidad simbólica. Se libró Radio Nacional, por considerarse que prestaba un servicio público. Aquella cuota, insignificante en los presupuestos de los clubes, permitió al menos que las radios consiguieran alguna ventaja: se adecentaron las cabinas existentes en los estadios (no en todos, porque las del Betis, por ejemplo, siguieron siendo tercermundistas) y se permitió que un reportero por cadena, debidamente identificado, pudiera estar a pie de campo para informar desde allí.

Ha vuelto la burra al trigo. Y parece que esta vez la cosa sí que va en serio. La Liga exige dinero por franquear al paso a las emisoras de radio privadas a los estadios y éstas se niegan a pagar, por lo que es probable que no encontremos ante un nuevo conflicto futbolístico. Quizá los lectores entiendan que es un conflicto menor o que es un conflicto que sólo atañe a los periodistas. Pero no es menor y afecta especialmente a los aficionados, porque las radios llevan 80 años informando cada fin de semana de lo que ocurre en los estadios españoles. ¡Que levanten la mano quienes no hayan crecido escuchando un carrusel radiofónico aquellos domingos de los años 60 y 70, metidos en el coche después de pasar un día familiar en el campo o en la playa! Para los que amamos el fútbol, aquellos carruseles forman una parte inolvidable de nuestras vidas.

Los tiempos cambian y no hay sitio para el romanticismo. El dinero lo puede todo, sobre todo en tiempos de crisis, cuando hay que buscarlo incluso debajo de las piedras. Entiendo la postura de las radios. La promoción que a diario le hacen a este deporte es incuantificable en términos económicos. Si no se hablara en los programas deportivos de la polémica del último partido o de las emociones que nos esperan en el próximo, quizá no existiría en España tanta pasión por el fútbol y quizá los estadios no se llenarían como se llenan. Pero si todos estos programas no hablaran a diario de fútbol, ¿de qué otra cosa iban a hablar? ¿De waterpolo? ¿De hockey sobre hierba? ¿De pentatlón moderno?

No obstante ello, entiendo también a la Liga y a los clubes. La situación que se da en España no se da en ningún otro país europeo, con la excepción de Portugal. En Inglaterra, en Italia o en Alemania, países en los que el fútbol se vive con la misma pasión que en la península ibérica, las radios son casi marginales. Allí el aficionado que quiere enterarse de lo que está sucediendo en su Liga recurre a los periódicos, a las televisiones y, últimamente, a internet, pero rara vez a las radios. El negocio que hacen las radios con el fútbol es, por otro lado, innegable. El fútbol sigue siendo la principal fuente de ingresos de muchas emisoras, porque los anunciantes quieren colocar su publicidad en los programas que más se escuchan y éstos suelen ser por regla general aquellos en los que se habla de fútbol. Parece justo, pues, que las radios repartan algo de su pastel con quien les facilita buena parte de los ingredientes para elaborarlo.

Hay, además, un dato que juega a favor de la Liga y en contra de las radios en este conflicto: hace ya bastantes años que las radios pagan, y no precisamente cantidades pequeñas, por estar presentes en un Mundial, en una Eurocopa o en una final de la Champions. Si cedieron en su momento ante la FIFA y ante la UEFA, ¿qué fuerza moral tienen ahora para no dar su brazo a torcer ante los clubes españoles?

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Mourinho da donde más les duele

Resulta encomiable, a la vez que enternecedora, la gran preocupación que le ha entrado a todo el barcelonismo (directivos, técnicos, jugadores y, sobre todo, periodistas) por que el Real Madrid recupere a la mayor urgencia posible el señorío perdido por culpa de Mourinho. Tras la reciente Supercopa de España, todo son consejos a Florentino Pérez […]


20 de agosto de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Resulta encomiable, a la vez que enternecedora, la gran preocupación que le ha entrado a todo el barcelonismo (directivos, técnicos, jugadores y, sobre todo, periodistas) por que el Real Madrid recupere a la mayor urgencia posible el señorío perdido por culpa de Mourinho. Tras la reciente Supercopa de España, todo son consejos a Florentino Pérez para que prescinda del entrenador portugués y para que, de esta manera, el club blanco vuelva a ser el espejo en el que se puedan mirar todos. Nunca jamás, en los últimos cien años, el Barcelona se había desvivido de esta manera por su archirrival, ante lo cual sólo cabe una palabra: gracias.

Sin embargo, más allá de este inesperado desvelo, lo que parece subyacer en esta historia es un miedo cerval a Mourinho. ¿Por qué? Pues porque el luso le está dando al Barcelona donde más le duele. Y no, no me refiero a lo de meter el dedo en el ojo a un simple ayudante de técnico, cuyo único mérito dentro del fútbol se reduce a cobrar cuatro millones de euros por caerle gracioso a su jefe. Eso sí, cuatro millones de euros netos, que no están los tiempos para regalar un céntimo.

Mourinho desquicia al barcelonismo porque en cuestión de meses ha acabado con una hegemonía que pregonaban indiscutible y que vaticinaban casi eterna. Cualquiera que viera los dos partidos de la Supercopa sabe perfectamente de lo que estoy hablando, así que evitaré mayores explicaciones.

Y, después, Mourinho desquicia al barcelonismo porque ha dejado al descubierto el desmedido proteccionismo que el poder futbolístico le presta al equipo azulgrana (especialmente, el estamento arbitral) y las triquiñuelas de las que estos jugadores, de incuestionable calidad, se valen para conseguir sus objetivos. A cualquier amante del fútbol, del fútbol de verdad, se le tiene que caer la cara de vergüenza al comprobar que en los partidos complicados, como los dos de la Supercopa, los barcelonistas se pasan más tiempo en posición horizontal que en posición vertical. Y no, no es porque el rival sea violento, por mucho que pretendan convencernos de ello, sino porque el edificio que han construido se basa en los cimientos de la simulación y de la falta de deportividad.

Nadie puede justificar a Mourinho por lo del dedo, ni siquiera mediando provocaciones, pero está claro que la enésima campaña de acoso y derribo que el barcelonismo ha montado contra Mourinho sólo persigue enmascarar la realidad. Mourinho molesta no porque sea zafio y grosero, que lo es, sino porque constituye un peligro para el Barcelona.

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La huelga


13 de agosto de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Los deportistas son los únicos millonarios que hacen huelga. Lo estamos viendo con los baloncestistas de la NBA y con los futbolistas de la Liga BBVA. No digo, no, que no haya motivos para que muchos jugadores que pertenecen a equipos españoles estén indignados, ahora que está tan de moda esta palabra, pero… ¿qué culpa tienen los clubes que pagan religiosamente lo convenido, qué culpa tienen las televisiones que sostienen este negocio y, sobre todo, qué culpa tienen los aficionados? Bien está que los jugadores del Rayo Vallecano, por poner un ejemplo, vayan a la huelga porque llevan ya varios años sin cobrar, pero… ¿qué pintan en esta huelga Casillas, Puyol, Iniesta, Cristiano Ronaldo o Messi?

Si algunos quieren hacer huelga, que la hagan con todas las consecuencias: partido perdido por 3-0 y tres puntos descontados por la primera incomparecencia, y expulsión de la competición en el caso de la segunda. Y si no quieren exponerse a que caiga sobre ellos el peso de la justicia deportiva, lo tienen mucho más fácil: que acudan a la justicia laboral ordinaria, de la que ninguno de ellos quiere acordarse nunca y que para algo está.

Según lo que apunta Luis Rubiales, presidente de la AFE, los motivos por los que van a la huelga son la creación de un fondo de garantía salarial (tal y como quiere que sea la AFE, no como el que propone la Liga, que ya bastante hace destinando a fondo perdido diez millones de euros por temporada) y la posibilidad de que los jugadores a los que se les adeudan tres mensualidades rompan su contrato.

