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21 de septiembre de 2017 21/09/17

Opinión

La ‘katarsis’ del tomatazo

La escuela de interpretación de Cristina Rota se inventó un espectáculo al que puso el nombre de ‘La katarsis del tomatazo’. La dinámica era sencilla: los alumnos salían al escenario a actuar y los espectadores, dependiendo de lo bien o mal que interpretaran sus papeles, les tiraban tomates o cualquier hortaliza, traída de casa o […]


18 de agosto de 2013 Antonio Toca - Sportyou

Magic JohnsonLa escuela de interpretación de Cristina Rota se inventó un espectáculo al que puso el nombre de ‘La katarsis del tomatazo’. La dinámica era sencilla: los alumnos salían al escenario a actuar y los espectadores, dependiendo de lo bien o mal que interpretaran sus papeles, les tiraban tomates o cualquier hortaliza, traída de casa o tomada a la entrada de la sala. La gracia del tomatazo consistía en acertar sobre cualquier parte de la anatomía de los actores -la diana era la cara- si no les había gustado.

Por lo general, el público de este espectáculo no tenía buena fe, pero lo que sí terminaba ocurriendo era que las buenas interpretaciones obtenían su justo premio: no recibir un tomatazo. La idea real de la función no era otra que buscar la ‘katarsis’ en los alumnos, reforzales en su ego o hacerles reaccionar para mejorar las siguientes actuaciones. O en pocas palabras, tal y como lo definieron los griegos: una saludable descarga de emociones cuyo fin no es otro que el de poner las cosas en su sitio… Algo que a lo largo de la historia del deporte profesional tiene sus buenos ejemplos.

Ahondando más en el concepto de ‘katarsis’, estamos ante una declaración o una actuación radical, a veces provocada por las circunstancias, otras fruto de la impotencia o el cabreo, llevada a cabo por un deportista (por lo general deportista, aunque ocasionalmente puede ser fruto de las decisiones de un entrenador o un directivo) que no busca más que cambiar la tendencia mala de resultados de los últimos partidos… Y no, por raro que parezca, José Mourinho no es un ejemplo, ni fue alguien hábil capaz de provocar la ‘katarsis’ de sus equipos, ni el cambio de entrenador de un club vale como idea para explicar este concepto.

Pau Gasol y Sergio ScarioloEn el Eurobasket de Polonia de 2009, la selección española estuvo a punto de ser eliminada en la primera fase cuando llegaba como favorita al torneo. Sergio Scariolo, en la última jugada del partido contra Turquía, la decisiva, dio la responsabilidad de jugar el último ataque a Sergio Llull, para sorpresa de todo el mundo, incluidos los propios componentes de la selección. El escolta no anotó en su penetración a canasta y España cosechó una nueva derrota. La frustración de Marc Gasol fue tan grande que, al terminar el partido, soltó al primer micrófono que pilló en su camino al vestuario: “En un equipo que tiene a Pau Gasol o Juan Carlos Navarro, no le puedes entregar la última pelota de partido y el último tiro al recién llegado”. El comentario señalaba directamente al seleccionador: déjate de inventos, de ataques de entrenador, y da la responsabilidad a quien la debe llevar: los jugadores. Esas declaraciones de Marc Gasol, luego puntualizadas, provocaron un terremoto en el vestuario, pero consiguieron lo que perseguían: la ‘katarsis’. El tomatazo golpeó la cara de Scariolo y éste reaccionó en consecuencia: dio la responsabilidad a los jugadores, y España ganó los siguientes partidos, incluida la final, por una diferencia de más de 18 puntos cada uno, y practicando un gran baloncesto. La carga de profundidad de aquellas palabras llegó hasta la final olímpica de Londres. Sólo Kevin Durant, Kobe Bryant y LeBron James en estado de gracia pusieron freno a aquella ya legendaria ‘katarsis’.