Sin ser experto en leyes, creo tener al menos los suficientes conocimientos como para recordar a la AFE que ya existe un fondo general de garantía salarial (el FOGASA) al que pueden acudir todos los trabajadores españoles y que, según el artículo 50 del Estatutos de los Trabajadores, es causa justa para que el trabajador pueda solicitar la extinción del contrato “la falta de pago o retrasos continuados en el abono del salario pactado”, en cuyo caso, además, “el trabajador tendrá derecho a las indemnizaciones señaladas para el despido improcedente”.

Siempre he sentido curiosidad por saber por qué todavía ningún futbolista de ésos que tanto se quejan porque no les pagan ha acudido ante el juez para solicitar la extinción de su contrato y la indemnización correspondiente. Ni por qué no se ha acogido a los beneficios del FOGASA. Mejor dicho, mi curiosidad radica en conocer las razones que puedan esgrimir, porque conocerlas, las conozco: el futbolista quiere una justicia exclusiva, de primera categoría, para él y otra justicia, de segunda categoría, para el resto de los trabajadores de este país. Y eso, según creo, resulta dudosamente constitucional.

Hay que ser cuidadosos. Bien está reclamar lo que uno se ha ganado honradamente trabajando, pero sin herir susceptibilidades, porque en un país que soporta cuatro millones de parados mucho me temo que no todos van a entender que un futbolista que gana más de diez millones de euros al año vaya a la huelga.

Por cierto, Rubiales amenaza con que la huelga se prolongará hasta que la Liga Profesional claudique y firme el convenio colectivo. Si el día 6 de septiembre sigue sin firmarse el convenio, ¿harán huelga los futbolistas que integran la selección española y dejarán de jugar frente a Liechtenstein? ¿Se atreverán a perder el partido por incomparecencia y se arriesgarán a que España no se clasifique para la próxima Eurocopa? Hasta ahora han demostrado ser muy gallitos, pero vamos a ver si aguantan el pulso todo el rato.

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Un poco de orden en medio del caos

Nunca pensé que llegara este momento, pero helo aquí: quien esto firma, elogiando una decisión de la Federación Española de Fútbol. La tónica general en aquella casa es ir siempre en contra del sentido común, pero en esta ocasión se ha hecho algo que hace mucho tiempo alguien, quizá desde más arriba (entiéndase el Gobierno de […]


6 de agosto de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Nunca pensé que llegara este momento, pero helo aquí: quien esto firma, elogiando una decisión de la Federación Española de Fútbol. La tónica general en aquella casa es ir siempre en contra del sentido común, pero en esta ocasión se ha hecho algo que hace mucho tiempo alguien, quizá desde más arriba (entiéndase el Gobierno de España por medio del Consejo Superior de Deportes), tendría que haber regulado para evitar la penosa impresión de taifas que dan nuestros deportistas cuando ganan algún título. Me refiero a la exhibición de banderas regionales y de símbolos que nada tienen que ver con aquello a lo que se está representando, es decir, al deporte español.

Ya me pareció mal cuando Fermín Cacho, tras ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona, dio la vuelta de honor a la pista portando la bandera de España y la bandera de Soria. La segunda sobraba. Por mucho que quiera uno a su ciudad o a su región, se acude a unos Juegos, a un Mundial o a un Europeo no representando a Soria ni a Castilla-León, sino a España. Y alguien, veinte años después, tendría ya que haber puesto coto a este desbarajuste, que ofrece, a ojos del resto del mundo, una imagen lamentable de España y de sus deportistas.

No se salva nadie del esperpento, empezando por Raúl, con aquellos carpetovetónicos capotazos que daba cada vez que el Real Madrid conquistaba la Champions. Sobra todo lo que no sea la bandera de España. Y cuando hablo de la bandera de España, hablo de la oficial, porque la que lleva impreso el toro de Osborne no deja de ser un trapo que únicamente puede representar a esa bodega o a algún que otro marido burlado.

Por eso, me parece bien que la Federación Española de Fútbol haya decidido que la única bandera que se puede lucir cuando se acude a recoger un trofeo sea la de España. La rojigualda, con el escudo de los Borbones o sin el escudo, pero sin ningún otro añadido hortera y falto de representación. Las banderas regionales o locales están bien para festejos particulares, pero no cuando se trata de representar al deporte español.

Lo que ya no me parece tan bien es que se tenga que esperar al último instante para comunicar que no se puede lucir esos símbolos. El espectáculo de Ginés Meléndez arrebatando la bandera de Asturias a Juan Muñiz después de que la selección sub-19 se proclamara campeona de Europa fue sencillamente patético. Da la impresión de que Meléndez, conocido en el fútbol mundial por su enfermiza indiscreción (indiscreción que privó a la selección española de poder contar algún día con Messi), no tuvo tiempo el tiempo suficiente en el largo mes que pasó con los chicos en Rumania como para comunicarles cuál era la nueva norma de la Federación.

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Más que un club

Dicen, en un intento de explicar su singularidad intrínsecamente ligada al catalanismo más radical, que el Barcelona es más que un club deportivo. Algo de cierto debe de haber en esa afirmación, a tenor de lo que ha ocurrido en los últimos días, en los cuales la entidad azulgrana se ha empeñado en ser protagonista […]


30 de julio de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Dicen, en un intento de explicar su singularidad intrínsecamente ligada al catalanismo más radical, que el Barcelona es más que un club deportivo. Algo de cierto debe de haber en esa afirmación, a tenor de lo que ha ocurrido en los últimos días, en los cuales la entidad azulgrana se ha empeñado en ser protagonista en las páginas de sucesos antes que en las de deportes. El Barcelona es así: cuando mejor le van las cosas, él solito se busca sus propios enemigos y sus propios conflictos. La palabra normalidad no tiene allí cabida, quizá para certificar que, en efecto, es más que un club.

Dos de los pilares sobre los que se ha levantado el actual Barcelona han sido Josep Lluís Núñez y Joan Laporta. El pasado jueves fue un día aciago para ambos: mientras el primero era condenado a seis años de cárcel por cohecho, falsedad documental y fraude fiscal (junto a su hijo, que, no lo olvidemos, también fue un alto cargo en el club), el segundo era demandado, junto a otros miembros de su equipo directivo, por la junta que preside Sandro Rosell, la cual les reclama 47,6 millones de euros como consecuencia de los resultados económicos negativos acumulados durante su gestión.

No caeré en la tentación fácil de argumentar que un club que ha tenido semejantes presidentes en los tiempos recientes no puede pasar, como pretende, por modélico. Por desgracia, el fútbol español ha estado siempre plagado de dirigentes que han sido visitantes frecuentes de juzgados e, incluso, de cárceles. Pero está claro que el Barcelona, por unas causas u otras, está condenado a no tener nunca tranquilidad.

Más grave que ello me parece la desorganización de que ha hecho gala el Barcelona en su gira norteamericana, peleándose hasta con la Policía por entrenar en un parque público. La imagen de Guardiola y sus jugadores conminados a retirarse es propia de un tercermundista, no del vigente campeón de Europa. ¿Es que no hay estadios o, cuando menos, campos de entrenamiento en Washington? ¿Es que a nadie se le ocurrió que, además de jugar partidos, un equipo necesita entrenarse?

La chapuza del parque de la Casa Blanca recuerda mucho a aquel viaje en autobús y contra el reloj a Pamplona por culpa de la manía de Guardiola de viajar el mismo día del partido. En un país serio, futbolísticamente hablando, el Barcelona habría perdido aquel partido por incomparecencia. Pero, por desgracia, ya sabemos cómo funciona el fútbol español.

En fin, que se me antoja que el Barcelona todavía está más para recibir lecciones que para darlas.

¿Se va a disculpar alguien?