Tras el Mundial de Alemania 2006 y sobre todo por lo vivido durante la convivencia en aquel torneo, Luis Aragonés entendió que había llegado el momento de lo que llevaba ya un tiempo meditando: llevar a cabo una revolución en la convocatoria y dar de lado a Raúl y a los veteranos que tan mal habían mezclado con los jóvenes en la concentración del Mundial de Alemania. Luis finiquitó a Raúl tras el partido contra Irlanda del Norte en la fase de clasificación a la Eurocopa 2008, pero la ‘katarsis’ le llegó de manera fortuita en Dinamarca, en el encuentro en el que España se jugaba disputar la fase final del torneo. Sin delanteros titulares por las lesiones, se tuvo que encomendar a los centrocampistas y al control del juego y del balón alrededor de la jerarquía de Xavi y la magia de Iniesta. El resultado fue un espectáculo inesperado en Copenhague, refrendado por el famoso gol de Sergio Ramos, el cambio de tendencia en la clasificación a la Eurocopa de 2008, el optimismo que motivó la victoria en la tanda de penaltis frente a Italia y a la larga el inicio de una era jamás soñada por el fútbol español. No hubo declaraciones catárquicas, solo riesgos bien medidos y un tomatazo certero al siempre mal traído victimismo… Pensando con frialdad, lo que Johan Cruyff empezó a preparar allá por 1990 e inocular en el futbolista español.

El propio Cruyff, siendo entrenador del FC Barcelona, forzó su propio capítulo de ‘katarsis’ deportiva. Fue en la Liga del penalti de Djukic. A falta de 14 jornadas para el final de aquella liga, el Barça sufrió una tremenda goleada (6-3) en Zaragoza, y como el propio Cruyff reconoció en la rueda de prensa, debieron recibir más goles. Uno desconoce lo que se comentó en ese vestuario tras el partido, pero aquella derrota forzó la ‘katarsis’ soñada: el Barcelona ganó 13 de los últimos 14 partidos de Liga, y al final, como bien es sabido, levantó un título que ni los más optimistas podían soñar tras la derrota de Zaragoza. En este caso, la descarga de emoción fue un resultado sonrojante que al final puso las cosas en su sitio: Cruyff se dejó de experimentos, encontró una alineación tipo, y el resto fue forzar los fallos de los deportivistas.

Pep GuardiolaLa ‘katarsis’ también es fruto de las lesiones. ¿Quién no recuerda el inesperado debut de Raúl en Liga y lo que eso a la larga terminó motivando? O forzada y afortunada, como el cambio en la dinámica de títulos tras la decisión de nombrar a Pep Guardiola como primer entrenador, que provocó el cambio de ciclo en un FC Barcelona que acababa de hacerle el pasillo al Real Madrid; aunque es bien cierto que fue el propio Pep con su decisión de forzar la salida de Ronaldinho y Deco y su influencia en una plantilla acomodada y sin hambre lo que en realidad produjo la ‘katarsis’.

También existen otros ejemplos clásicos que sí se acercan más a lo que se puede entender como la ‘katarsis’ pura: Magic Johnson exigiendo a los dueños de los Lakers que, o echaban al entrenador, o al final de temporada le buscasen otro equipo, cosa que sucedió antes de llegar Pat Riley y traer de su mano lo que se conocería como ‘showtime’; el régimen dictatorial que instauró el seleccionador brasileño en la concentración previa al Mundial de Mexico 1970, y que provocó la rebelión de Pelé y sus compañeros, unas fuertes declaraciones de éstos, unos malos resultados en los amistosos de preparación, la destitución del seleccionador y el ascenso al puesto de Zagalo… Éste lo tuvo claro: puso a todos los buenos (Gerson, Rivelinho, Jairzinho, Pelé, Tostao) a jugar juntos y les dio la responsabilidad de ganar el Mundial. La ‘katarsis’ de aquella selección, o el ejemplo que más se recuerda, fue la concentración previa a la final de aquel campeonato, la misma en la que se pudo ver a los jugadores brasileños en la piscina del hotel de concentración disfrutando del día de descanso de forma distendida con sus mujeres y novias, riendo y siendo felices. El Mundial lo habían ganado con el tomatazo previo de los jugadores a los directivos brasileños.

Sergio RamosLa selección española de fútbol ha vivido en los últimos años varias ‘katarsis’ previas a lo que luego fue refrendado con títulos, pero que no podemos ignorar cierran su círculo en la final de la pasada Copa Confederaciones. La derrota frente a Brasil sirve de tomatazo en toda la cara, de aviso y de ‘katarsis’ para el Everest que ‘la Roja’ se ha propuesta llevar a cabo en 2014: ganar el Mundial a Brasil y en Maracaná. La experiencia, por lo que se vivió en el campo y lo que tuvieron que hablar en el vestuario, es la mayor lección práctica, como el espectáculo que propone Cristina Rota y sus alumnos, que pudieron recibir los internacionales españoles, así como el empujón necesario para querer ganar el Mundial.

Del mismo modo, el pulso de la plantilla blanca a Mourinho, y el hecho de hacerle ver a la directiva que los triunfos del Real Madrid se cimentaron siempre sobre la base de un club de jugadores más que de entrenadores, provocaron unos cuantos cambios; el principal, la llegada de Zinedine Zidane al vestuario para apoyar a Carlo Ancelotti y la manera sencilla y natural con la que éste lo introdujo en el organigrama. La presencia de Zidane, o el hecho de que tenga ahora una relación más directa con la plantilla, ha provocado su propia ‘katarsis’ entre los jugadores, el compañerismo, las reivindicaciones y el acicate que va a suponer para todos demostrar a Mourinho que se puede ganar y disfrutar del fútbol sin estar enfrentado a todo el mundo. Quizás ahí esté el truco de este Real Madrid que pinta tan bien: recurrir a un concepto siempre presente y socorrido como el de la ‘katarsis’ del tomatazo. El paso previo y necesario de cara a lograr títulos o eso dicen algunos ejemplos conocidos a lo largo de la historia.

Pelusa en boca

No sólo es perder, también importa cómo se pierde. La cara pálida de Diego Maradona al finalizar el partido ante Alemania era la viva imagen de quien sabía que iba camino del matadero. En realidad, era cuestión de esperar, el tiempo que tardase esta Argentina en enfrentarse a un rival de fuste. El ingrediente adicional […]


4 de julio de 2010 Antonio Toca - Sportyou

No sólo es perder, también importa cómo se pierde. La cara pálida de Diego Maradona al finalizar el partido ante Alemania era la viva imagen de quien sabía que iba camino del matadero. En realidad, era cuestión de esperar, el tiempo que tardase esta Argentina en enfrentarse a un rival de fuste. El ingrediente adicional a sumar a un Maradona a la defensiva, quieto en la banda, sin reaccionar ante el repaso que estaba recibiendo, mientras sacaban a relucir todas sus vergüenzas.

Desde el 2006, cuando Löw era segundo de Klinsmann, y entre ambos decidieron construir la futura selección alemana alrededor de un buen trato con el balón, luchaban contra la historia de su país. En su dietario estaban presentes el fútbol que vieron crecer de niños, aquel que tanto les hipnotizó: la Alemania de la Eurocopa del 72 y la del 80, con sus míticos jugadores. Hicieron buen Mundial, en 2006, pese a quedarse a un paso de la gloria, y un buen Europeo, hasta que Löw, ya sin Klinsmann, se topó con España en Viena y comprobó, tras el baño que le dieron, que aún les quedaba mucho por hacer. El camino a recorrer se lo había mostrado la selección española, pero buscando sus virtudes y su esencia, con un juego más vertical que el de España.

En la famosa entrevista que le hicieron a un Maradona muy crecido, éste se atrevió a criticar a España, a ser ventajista, mostrando una forma de ver fútbol que él como entrenador despreciaba: Si las porterías estuviesen en los laterales, España ganaría todos los partidos 10 a 1″, añadiendo el parece que la Copa había que dársela sin jugar. El fútbol y las combinaciones, como la táctica, importaba poco. Daba igual como se trabajase, bastaba con acumular grandes nombres en la delantera y esperar a Messi, como le ocurrió a él en México 86, con una diferencia importante, aquel equipo tenía a Bilardo de entrenador y estaba trabajado en la pizarra… Otra vez el matiz que se pasa por alto. De nuevo la memoria selectiva, que no la romántica.

Maradona, triste, con la cara desencajada, agarrado a su rosario y viendo otro partido en la sala de prensa. Löw relajado, viendo una obra de arte. Goles como ganchos de boxeo golpeando el mentón de Diego. La admiración por los equipos que apuestan por el toque y las porterías en los laterales del campo… Eso es el fútbol, deporte que desde hace un par de años está por encima de los nombres y los mitos, apuntando al equipo, al grupo, al gusto por balón, a la escuela que la naranja mecánica y el Brasil del 70 se dieron el gusto de mostrar al resto del mundo, pese a Dunga, por ejemplo.