Llevamos meses escuchando y leyendo que el Real Madrid quiere fichar a Sergio Agüero. No ha habido portada de diario deportivo en las últimas semanas que no anunciara la inminente llegada del delantero argentino al equipo blanco. A su debido tiempo escribí en Sportyou que Agüero no sería madridista y que el delantero que se […]


20 de julio de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Llevamos meses escuchando y leyendo que el Real Madrid quiere fichar a Sergio Agüero. No ha habido portada de diario deportivo en las últimas semanas que no anunciara la inminente llegada del delantero argentino al equipo blanco. A su debido tiempo escribí en Sportyou que Agüero no sería madridista y que el delantero que se va a fichar, porque es el que quiere Mourinho, se llama Adebayor. Van pasando los días y, aunque todavía queda un mes para el cierre del mercado, la gente empieza a darse cuenta de que lo Agüero ha sido un globo sonda hinchado por el entorno del propio jugador (agentes, padre y él mismo) y por el Atlético de Madrid.

El Real Madrid ha sido indecentemente utilizado por Agüero y por el Atlético de Madrid para justificar ante sus aficionados lo que es un hecho inevitable: que el argentino, como tantas otras estrellas rojiblancas de los últimos años, no va a seguir jugando a orillas del Manzanares. Primero, porque él no quiere, por cuestiones puramente deportivas (ningún buen futbolista se resigna a no estar en condiciones de pelear por los títulos). Segundo, porque el club de los Gil está como loco por hacer negocio con Agüero, exactamente igual que ha hecho con todos los jugadores destacados que han pasado por sus filas de un tiempo a esta parte.

En realidad, el Atlético de Madrid ya utilizó indecentemente al Real Madrid el pasado mes de enero, cuando, por boca de su máximo accionista, Miguel Ángel Gil, pregonó a los cuatro vientos que desde el Bernabéu había llegado una oferta sustanciosa por Agüero. El Real Madrid debió de desmentirlo entonces, pero se conformó con telefonear a Gil y decirle: “Dejad de utilizarnos de una vez”.

Lejos de hacer caso a la petición, el Atlético de Madrid ha seguido en la misma línea. Incluso, ha ido un poco más lejos, anunciando que nunca venderá a ningún jugador al Real Madrid. La política de buena vecindad y no agresión que emplea Florentino Pérez no siempre es positiva. Estamos ante uno de esos casos: Gil va a sacar por Agüero más de lo que habría sacado en circunstancias normales y, además, va a quedar ante su afición como un héroe por no haber vendido al ídolo de la parroquia rojiblanca al eterno rival.

No se engañen: Agüero no vestirá la camiseta blanca porque el Real Madrid jamás ha tenido la más mínima intención de que lo hiciera. Su llegada habría supuesto prescindir de Benzema o de Higuaín, dos jugadores en los que se tiene fe ciega. Y, además, prescindir de uno de ellos malvendiéndolo. En el fútbol no queda lugar para la ética, pero sería bueno que alguien pidiera disculpas al Real Madrid por haber tomado tantas veces su nombre en vano.

El sufrimiento de Cesc

No es la primera vez que escribo que Barcelona y Arsenal son los dos clubes que más destacan en todo el mundo por esa fea costumbre de entrar sin permiso en corral ajeno y llevarse los mejores pollos sin pagar nada o casi nada. Por eso, tengo que reconocer que estoy asistiendo entre complacido y […]


16 de julio de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

No es la primera vez que escribo que Barcelona y Arsenal son los dos clubes que más destacan en todo el mundo por esa fea costumbre de entrar sin permiso en corral ajeno y llevarse los mejores pollos sin pagar nada o casi nada. Por eso, tengo que reconocer que estoy asistiendo entre complacido y divertido al gran culebrón de este verano, que no es otro que el intento de fichaje de Cesc (queda por delante mes y medio hasta que se cierre el mercado, así que creo que todavía el asunto va a dar, mediáticamente hablando, mucho de sí). En definitiva, entre cuatreros anda el juego.

Como dice el castizo refrán, “quien roba a un ladrón, ha cien años de perdón”, así que no me compadezco lo más mínimo del Arsenal ni de Wenger, quien ahora pide públicamente que cese todo el runrún que hay en torno al centrocampista catalán, pero que no tiene el más mínimo reparo en alimentar él mismo otros runrunes, como, por ejemplo, el del supuesto fichaje del madridista Benzema por el club londinense. Sin embargo, no puedo por menos que preguntarme qué estaría escribiendo y diciendo ahora toda esa prensa tan afín al Barcelona si fuera otro club (no hace falta que diga cuál) el que estuviera maniobrando arteramente para llevarse a Cesc.

No hay mucha diferencia, la verdad sea dicha, entre lo que está haciendo Sandro Rosell y lo que hizo en su momento Florentino Pérez con Zidane, con Ronaldo o con Cristiano Ronaldo. La única diferencia estriba en que, tras conseguir que el propio jugador tensara tanto la cuerda que hiciera imposible la continuidad en su club, el Real Madrid acabó pagando sin rechistar lo que pedían la Juventus, el Inter y el Manchester United. Porque lo gracioso de este caso es que Barcelona no quiere pagar lo que pide el Arsenal por Cesc, sino lo que a él le parece bien.

Y mientras tanto, el pobre Cesc sufre. Sufre mucho, como ya ha explicado su amigo y compañero Xavi, que nos invita a todos a compadecernos del chaval de Arenys de Mar. Eso es, sin duda, lo único que me indigna de este sainete, que se diga que un futbolista que gana más de ocho millones de euros cada temporada está sufriendo porque el Arsenal y el Barcelona todavía no se han puesto de acuerdo para cerrar el traspaso. Ese sufrimiento de un pobre millonario, que me viene a recordar aquel culebrón mejicano intitulado “Los ricos también lloran”, es cuando menos un insulto a los casi cinco millones de parados que hay en España y que no tienen, por desgracia, la más mínima perspectiva de que su aciaga situación laboral pueda remediarse en un futuro cercano.

Recuerdo que, hace ya unos cuantos años, un famoso periodista radiofónico entrevistó al término de un partido a un jugador de un equipo asturiano que estaba luchando por no descender de categoría. “Hay que ver qué duro es esto, hay que ver lo que estáis sufriendo”, le dijo, a lo que el futbolista, bruto donde los hubiera, le contestó visiblemente molesto: “¿Dureza? ¿Sufrimiento? No, el que lo tiene duro y el que sufre de verdad es mi padre, que tiene que bajar todo los días a la mina”. Pues eso, que se apliquen el cuento Cesc y sus amigos.

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El Barcelona pretende una ‘chapuza’

Ya hay calendario para la próxima Liga BBVA. El sorteo (o lo que sea, porque yo no me creo que la suerte decida año tras año que los enfrentamientos entre el Real Madrid y el Barcelona caigan siempre en la primera quincena de diciembre) ha venido acompañado de la polémica. Blancos y azulgrana tienen que […]


9 de julio de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Ya hay calendario para la próxima Liga BBVA. El sorteo (o lo que sea, porque yo no me creo que la suerte decida año tras año que los enfrentamientos entre el Real Madrid y el Barcelona caigan siempre en la primera quincena de diciembre) ha venido acompañado de la polémica. Blancos y azulgrana tienen que jugar el 11 de diciembre en el Bernabéu, pero aseguran las malas lenguas que el club catalán ha empezado a moverse para que se aplace el partido, ya que el equipo de Guardiola tiene que jugar en Tokio cuatro días después el Mundial de Clubes. Tampoco me lo creo.

Quiero decir que no me creo que el Barcelona, club serio y coherente donde los haya, esté dispuesto a perpetrar esta chapuza. Y no lo digo yo, lo dice el propio Barcelona, que allá por el año 1999 se negó a que el Real Madrid aplazase un partido de Liga BBVA para poder disputar en Brasil la primera edición del Mundial de Clubes. El partido terminó aplazándose y el Barcelona calificó aquella decisión de “chapuza”, así que no me puedo creer que ahora el Barcelona pretenda otra chapuza para que se vean favorecidos sus intereses.