Cruyff alucinaría con la Alemania holandesa que hoy ha visto, pero, como a muchos de nosotros, la caída de Argentina no le habrá pillado por sorpresa. Las cuentas claras, como los periodistas argentinos a los que despreció e insultó Maradona tras la fase clasificación mundialista conseguida in extremis. Ahora, la pregunta es sencilla: ¿quién la chupa? El riesgo de ser fanfarrón. Pelusa en boca.

En Sportyou | De la memoria selectiva al peso de la ambición

Mister Chip, dando valor a las estadísticas

Hace ya bastante tiempo hablé del valor real de las estadísticas, del análisis detallado de los datos por encima de lo que un recopilatorio de los mismos significaba. No es cuestión de recoger todas las variables posibles y aplicarlas el mismo valor, sino que debemos introducir una serie de hipótesis que hagan relevante los resultados. […]


16 de mayo de 2010 Antonio Toca - Sportyou

Hace ya bastante tiempo hablé del valor real de las estadísticas, del análisis detallado de los datos por encima de lo que un recopilatorio de los mismos significaba. No es cuestión de recoger todas las variables posibles y aplicarlas el mismo valor, sino que debemos introducir una serie de hipótesis que hagan relevante los resultados. Si, por ejemplo, y pensamos en Google, lo importante no es recoger el mayor número de resultados posibles en la respuesta que te dé el buscador, sino que lo valorable vendrá reflejado en la relevancia que el algoritmo del buscador de al total de respuestas a nuestra pregunta. Y esto, por cerrar el ejemplo, es lo que hace Mister Chip (@2010Misterchip) los fines de semana en Radio Estadio, y día sí y día también en su twitter.

Como indica en la reflexión del propio twitter, el valor reside en aportar algo nuevo al pronóstico, y él lo ha hecho en su “guía de la esperanza“. Mientras el resto de los medios se ha centrado en analizar la combinación de resultados o escenarios posibles de todos los clubes implicados en el descenso, él ha aplicado una probabilidad estimada de salvación. Así, mientras todo aficionado piensa que serán Valladolid, Málaga y Xerez quienes desciendan, resulta que si sumamos todas las hipótesis de jugar en casa o fuera, con los partidos de la temporada jugados contra equipos que se están jugando el título, etc… es el Valladolid el segundo de los cinco equipos en peligro que más oportunidades de salvarse tiene, pese a que todo el mundo da su partido por perdido contra el FC Barcelona.

Ahí es donde Mister Chip da en el clavo, porque se ha permitido, el trabajo acumulado de todo el año da sus réditos, establecer una tabla de salvación lógica y diferente a la que habrán apuntado bastante de los diarios deportivos españoles, e indicando que, a pesar de que el Tenerife no juega ni contra el FC Barcelona, ni contra el Real Madrid, tiene menos posibilidades de salvarse, cuando el empate le puede llegar a valer. ¿Por qué es esto? Simple, sólo ha sacado 7 puntos en los partidos jugados fuera de su campo, por lo que la probabilidad de que gane fuera es pequeña (como la de que el Valladolid gane en el Nou Camp).

Es decir, no es cuestión de ver todos los escenarios posibles, que por cierto ninguna televisión ha hecho, es apoyar al pronóstico con un valor y una serie de hipótesis. ¿Sencillo? No. ¿Imposible? Tampoco. Por esa razón, Mister Chip es un rara avis en el mundo deportivo español. Y debemos agradecerlo. Se lo ha ganado a pulso y justo es reconocer su valía.

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El burro y el sentido común

En este país, los diarios deportivos tienen la “suerte” de tener unos directores con mando en plaza, hasta el punto que se dejan el honor de escribir sus propias columnas (algunos hasta diariamente). Nada que decir, si aquello que se escribe tiene su lógica, y no deja de lado la objetividad, yo apuntaría más por […]


10 de abril de 2010 Antonio Toca - Sportyou

En este país, los diarios deportivos tienen la “suerte” de tener unos directores con mando en plaza, hasta el punto que se dejan el honor de escribir sus propias columnas (algunos hasta diariamente). Nada que decir, si aquello que se escribe tiene su lógica, y no deja de lado la objetividad, yo apuntaría más por el sentido común. ¿Cuál es el problema? Si lo anterior desaparece, y el ego personal nubla la vista, nos encontraremos con una estupidez de tal calibre, burrada sería un término más ajustable, que nadie por debajo de él se va a atrever a llevarle la contraria, o como suele suceder en todo organigrama de un periódico, que le tumben el texto escrito. Ante todo torero, pensará el trencilla. Sin embargo, ese director que incumple toda norma lógica, al expresar una opinión que no hay por donde coger, olvida una cosa importantísima, pase lo que pase, se debe a su audiencia (lectores), y al menos, ésta, merece ser tratada con respeto y con inteligencia.

Leer la columna del Señor Inda en Marca donde invita a la contundencia, amparándose en el eufemismo de “sin salirse de la reglamentación”, es execrable, por mucha libertad de opinión a la que se agarre, y provoca un enorme cabreo generalizado, o personal, como demostró Carlos Martínez en su twitter (aunque hacía más referencia al titular del periódico del señor Inda que a la columna en cuestión).

¿Y todo esto para qué? Para defender el pragmatismo de un juego donde se debe premiar lo que suma y no lo que resta. Lo que se comentaba en esa columna se puede llegar a pensar más como humor pero jamás decir, y menos opinar, porque la lógica sale en su contra: en el FC Barcelona juegan otros 10 jugadores que consiguen, y eso no lo miramos en la acera contraria, que Leo Messi brille.

Antes que Michael Jordan se convirtiera en el amo y señor de la NBA, destacó a nivel individual, pero no consiguió hacerse con el título. La llegada de un entrenador como Phil Jackson (y empiezan los símiles), la aplicación de un sistema de juego en ataque basado en un triángulo (seguimos con los símiles), y componer a su alrededor una plantilla que les permitiese ser competitivos ante el rival fuerte que tenían enfrente (más símiles), consiguió que el mejor, Jordan, cumpliese con el objetivo que el destino le había encargado, instaurar su reinado en el baloncesto profesional americano.

Si los entrenadores contrarios hubiesen establecido la máxima de jugar duro y dentro de los límites del reglamento, supuestamente, no habrían podido con su equipo, porque ya se hubiera encargado Jordan y su entrenador de que el resto de sus compañeros hubiesen hecho el trabajo (pensemos en las pequeñas sorpresas tácticas que preparó Guardiola a la oposición de Juande Ramos). Su equipo, por los Chicago Bulls, batió records, y eso él nunca lo hubiera logrado solo. Que entendieron los contrarios, y en especial sus últimos rivales, que pasase lo que pasase, Jordan llegaría a los 30 puntos, lo vital, y eso defendieron los rivales, fue que el resto del equipo no sumara, y que el partido terminara derivando en un uno contra cinco, o que Jordan se encontrara sólo contra el mundo (cierto que una genialidad suya supuso su último título, pero fue la vez que vio de verdad las orejas al lobo).

Regresando al fútbol, lo que uno quiere decir, es que cuando te enfrentas al FC Barcelona lo debes hacer desde el pragmatismo, y desde la siguiente pregunta: ¿por qué Messi no destaca en la selección argentina? En la respuesta encontraremos la táctica. Y esta no se resume a escalonar los golpes, el juego duro y lesionar a Messi. Al señor Inda se le olvida eso. Hay más, y mira a los compañeros que le rodean y a una idea y un estilo. ¿Partido físico? Puede, pero siempre bajo la presión de la grada. ¿Quitarle la pelota? Desde ahí se defiende el equipo de Guardiola. ¿Hay miedo? En el Bernabéu, sí, el peso real del 2-6 de la temporada pasada. ¿La evidencia? Dejemos a Pellegrini que haga su trabajo, sobre una premisa: importa la victoria. ¿Y el juego? Desgraciadamente, eso parece que lo recordaremos mañana… pese a ciertas columnas publicadas.

Consulta aquí el especial de Sportyou sobre el Real Madrid-Barcelona

El reconocimiento al Informe Robinson


17 de octubre de 2009 Antonio Toca - Sportyou

[FLASH http://www.youtube.com/watch?v=AD_v0j1w5MM w=600 h=400]

Tiene que pasar. Es normal que entre tanta incoherencia que se premia en los premios Ondas, el jurado encuentre la luz de alguna manera, y atine con un ganador que sí se puede reconocer como tal. Un ejemplo de lo que comento son los galardonados este año. Excluyendo los premios para la radio, los de televisión son, tan de expediente X, que uno se congratula que al Informe Robinson le hayan reconocido su osadía para traernos el mundo del deporte (no sólo fútbol y temas mediáticos) a la palestra y con calidad. Premian a Informe Robinson como mejor programa de actualidad, cosa que habría que matizar, aunque a mi me da igual, pese a que no creo que ese sea su lugar. Por una vez en el mundo del deporte, se reconoce la calidad por encima de la cantidad. Y ese es un paso importante para aquellos que pensamos que en este país la información deportiva debe ser realizada de otro modo. La información no implica populismo, tiene que ser algo más, y eso, por ejemplo, nos lo da Informe Robinson.