Lo bueno de tener muchos años es que se han vivido muchos acontecimientos y, a nada que se tenga un mínimo de memoria, el recuerdo de esos acontecimientos termina aflorando. Todavía estoy viendo a Joan Gaspar, a la sazón presidente del Barcelona, hecho un energúmeno en aquella asamblea general de la Federación Española de Fútbol del 13 de julio de 1999, protestando y calificando de “chapuza” el calendario alternativo propuesto por el Real Madrid, a la sazón presidido por Lorenzo Sanz, para que el equipo blanco pudiera participar en el Mundial de Clubes.

Tirando de hemeroteca (la memoria de uno no es tan buena como para recordar literalmente todo lo que se ha dicho en los últimos quince años), se encuentran aún aquellas premonitorias palabras de Gaspart: “Lamento que la FIFA no tenga respeto por los clubes. Yo no quiero que el FC Barcelona gane por Real Decreto. Estoy totalmente en contra de que tengamos que amoldarnos a este otro club y de que tengamos perjuicios económicos en el mes de enero. Los demás cambiamos dos jornadas para que el otro se vaya a Brasil a ganar muchos millones. (…) Esto es una chapuza. No me gusta. El Espanyol, por ejemplo, juega la Intertoto con el filial. Ahora podría pedir jugar el torneo con los titulares y luego en el mes de septiembre, como está la plantilla cansada, podría pedir aplazar partidos. También es un club español y además se llama Espanyol. Aquí no hay excepciones, en cambio”.

Pues eso, que hago mías las palabras pronunciadas por el Barcelona hace justo doce años: espero que no se cometa una chapuza; espero que el Real Madrid no tenga que amoldarse a otro club y que no sufra perjuicios económicos en el mes de enero; espero que no haya excepciones y que no se recurra a ningún Real Decreto para beneficiar los intereses del Barcelona; espero que el Real Madrid-Barcelona se juegue el 11 de diciembre, como está previsto, y que no sufra ningún aplazamiento; espero, en suma, que reine el ‘seny’ y que se acabe haciendo caso a la muy lógica pretensión que en su momento mostró el Barcelona, porque, me imagino, el hecho de que entonces fuera un equipo el participante en el Mundial de Clubes y de que ahora sea otro no alterará para nada la situación, ¿no?

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Adiós a un perdedor

Fernando Gago se ha ganado a pulso un lugar de privilegio en la historia reciente del Real Madrid. Rara vez se ha visto con la camiseta blanca a un jugador tan gris, tan ineficaz y tan improductivo como el argentino, del que parece que, por fin, se van a desprender este verano. Conviene no olvidar […]


2 de julio de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Fernando Gago se ha ganado a pulso un lugar de privilegio en la historia reciente del Real Madrid. Rara vez se ha visto con la camiseta blanca a un jugador tan gris, tan ineficaz y tan improductivo como el argentino, del que parece que, por fin, se van a desprender este verano. Conviene no olvidar que ese nefasto presidente que fue Ramón Calderón pagó por él la nada desdeñable cantidad de veinte millones de euros, aunque vaya en descargo de Gago que tan sólo cinco meses antes el Real Madrid y el Boca Juniors habían estado a punto de cerrar el traspaso en ocho (el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, llevado al fútbol) y que la operación no se concretó porque alguien con mucho mando en el club español exigió a última hora que un intermediario amigo suyo tenía que ser el que la concretara, para poder cobrar la comisión, aunque dicho intermediario no sólo no había intervenido en las negociaciones, sino que no tenía ni la menor idea de quién era Gago.

Quizá Gago podría haber hecho algo más en el Real Madrid, a pesar de su inherente mediocridad futbolística. Pero tampoco le acompaña la mentalidad. Gago (¡parece mentira que sea argentino!) es un perdedor nato y por eso nunca será nada en el deporte. El chico, que tampoco destaca por su oratoria, se despachó hace unos días en Argentina con unas declaraciones en las que sostenía que el Barcelona es el mejor equipo de la historia, que el Real Madrid está a años luz y que la afición madridista se resiste a admitirlo.

Aun dando por cierto lo que dice Gago, que es mucho dar por cierto (que el Real Madrid esté a años luz y, sobre todo, que el Barcelona sea el mejor equipo de la historia), eso no lo puede decir nadie vinculado al Real Madrid. Y, mucho menos, vinculado afectivamente. Esas palabras sólo pueden salir de la boca de un perdedor y Mourinho lo único que no quiere en sus equipos son perdedores. Por eso, entre otras razones, Gago ya nunca más volverá a pisar la hierba del Bernabéu, salvo que venga de visita o salvo que se haga jardinero.

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Justificar lo injustificable

Tengo a José María del Nido por un buen presidente de club, pero la verdad es que empieza a resultar cansino con su cantilena de que la Liga BBVA está adulterada por culpa del dinero de televisión y de que el Sevilla y resto de equipos sólo pueden aspirar a ser terceros porque el título […]


25 de junio de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Tengo a José María del Nido por un buen presidente de club, pero la verdad es que empieza a resultar cansino con su cantilena de que la Liga BBVA está adulterada por culpa del dinero de televisión y de que el Sevilla y resto de equipos sólo pueden aspirar a ser terceros porque el título es cosa de dos. Del Nido y todos los que protestan por ese reparto deberían repasar el palmarés de la Liga BBVA para comprobar que el título ha sido siempre, salvo en contadísimas y rarísimas ocasiones, cosa de los mismos dos. Y así va a seguir siendo por los siglos de los siglos, no por culpa del reparto del dinero de televisión como dice Del Nido, sino porque esos dos son los que más masa social tienen, los que cuentan con los estadios con más capacidad, los que mejor explotan la mercadotecnia y los que más admiración suscitan dentro de España y fuera de nuestras fronteras.

En realidad, la justificación de Del Nido y de tantos otros no deja de ser una absoluta puerilidad.
De las últimas veinticinco Ligas, el Real Madrid ha ganado once y el Barcelona ha ganado otras once. Salvo en los tiempos más recientes, no había tanta diferencia en el reparto del dinero de las televisiones (incluso, la partida por este concepto ni siquiera cubría una décima parte del presupuesto), pero la diferencia deportiva entre Real Madrid y Barcelona y el resto de equipos era tan abismal como lo puede ser ahora.

Además, Del Nido es de los que menos motivo de queja tienen, pues cuando se rompió la baraja que manejaba la Liga de Fútbol Profesional y cada club negoció individualmente con las distintas televisiones, el Sevilla tenía un contrato privilegiado con Antena 3, muy próximo en cantidades a los de los dos grandes. Pues bien, el Sevilla en todo ese tiempo no tuvo la más mínima posibilidad de luchar por el título y bastante hizo no con no volver a la Liga Adelante. Parece claro, por tanto, que no es sólo cuestión del dinero de las televisiones lo que marca el desarrollo de la competición.

Me imagino que si Del Nido se queja de que el Real Madrid y el Barcelona obtienen mucho dinero de la televisión, habrá infinidad de equipos que tendrán derecho a quejarse de que el Sevilla vende más caro que nadie: Reyes, Julio Baptista, Sergio Ramos, Alves, Keita… Con lo que el Sevilla ha ingresado con la venta de uno solo de estos jugadores, habría en España muchos clubes que podrían aguantar como mínimo cinco años. Igual el problema no radica en recibir más o menos dinero, sino en saber administrar bien el que se tiene.

No creo en el socialismo. Creo en el mercado libre. Las televisiones pagan porque su público quiere ver al Real Madrid y al Barcelona. Ese público puede subsistir perfectamente sin ver al Sevilla y a otros muchos como el Sevilla, pero no sin ver al Real Madrid y al Barcelona. El dinero que reciben el Real Madrid y el Barcelona está en función de las cuotas de pantalla que generan, no de que caigan más o menos simpáticos a los directivos de las televisiones. Lo que está pidiendo Del Nido es que el Real Madrid y el Barcelona renuncien a lo que legítimamente les corresponde para que ayuden al Sevilla a pelear por la Liga BBVA. Del Nido tendría que saber que en el fútbol moderno las ONGs no han tenido nunca cabida.