El programa lo descubrí gracias a Internet, al día que Fútbol arte recomendó ver el tributo sentido que le dedicaron al Liverpool y a lo que significaba para las grandes leyendas de este club, Dalglish o Souness, vestir esos colores. Aprovecharon la visita a Fernando Torres. Fue la excusa, porque Robinson le regaló una clase magistral, con gente a la que nunca había visto jugar, para entender y escuchar lo que los aficionados contaban de ellos.

Los deportistas, algo que solemos olvidar con frecuencia, son personas, que viven y sienten algo más que el deporte y la competición. Esa lado menos conocido, pero infinitamente más interesante, es lo que en cada programa nos acercan. Algo de ello ya planteó hace bastante tiempo el propio Michael Robinson en una entrevista en Diarios de fútbol acerca del sentido de El Día Después:

“La premisa número uno para un programa de televisión ha de ser plantearse si realmente tiene algo que contar al público. No se trata de ocupar un espacio por ocuparlo. Hay que contar algo. Cuando se tiene algo que contar, hay que plantearse si se quiere contar, porque esto es algo vocacional. Si la respuesta también es positiva, hay que plantearse cómo contarlo. Porque nosotros, y esto siempre se lo digo a quien trabaja conmigo, invadimos los hogares. Yo esto lo he hecho con gente que ha trabajado conmigo. Los he sacado de la oficina y les he llevado a la calle. He señalado las ventanas de los edificios y les he dicho: “Nosotros entramos ahí, vamos a hablar a la abuela, al nieto y a todos los demás. Vamos a entrar en sus casas. Igual que cuando entras en una casa y no conoces a la gente que hay en ella les tratas con educación, exactamente igual hay que hacerlo en televisión. Porque tienes que ser consciente de que tu trabajo va a ser juzgado por esas personas. Es imposible que todos estén de acuerdo con lo que digas, no vas a complacer a todos. Pero lo que sí está en tus manos es tratarlos con la mayor educación posible, porque vas a compartir un rato con esa gente en su salón de estar, en su intimidad. No se debe molestar a nadie en su salón de estar si no tienes nada que contarle”.

Con esto está todo dicho. No es sólo contar, sino cómo hacerlo. No sólo es diversión vacía. Tiene que enseñar. Ni sólo el deporte que interesa es el protagonizado por los mediáticos. Siempre hay algo más. Tu mismo que estás leyendo estas palabras, eres un deportista que un día puedes llamar la atención de Informe Robinson. Alégrate si eso ocurre. Habrás llamado la atención de la élite.

En El País | Premios Ondas 2009
En Plus TV | Informe Robinson
Más información | Google

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A la hora de la siesta

“Como me joroben la siesta por los chinos… no vengo al fútbol”, comentó un aficionado en el último partido en el Bernabéu. “No puede ser normal, ya tragamos con el mando de las televisiones, decidiendo los horarios, como para tener que comer ahora en el estadio… Lo miren como lo miren, el fútbol siempre ha […]


13 de octubre de 2009 Antonio Toca - Sportyou

“Como me joroben la siesta por los chinos… no vengo al fútbol”, comentó un aficionado en el último partido en el Bernabéu. “No puede ser normal, ya tragamos con el mando de las televisiones, decidiendo los horarios, como para tener que comer ahora en el estadio… Lo miren como lo miren, el fútbol siempre ha sido a las cinco de la tarde”.

Lo bueno de esto, reflexionando sobre la opinión del aficionado, y por buscar siempre el lado bueno frente al lado malo de las cosas, estaba en el cambio de poder a la hora de decidir los horarios. Éste, dado que ahora sí se van a disputar los partidos pensando en el horario chino, había pasado a ser potestad de los equipos. En realidad encerraba una mentira piadosa: sólo el Real Madrid y el F.C. Barcelona habían recuperado parte de ese poder. Los únicos partidos que en el fondo interesan.