Un largo y cálido verano

La FIFA se tendría que plantear la posibilidad de que hubiera un Mundial cada año. O cada dos años, siempre y cuando la UEFA celebrara también bienalmente la Eurocopa. El fútbol (al menos, el fútbol español) no se puede permitir el lujo de tener tres meses de vacaciones estivales. Es un parón demasiado largo que […]


18 de junio de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

La FIFA se tendría que plantear la posibilidad de que hubiera un Mundial cada año. O cada dos años, siempre y cuando la UEFA celebrara también bienalmente la Eurocopa. El fútbol (al menos, el fútbol español) no se puede permitir el lujo de tener tres meses de vacaciones estivales. Es un parón demasiado largo que provoca demasiados daños colaterales. Por ejemplo, la poca credibilidad (si es que le queda alguna) del periodismo deportivo.

Tres meses sin competición son una eternidad. El aficionado lo lleva mal, pero mucho peor lo llevan los periódicos deportivos, los espacios radiofónicos, los telediarios que se dedican al deporte… Hay que llenar páginas, hay que cubrir minutos, hay que conseguir que el aficionado siga enganchado a esa droga llamada fútbol, aunque sea dándole gato por liebre. Sí, ya sé que es tirar piedras contra mi propio tejado. Sí, ya sé que los ficheríos son esas serpientes de verano que han existido siempre y que nunca dejarán de existir. Pero lo de este verano, lo de estos tres largos meses sin competición, está superando todos los registros habidos y por haber.

Da igual el equipo del que se trate. El Barcelona tenía fichado ayer a Rossi, pero hoy el fichado es Alexis Sánchez y mañana quizá lo sea Griezmann (es un ejemplo). Ya no basta con decir que tal o cual jugador es seguido por la Secretaría Técnica del club; ahora ya hay que salir afirmando que el jugador está fichado y, si es posible, hacerle una foto con la camiseta y que diga que su sueño desde niño ha sido ése, aunque lo normal en el 99% de los casos es que ni hayan hablado con él, ni con sus representantes, ni mucho menos con el club que posee sus derechos federativos.

En ese sentido, el papel estelar del mercado está recayendo en el Real Madrid, aunque me consta que la Secretaría Técnica del club blanco se ha movido menos este verano que nunca. Fichó sigilosamente a Sahin y Altintop (cuyos nombres aparecieron en la prensa cuando ya estaba casi cerrada la operación) y no se ha vuelto a mover. Y, sin embargo, todos los días aparece algún nuevo “fichaje” en los medios de comunicación: Agüero, Neymar, Alexis Sánchez, Coentrao… Los jugadores proclaman lo felices que serán vistiendo la camiseta blanca, los clubes de procedencia claman al cielo (incluso, con denuncias ante la FIFA o con amenazas de romper relaciones diplomáticas) y los periódicos deportivos se hinchan a vender copias. El fútbol es un negocio, pero no sé hasta qué punto tales dosis de imaginación (procuro evitar la palabra “mentira”) exceden a veces de lo razonablemente aceptable.

No se engañen: el Real Madrid no fichará a Agüero, ni a Neymar, ni a Alexis Sánchez… No, al menos, este año. El Real Madrid no ha hecho el más mínimo movimiento por ficharlos. El próximo delantero que “fichará” el Real Madrid se llama Adebayor y el traspaso se concretará bien avanzado el mes de julio, cuando al Manchester City, que tiene que dar nueve bajas, le entren las prisas y rebaje sus pretensiones económicas (existe una opción de compra por 16 millones de euros) y se conforme con la mitad o, incluso, con una tercera parte de lo que quiere ahora. No va a haber más fichajes en el Real Madrid, salvo que Lass se vaya, como pretende a la Premier, y entonces se contacte con el Benfica para fichar a Coentrao y cubrir la vacante.

Ya digo que esto está montado así y así hay que aceptarlo. Pero no me gusta. Prefiero lo del Mundial cada año para llenar páginas. Sería bueno, además, para la salud mental de muchos periodistas, porque lo de tener que estar echándole a diario tales dosis de imaginación termina por pasar factura.

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Los chulos del fútbol

A pesar de los desesperados intentos del felizmente ya olvidado Ramón Calderón por convertirlo en “club de fútbol y de baloncesto”, el Real Madrid ha sido, es y será siempre un club de fútbol. Eso sí, con alguna rémora añadida más o menos circunstancial. No se concibe al Real Madrid sin el fútbol, pero sí […]


11 de junio de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

A pesar de los desesperados intentos del felizmente ya olvidado Ramón Calderón por convertirlo en “club de fútbol y de baloncesto”, el Real Madrid ha sido, es y será siempre un club de fútbol. Eso sí, con alguna rémora añadida más o menos circunstancial. No se concibe al Real Madrid sin el fútbol, pero sí se le puede concebir sin el baloncesto, como se le concibe sin el balonmano, el voleibol, el atletismo, el tenis, el rugby, el béisbol o la petanca, secciones que en su día parasitaron al Real Madrid y que, por fortuna, acabaron desapareciendo y dejaron de entorpecer el normal desarrollo de la entidad.

Ya en su época de seleccionador nacional, comentaba Miguel Muñoz, con el castizo humor que le caracterizaba, que “el baloncesto son los chulos del fútbol”. Entiéndase “chulo” en la más cruel y grosera acepción de la palabra, es decir, como sinónimo de “proxeneta”. En efecto, el baloncesto en el Real Madrid siempre ha vivido de esquilmar al fútbol. Antes, en tiempos de Bernabéu, cuando el equipo blanco, a las órdenes de Pedro Ferrándiz y, más tarde, de Lolo Sáinz, ganaba Copas de Europa, y después, con De Carlos, con Mendoza, con Lorenzo Sanz, con Calderón y con Florentino. Nunca ha sido capaz de generar los recursos suficientes como para no tener que depender del dinero que producen otros.

Alguien, hace años, me lo explicó muy gráficamente. El Real Madrid acababa de hacerse con los servicios de un futbolista excepcional, Michael Laudrup, por 200 millones de pesetas. “Mira –me decía–, por lo mismo que nos cuesta el baloncesto, nos traemos todos los años a un Laudrup”. Han pasado los años, las pesetas han dejado paso a los euros y los presupuestos se han disparado, pero el ejemplo sigue siendo igual de válido: por los 29 millones de euros que le cuesta al Real Madrid su sección de baloncesto, todos los años podría llegar una figura del máximo nivel futbolístico.

Hace años que el Real Madrid de baloncesto dejó de ganar títulos y, por tanto, hace años que dejó de tener sentido esta sección. Lo mismo que ocurrió con la de balonmano, con la de rugby o con la de voleibol (que, curiosamente, costaba tres duros y fue desmantelada por Luis de Carlos después de ser la única sección que ese año había ganado la Liga). Y ya no es sólo una mera cuestión económica (cuestión que no es baladí en tiempos de crisis como éstos), sino de que el baloncesto no interesa a nadie en el Real Madrid salvo a los cuatro o cinco compromisarios que plasman sus protestas (siempre son protestas) en la asamblea anual.

Si el baloncesto interesara a los madridistas, no habrían ido solamente 500 a la reciente final-four de Barcelona, a pesar de que el Real Madrid llevaba 17 años sin clasificarse para disputar el título europeo y de que Barcelona está, como quien dice, a la vuelta de la esquina. El acontecimiento no suscitó el más mínimo interés en el madridismo. La comparación resultará odiosa, pero es inevitable: el Barcelona, con casi el mismo dinero (30 millones de euros), arrolla en la Liga casi todos los años y gana de vez en cuando la Copa de Europa. Y no sólo eso, sino que una buena parte de su masa social apoya incondicionalmente al equipo de baloncesto.

No tiene ningún sentido que el Real Madrid malgaste todos los años 30 millones de euros para que apenas cinco centenares de aficionados disfruten con un espectáculo venido a menos. Si ellos, esos cinco centenares, se quieren dar el gusto de ir al baloncesto, que se lo paguen, pero que dejen de exigir subvenciones a fondo perdido a una sociedad cuya razón de ser es el fútbol. Sería como si los aficionados a la ópera exigieran a las empresas más importantes del país que costearan íntegramente la carísima temporada del Teatro Real para que ellos pudieran ir gratis.