El cambio de papeles venía motivado por la imagen que venía reflejando el espejo del fútbol británico, lo que la audiencia en Asia les había mostrado. Si países como China, Tailandia, Malasia, o algunas de las antiguas colonias británicas no tienen ligas potentes, el aficionado al fútbol buscará los partidos allí donde las estrellas mundiales jueguen, o les vendan que jueguen. Son seguidores de jugadores, no de clubes, con lo cual es fácil conquistar su interés. Todo lo contrario que en países con cultura y ligas interesantes para sus propios aficionados, como pasa en Sudamérica, un mercado más objetivo, en teoría, para nuestra liga. Sin dinero o con un mercado pudiente, también.

Pero claro, hay que facilitarles el trabajo. De siempre, el fútbol ha partido con un hándicap entre el aficionado no purista: el directo. Todo aquello que no estuviese incluido en esa variable, no era controlable. Por tanto, ¿a qué hora deberían jugarse los partidos para que en Asia se despertara su interés por seguir nuestros partidos? La hora de la siesta en el punto de mira para este mercado. ¿Y para los seguidores americanos? El desayuno. ¿Qué importa más? En principio sólo se habla de algunos encuentros, uno o dos por jornada. ¿Y qué partidos? No pondría la mano en el fuego para saber cuáles de esos partidos modificarán su hora de inicio.

Me da a mí, que en breve, ciertos partidos de pago, de esa promoción que ahora se vende como el no va más en la liga de Internet, competirán con las noticias del telediario. Eso sí, descubriendo un nuevo prime time. Van a ser goles cantados entre bocado y bocado, vistos en streaming en un canal chino, o con la barbilla haciendo surcos en el pecho de los seguidores más cansados. Igual que en Italia y en Inglaterra, países con la cultura ya trabajada, el matiz y la queja del aficionado al que me refería al principio de estas líneas.

Y mientras, el sábado, los aficionados británicos debían conectarse a Internet, o ir al cine, para seguir el partido de su selección en Ucrania. Todo porque ningún canal de televisión británico quiso comprar los derechos de ese partido. De nuevo, nos vuelven a sacar ventaja. Cada grupo de comunicación, en plena libertad, pinchó desde sus principales cabeceras online el partido, para que cada internauta decidiese donde y cómo seguirlo. Todo legal. ¿Las diferencias? Ninguna respecto al seguimiento de un partido online que muchos solemos hacer los fines de semana. ¿Las implicaciones? Muchas. En el fondo, nuevos inquilinos en el mercado de la compra de derechos y la audiencia global que se persigue con el cambio de horario. Todo porque nadie pensó en Internet como un canal más válido que el de las televisiones.

Son las horas muertas de la siesta. Las ideales para que las generaciones futuras aprendan a disfrutar del deporte del balón. Las mismas que nuestros dirigentes ignoran cuando se programan los encuentros pesando en la cartera. Esto sí es lo importante. Y no que los chinos puedan ver los encuentros a la hora que mejor les convenga.

En El País | Calor inglés, frío español

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Ese algo llamado polimpismo

El apoyo a Río de Janeiro ha sido amplio. Y por qué no, pensarán algunos. Durante estos últimos días, incluida la hora final de espera en la que creíamos que el milagro era posible, soñábamos con la utopía de un triunfo. Sin embargo, la realidad en forma de decepción ha encontrado su sitio. Ganó el […]


3 de octubre de 2009 Antonio Toca - Sportyou

El apoyo a Río de Janeiro ha sido amplio. Y por qué no, pensarán algunos. Durante estos últimos días, incluida la hora final de espera en la que creíamos que el milagro era posible, soñábamos con la utopía de un triunfo. Sin embargo, la realidad en forma de decepción ha encontrado su sitio. Ganó el polimpismo, esa mezcla entre política y diplomacia que con el gancho del deporte inexistente en esa jubilación a cuerpo de rey que es este organismo, determina quién organiza unos Juegos Olímpicos. Son las reglas de la trastienda de esa empresa llamado CIO (COI en español), que se aprovecha de incautos como la delegación de Madrid 2016 para darle sentido al paripé que hoy hemos visto.

Duele pensar que en el fondo somos tontos, que habría que haber dejado de hacer el tolili hace mucho tiempo, y no habernos quemado en una misión que teníamos perdida desde hacía dos años, cuando Río de Janeiro pasó el primer corte para convertirse en ciudad candidata y dejó su destino en manos de quienes saben qué hay que hacer para convertirse en ciudad organizadora de unos Juegos Olímpicos.