El Real Madrid necesita un presidente que tenga la valentía suficiente de suprimir la sección. Ya sé que no es popular pasar a la historia como el presidente que acabó con el baloncesto en el Real Madrid, pero entre ello y dilapidar cada año 30 millones de euros creo que no hay la más mínima duda.

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La cantera

La cantera, el eterno debate del fútbol. Para unos la cantera es como la piedra filosofal, que convierte en oro todo lo que toca. Pero para otros es como la fuente de la eterna juventud o como el Santo Grial: por mucho que la buscan, jamás la encuentran. La cantera sirve para explicar rachas buenas, […]


4 de junio de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

La cantera, el eterno debate del fútbol. Para unos la cantera es como la piedra filosofal, que convierte en oro todo lo que toca. Pero para otros es como la fuente de la eterna juventud o como el Santo Grial: por mucho que la buscan, jamás la encuentran. La cantera sirve para explicar rachas buenas, pero especialmente para aducir rachas malas. Basta que un equipo funcione medianamente bien con varios jugadores de la cantera para que se proclame a los cuatro vientos que el único futuro posible radica en la cantera. Y, sin embargo, ¿qué es la cantera? Porque, como en cierta ocasión apuntó el gran Alfredo Di Stéfano, “cantera somos todos”. Vamos, que no hay futbolista que haya nacido debajo de un repollo o de una lechuga: todos, absolutamente todos, han nacido en alguna cantera.

¿Que por qué hago esta introducción? Pues porque creo que entre las muchas demagogias que se manejan en el fútbol, no hay ninguna tan grosera y falaz como la de la cantera. Me ratifico en ello después de observar lo que ha ocurrido en las últimas semanas con tres clubes que se jactan de ser los que mejor trabajan la cantera en toda Europa: el Barcelona, el Real Madrid y el Arsenal. El Barcelona, porque ha sido de capaz de crear jugadores tan inmensos como Messi, Iniesta, Puyol o Xavi. El Real Madrid, porque sostiene que su cantera es la que más jugadores aporta al fútbol profesional español (ahí están las estadísticas). Y el Arsenal, porque, a base de repetir que es el paradigma del trabajo basado en la apuesta por los jóvenes, ha acabado convenciendo a no pocos aficionados de que eso es verdad.

¿Que qué es lo que ha pasado en las últimas semanas? Pues que el Barcelona se ha llevado hasta seis jugadores del fútbol base del Espanyol, que el Real Madrid ha entrado a saco en casa del Rayo Vallecano, aprovechándose de la crisis por la que atraviesa la entidad franjirroja, y se ha llevado a nuevo de sus jóvenes talentos, y que el Arsenal se lleva a otros dos jugadores de La Masía, exactamente igual que en su día hizo con Cesc Fábregas o con Fran Mérida.

Barcelona, Real Madrid y Arsenal son los que más lloran y más protestan cuando son víctima de algún robo en su cantera, pero la política de bucanerismo que siguen está a la orden del día: pasan sin llamar, se llevan lo que quieren sin pedir permiso y… si te he visto, no me acuerdo. La FIFA y la UEFA, que no se paran de repetir que el futuro del fútbol está en la cantera, rara vez toman medidas para evitar este expolio, cuyo principal peligro es que clubes que están condenados, porque no tienen posibles económicos, a vivir de la cantera se cansen de trabajar con los niños y manden al carajo toda su encomiable labor.

Podría poner unos cuantos más ejemplos. Al Athletic de Bilbao, sin ir más lejos: presume de Lezama constantemente, pero que en realidad se nutre sin el más mínimo recato de las canteras de sus vecinos, empezando por la de la Real Sociedad y la de Osasuna. Que hagan lo que les dé la gana, mientras Blatter y Platini se lo consientan, pero que dejen de pavonearse presumiendo de una cantera que no es tal.

El señorío

Mucho se ha hablado en los últimos meses sobre el señorío del Real Madrid. O, más concretamente, sobre la ausencia de ese valor que siempre se le ha supuesto al club blanco. Pero, exactamente, ¿qué es el señorío? Aplicado al fútbol, servirían dos de las seis acepciones que aparecen en el DRAE: “gravedad y mesura […]


28 de mayo de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Mucho se ha hablado en los últimos meses sobre el señorío del Real Madrid. O, más concretamente, sobre la ausencia de ese valor que siempre se le ha supuesto al club blanco. Pero, exactamente, ¿qué es el señorío? Aplicado al fútbol, servirían dos de las seis acepciones que aparecen en el DRAE: “gravedad y mesura en el porte o en las acciones” y “dominio y libertad en obrar, sujetando las pasiones a la razón”. Traducido al román paladino, señorío supondría aquello de ni una mala palabra, ni una mala acción. Y, por supuesto, con una eterna sonrisa y un versallesco despliegue de modales.

Pero los clubes de fútbol entienden que el señorío del Real Madrid es otra cosa. Por ejemplo, señorío es quedarte callado cuando te atracan de mala manera, con nocturnidad y alevosía, en unas semifinales de la Champions. Ahí no puedes quejarte de la actuación del árbitro, ni del comportamiento antideportivo y falaz de tu rival. Ni siquiera lo puedes insinuar. Te pueden violar reiteradamente, pero tú no puedes acudir a la Policía, porque la Policía, por aquello del señorío, estará del lado del violador, no de la víctima. Y, además, tampoco puedes rechistar; tienes que felicitar al rival por lo bien que juega, por lo altos y rubios que son sus jugadores, y por la magnífica colonia que excretan todos ellos por sus vías urinarias.

Señorío es, por ejemplo, que quieras fichar a un jugador para reforzar a tu equipo y que nadie te lo quiera vender. Ni por las buenas (negociando), ni por las malas (aplicando una cláusula de rescisión que figura en todos los contratos y que está amparada por la Ley). Si piensas que necesitas a Agüero o a Cazorla para tu proyecto deportivo, que se te quite de la cabeza, porque el Atlético de Madrid o el Villarreal, invocando tu señorío, harán todo lo posible para que esos jugadores vayan cualquier sitio menos al Bernabéu, so pena de que te juren odio africano y te declaren la guerra eterna. Eso sí, si al Atlético de Madrid le apetece fichar a Reyes o a Jurado, o al Villarreal se le antoja llevarse a Canales o a Diego López, tú, porque eres muy señor, no sólo se los tienes que vender, sino que además has de ofrecer todo tipo de facilidades para que la operación culmine con éxito.

Señorío es no cortejar a Cesc. Lo puede cortejar media Europa, pero no tú, porque te lo impide tu señorío, y ya sabes que a ese señor tan simpático apellidado Wenger le molesta mucho que aparezca en los periódicos que el centrocampista catalán podría acabar luciendo la camiseta blanca. Y, como le molesta mucho, el Arsenal manda una carta de protesta a la FIFA para que obligue a desistir de tu interés por el chico. Pero Wenger, en cambio, sí puede declarar cada dos días a los medios de comunicación que quiere fichar a Benzema y que va a hacer todo lo posible por ficharlo. Y tú, como eres muy señor, no sólo no debes protestar, sino que tienes que congratularte porque alguien se interese por tu jugador y felicitarle por tener tan buen gusto.

Señorío es hacer siempre caso a lo que dictan los medios de comunicación, aunque a veces lo que dicen unos sea completamente diferente a lo que dicen otros. Si al iluminado de turno no le cae simpático el entrenador que has contratado, pues despides al entrenador y fichas a otro entrenador, preferiblemente amigo del iluminado de turno o amigo del director deportivo, que también tiene muchos amigos periodistas. Y si al iluminado de turno no le gusta que juegues con dos medios centros, o con extremos, o con portero, o con once futbolistas, pues haces caso a sus sugerencias, porque, como eres un señor, tampoco es cuestión de incomodarlo llevándole la contraria.

Supongo que, a estas alturas, ya se habrán dado cuenta de que el señorío, cuando se trata del Real Madrid, equivale a tener ir por la vida permanentemente con un pie sobre el cuello. Si eres dócil, sumiso y dejas que los demás te marquen las pautas de comportamiento, nadie apretará ese pie y podrás seguir respirando (de mala manera, eso sí). En el momento que te salgas un milímetro del manual que han escrito ellos, no te arriendo la ganancia. Vamos, que señorío es en la práctica sinónimo de gilipollas. O eso es, al menos, lo que piensan muchos.

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Me parece lamentable

Me parece lamentable que el Barcelona intente defender a Sergio Busquets, cuando todo el mundo ha constatado el insulto racista que profirió a Marcelo. Me parece lamentable, a la vez que estúpido, que el Barcelona pretenda convencernos de que Busquets no llamó “mono” a Marcelo, sino que le dijo que tenía “mucho morro” (tampoco este […]


14 de mayo de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Me parece lamentable que el Barcelona intente defender a Sergio Busquets, cuando todo el mundo ha constatado el insulto racista que profirió a Marcelo.

Me parece lamentable, a la vez que estúpido, que el Barcelona pretenda convencernos de que Busquets no llamó “mono” a Marcelo, sino que le dijo que tenía “mucho morro” (tampoco este tipo de justificaciones pueriles son nuevas en el club azulgrana: hace años, cuando todavía era futbolista, Johann Cruyff llamó “hijo puta” al árbitro Melero Guaza y después, para evitar la sanción, dijo que lo que en realidad había dicho era “Manolo, marca ya”, dirigiéndose a su compañero Clares).

Me parece lamentable que el Barcelona aún no haya sancionado a Busquets ni haya pedido perdón a Marcelo y al Real Madrid por el vituperio sufrido por el jugador brasileño.

Me parece lamentable que el Real Madrid haga un comunicado de prensa asegurando que no ha presentado ninguna denuncia a la UEFA para que sancione a Busquets por su insulto racista a Marcelo, cuando lo que tendría que haber hecho no es sólo denunciarlo ante la UEFA, sino haber prestado todo tipo de apoyo legal a Marcelo para que pudiera querellarse contra Busquets en los tribunales ordinarios de justicia.

Me parece lamentable que, a estas alturas, nadie de la Federación Española de Fútbol haya salido públicamente a decir que reprueba el asqueroso comportamiento de uno de los integrantes habituales de la selección española y que no haya condenado que este tipo de actitudes racistas se sigan produciendo en nuestro fútbol.

Me parece lamentable que Vicente del Bosque, todavía seleccionador nacional, no haya anunciado que no convocará más a Busquets como consecuencia de su ataque racista a otro futbolista y que sólo una petición de perdón por parte del jugador catalán le haría cambiar su decisión.

Me parece lamentable que lo único que intranquiliza a la prensa deportiva es que una hipotética sanción a Busquets por haber llamado “mono” a Marcelo pueda enturbiar el supuesto “magnífico ambiente” existente en la selección española de fútbol.

Me parece lamentable que la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) esté más preocupada de que se despenalice un delito de corrupción (las llamadas “primas a terceros”) que de deplorar que uno de sus asociados sea racista y que no haga la más mínima campaña por acabar con el racismo en el fútbol español.

Me parece lamentable que la Fiscalía General del Estado no haya actuado ya contra Busquets para que se cumpla lo dispuesto en la Ley 19/2007 contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte.

Me parece lamentable que el nuevo secretario de Estado para el Deporte, Albert Soler, no haya condenado, por muy catalán que sea, la actitud de Busquets.

Me parece lamentable que ningún compañero de Marcelo haya censurado a Busquets, como me parece lamentable que ningún compañero de Busquets (especialmente, los que son susceptibles de sufrir también ataques racista) se haya solidarizado con Marcelo.

Y, sobre todo, me parece lamentable que, dos semanas después, Busquets no sólo no se haya disculpado por su insulto racista a Marcelo, sino que evidencie que únicamente esté desasosegado porque la UEFA le pueda sancionar y se pierda con ello la final de la Champions de Wembley.

Son detalles que me confirman que España sigue siendo, en no pocos aspectos, un país retrógrado, insolidario e incivilizado.

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La dignidad del fútbol, en manos del United

Vaya por delante que no se discute la calidad del Barcelona (es una obviedad, pero parece que a estas alturas todavía hay que aclararlo). Lo que se discute son sus méritos. O, mejor dicho, los medios que utiliza para conseguir sus fines. Todo vale: los integrantes de este equipo son jugadores de ventaja, tramposos, teatreros, […]


7 de mayo de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Vaya por delante que no se discute la calidad del Barcelona (es una obviedad, pero parece que a estas alturas todavía hay que aclararlo). Lo que se discute son sus méritos. O, mejor dicho, los medios que utiliza para conseguir sus fines. Todo vale: los integrantes de este equipo son jugadores de ventaja, tramposos, teatreros, provocadores, marrulleros y, en algún caso especialmente odioso, racistas… No son virtudes que deban adornar a unos deportistas. Y, mucho menos, a unos deportistas campeones. Pero no es la primera vez ni la última que escribo que este equipo, aunque gane muchos títulos, jamás pasará a la historia por su señorío ni por su fair-play.

El Barcelona se ha venido beneficiando en los últimos años de ese extraño contubernio que forma con la Federación de Villar y con la UEFA de Platini. Pero lo de ahora ya es abuso. Algunos, muy pocos, lo hemos denunciado desde el mismo momento en que Laporta le dio su apoyo a Villar cuando a éste le olía el culo a pólvora y estaba a punto de perder unas elecciones frente a Gerardo González, el que había sido su fiel secretario general. Laporta rompió el pacto del fútbol profesional para no votar a Villar y a la larga ésa fue la decisión más importante que tomó durante su mandato presidencial. Y si no fue la más importante, sí ha sido la que mejores dividendos le ha proporcionado al Barcelona. Ahora ya no somos muy pocos los que denunciamos sino muchos, porque el mundo entero ya sabe lo fulero que puede llegar a ser este equipo, incapaz de ganar por sí solo en cuanto se presenta una mínima dificultad.

Es probable que el Barcelona conquiste el día 28 la Champions League. Es más, creo que la va a conquistar, especialmente si los árbitros y los comités disciplinarios de la UEFA continúan actuando con la parcialidad y con la desfachatez con que han actuado en esta Copa de Europa (sobre todo, en las semifinales) para asegurar la presencia de los azulgrana en Wembley. Pero ese título sería la mayor afrenta sufrida por el fútbol en mucho tiempo. Los que amamos el fútbol, el fútbol de verdad, los que aborrecemos a los tahúres y a los teatreros que aspiran a convertir este deporte en un espectáculo de damiselas, los que todavía pensamos que aquí aún tienen cabida la ética y la decencia… estaremos a muerte con el Manchester United el día 28.

Después de todo lo que ha pasado, me importa bien poco que la UEFA siga invirtiendo millones de francos suizos en campañas para promover el fair-play y para erradicar la segregación racial, mientras se hace la ciega y la sorda ante los piscinazos de Pedro, de Alves o de Mascherano, o ante los insultos racistas de Busquets. Lo único que me importa es que el fútbol recupere la dignidad que ha perdido por culpa de este equipo y de sus compinches (los de Las Rozas y los de Nyon). Y eso, por suerte o por desgracia, únicamente está ahora en las manos del Manchester United.

Victorias sin honra

Nunca fui un estudiante de ésos que se aprenden de memoria hasta con signos de puntuación un párrafo, pero a base de copiar cien veces en el colegio los textos que no me sabía de la asignatura llamada Formación del Espíritu Nacional se me quedó indeleblemente marcado un pasaje de la “Oración por los Caídos” […]


30 de abril de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Nunca fui un estudiante de ésos que se aprenden de memoria hasta con signos de puntuación un párrafo, pero a base de copiar cien veces en el colegio los textos que no me sabía de la asignatura llamada Formación del Espíritu Nacional se me quedó indeleblemente marcado un pasaje de la “Oración por los Caídos” del insigne literato Rafael Sánchez Mazas: “A la victoria que no sea clara, caballeresca y generosa preferimos la derrota, porque es necesario que mientras cada golpe del enemigo sea horrendo y cobarde cada acción nuestra sea de afirmación de un valor y de una moral superiores”.

He procurado siempre que esta frase figure en mi frontispicio deontológico. La he aplicado cuando he practicado deporte (al nivel que lo he practicado, que no ha pasado de ser el de simple aficionado más o menos cualificado) y me ha complacido cuando lo han aplicado deportistas de primera línea. De ahí, por ejemplo, mi profunda admiración por Robbie Fowler, que, cuando era jugador del Liverpool, convenció a un árbitro para que no pitara un penalti a su favor, ya que el defensa rival, en contra de la percepción del colegiado, no le había tocado. Aunque sea retroceder en exceso en el túnel del tiempo, diré que mi ídolo de niñez fue Manolo Santana, y no por el hecho de ser en aquel entonces uno de los pocos deportistas españoles que ganaba títulos internacionales, sino porque era incapaz de consentir que un error del juez de silla le beneficiara (y si le beneficiaba, el tenista madrileño regalaba a su rival el punto siguiente estrellando la pelota contra la red).

Por todo eso, nunca podré caer en el embelesamiento que el 99% de la profesión periodística le profesa al Barcelona de Guardiola. Reconozco su buen juego y, también, la calidad de sus jugadores. Pero rara vez he tenido la suerte de contemplar una victoria clara, caballeresca y generosa de este equipo. Con el potencial que atesora, no necesitaría para lograr la victoria los permanentes favores arbitrales, ni los de los comités federativos (pronto se ha olvidado que le regalaron los seis puntos que tendría que haber perdido por su incomparecencia en Pamplona esta temporada) o uefísticos, ni tampoco las constantes triquiñuelas teatrales de Alves, Busquets, Pedro o Messi, que más que futbolistas parecen émulos del gran Greg Luganis.

Europa no sabía quién era este Barcelona ni entendía las denuncias que un pequeño sector de la prensa deportiva española venía haciendo sobre las descaradas ayudas arbitrales y federativas (el célebre “villarato”) que recibía de forma sistemática. Pero llegó un árbitro apellidado Ovrebo, dejó de pitar cuatro penaltis en un solo partido a favor del Chelsea y ya no hizo falta abundar en detalles. Por eso, Europa ya no se ha sorprendido de lo que ocurrió el pasado miércoles en el Bernabéu, donde se perpetró el enésimo atraco a mano armada de los azulgrana, con nocturnidad, alevosía y, supongo, mucha premeditación.

El Barcelona de Guardiola cabalga de escándalo en escándalo hasta la victoria final, sin que ello parezca preocupar a los integrantes de la plantilla, con el propio técnico a la cabeza; ni a sus directivos; ni a sus aficionados… Es posible que este Barcelona pase a la historia como un equipo que hizo un fútbol preciosista y que ganó muchos títulos, pero jamás pasará a la historia como paradigma de señorío y de deportividad. Como escribió Sanchez Mazas, prefiero un millón de veces la derrota antes que victorias tan poco claras, caballerescas y generosas como las del Barcelona.

Ah, una última consideración, dirigida a Florentino Pérez: no se puede ser señor con los tahúres del Mississippi, porque éstos juegan siempre con las cartas marcadas y, a nada que te descuides, te asestan la puñalada trapera. Confío en que haya aprendido lección y en que actúe en consecuencia a partir de ahora.

Matar a la gallina de los huevos de oro

Hace años, muchos años, yo también fui joven. Entonces, intentaba abrirme camino en el periodismo deportivo. Era una época en la que los que empezábamos en la profesión nos convertíamos automáticamente en reporteros. El reportero se encargaba de hacer entrevistas y, si tenía un mínimo de habilidad, de buscar noticias. Hoy en día, el reportero […]


23 de abril de 2011 Eduardo Torrico - Sportyou

Hace años, muchos años, yo también fui joven. Entonces, intentaba abrirme camino en el periodismo deportivo. Era una época en la que los que empezábamos en la profesión nos convertíamos automáticamente en reporteros. El reportero se encargaba de hacer entrevistas y, si tenía un mínimo de habilidad, de buscar noticias. Hoy en día, el reportero ya no existe; ha dejado paso a una casta de opinadores y tertulianos, formada en su mayoría por periodistas que en su vida han dado una noticia, por ex deportistas que cuando estaban en activo destacaban por su trato nada amable y hasta despectivo al periodista, por aspirantes frustrados a entrenador y por candidatos a cómico. El periodismo deportivo de la actualidad es, a mi modo de ver, uniforme y políticamente correcto en demasía. Ya apenas se hacen entrevistas, apenas se dan noticias y el que empieza se conforma con meter un micrófono en una multitudinaria zona mixta o en una abarrotada sala de prensa y con transcribir lo poco o nada que ha dicho el compareciente de turno.

Cuando yo empezaba abundaban todavía los personajes que daban cuatro o cinco titulares en cada entrevista, porque cada vez que abrían la boca era para expresarse con originalidad. En aquellos inicios de reporterismo me tocó Vujadin Boskov como entrenador del Real Madrid y me tocaron Luis Aragonés, Héctor Núñez o Marcel Domingo como entrenadores del Atlético de Madrid. Cada entrevista, cada conferencia de prensa, era una bomba informativa, porque decían siempre lo que pensaban y además lo decían con gracia y salero. Los reporteros de aquel momento, que tampoco éramos tantos, lo comentábamos entre nosotros y nos congratulábamos de poder llegar a nuestras redacciones y tener todos los días algo interesante que contar gracias a estos personajes. Y por eso los cuidábamos y hasta los mimábamos, para que nunca cambiaran.

Lo más parecido que hay hoy a un Boskov o a un Domingo es José Mourinho. Por eso, no he sido capaz de entender el recibimiento hostil que tuvo el portugués en Madrid por parte de casi todos los medios de comunicación, en general, y de los periodistas que iban a tener que tratar a diario con él, en particular. No se había ni siquiera sentado en el banquillo y ya le estaban lloviendo los palos. La hostilidad no sólo no ha desaparecido, sino que se ha incrementado. Cada frase que dice Mourinho es analizada al microscopio y es, al mismo tiempo, motivo de una retahíla de críticas despiadadas. Si Mourinho habla, malo. Pero si Mourinho decide no hablar, mucho peor todavía. Sinceramente, no sé de dónde saca muchas veces tanta paciencia para aguantar lo que aguanta.

Mourinho es para el periodismo deportivo la gallina de los huevos de oro. O tendría que serlo, porque Mourinho vende por lo que hace y vende, sobre todo, por lo que dice. Pero el periodismo deportivo, lejos de agradecérselo, está incómodo con un personaje que resuelve a diario portadas. Y como está incómodo con él, ha decidido matar a la gallina de los huevos de oro, que es como tirar piedras contra el tejado propio.

Ya sé que no tendría que escribir este artículo… Los periodistas norteamericanos acuñaron el siglo pasado un adagio que era todo un pacto de no agresión entre colegas: “Perro no come carne de perro”. Pero estaría traicionando a mi conciencia si me callara y no dijera lo que pienso sobre el zamarreo absurdo e inmerecido que a diario recibe Mourinho por parte de la prensa deportiva, especialmente la de Madrid (lo cual es mucho más incomprensible).

Sería bueno que todos esos periodistas que han hecho del ataque a Mourinho el Leitmotiv de su existencia profesional se miraran un poco al ombligo y comprobaran que su discurso es como predicar en el desierto, porque a día de hoy Mourinho es, pese a ellos, el dios del madridismo.

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