Pensaba que el polimpismo no estaba tan incrustado en la mente de los Coitos, aquellos que viviendo a cuerpo de rey determinan qué ciudad es buena o no para organizar algo tan importante. Si en teoría es el deporte lo que justifica la calidad del evento, es la ceremonia inaugural la que determina hasta donde llega la organización y el país. La elección de Río se basa en la fuerza de algo cuyo mérito no le corresponde: que Sudamérica no haya organizado aún unos Juegos Olímpicos. Y esa injusticia debería determinarse de otra manera. ¿Por qué no lo han hecho antes? Se me ocurren varios apuntes, sustentado sobre uno principal: no tenían el poder -y dudo que a día de hoy lo tengan- para cumplir con el importante compromiso que les ha caído en las manos. Como con Londres 2012, se ha premiado algo virtual, sobre la base de las mismas personas que consiguieron en la trastienda de Singapur que la capital inglesa resultase ganadora frente a una candidata mejor en todos los sentidos, Madrid, y otra con la que el CIO tiene una deuda histórica, París.

Jacque Rogge consiguió engañar a Gallardón, pero no a París, para presentarse para 2016, con la palabra de que no existía la regla no escrita de la rotación de continentes, para tener en la manga una candidatura fuerte y segura (ya que sabía que París, bastante escarmentada, no caería en la trampa). Sólo faltaba que Lula estuviera inmenso en su trabajo, y un mapa demoledor, para apelar al sentimiento de los miembros del CIO e indicarles que la única opción válida para salvar una injusticia universal era votar a su ciudad. Poco más necesitó, pese a la pregunta trampa de Alberto de Mónaco. El trabajo del polimpismo ya estaba hecho cuando Río fue premiada en esos informes de los que sólo se leen los resúmenes. Daba igual la valía de las propuestas, había una injusticia y había que cerrarla. ¿Cómo íbamos a desilusionar a Lula?

A eso se ha debido, al olvido de una región, y no es reprochable, pero demuestra el rasero con el que se mueve esta organización, que nadie se atreve a criticar de verdad, sólo con doble sentido y con ironía, a lo que se han agarrado los votantes para tumbar a Madrid. Hablarán de la rotación de continentes, pero si así fuese Madrid no tendría que haber llegado a la final. Era necesario algo más fuerte: la injusticia y el olvido reparable. También ha pesado el poco peso de España a nivel internacional, empezando por el presidente Zapatero, y el no haber hecho uso de Samaranch y el Rey cuando su presencia era necesaria. En la trastienda del polimpismo fue donde trabajó con inteligencia Río. Ahí estuvo su verdadero valor.

De esas cosas son de las que debemos aprender. Se dice que el trabajo acumulado en estos ocho años no debe caer en saco roto. Se debe aprovechar el tirón de cara a 2020. El palo es gordo, porque no se premia al mejor candidato. Los caprichosos designios de un organismo con el que no merece perder la pena más tiempo. Solo Sydney demostró ser la mejor en su momento y obtuvo su premio en las 6 últimas elecciones que habría que mirar con lupa para saber el porqué de su resultado. ¿Madrid 2020? París es un enemigo demasiado poderoso, y el polimpismo tiene una deuda importante con ella. Luego vendrá la rotación de continentes, y el hecho de que África sea ahora la única olvidada en el reparto equitativo de sedes. Por mucho que queramos negar la mayor, nuestro año podría ser el 2028. ¿Alguien empieza a atar cabos y a entender el movimiento de Jacque Rogge quemando la candidatura de Madrid para el 2020? Sí, tiene a París en mente. Y de paso se garantiza dos de las tres sedes de los próximos Juegos Olímpicos. Así es como se las gasta el polimpismo. El grupo de personas que se lo llevan crudo a costa de unos candidatos crédulos que sueñan con alcanzar la gloria.

Me dice un amigo que Barcelona se tuvo que presentar cuatro veces. No consuela, pese a que a Madrid aún le queda un comodín… Aunque eso no justifica la cara de tonto que a uno se le queda. Enhorabuena, Río, pero el premio, a igualdad de condiciones, y ellos lo saben, no es justo. Sólo falta que alguien tenga las narices de decirlo: ni Olimpiadas, ni Juegos Olímpicos, esto es polimpismo… Aunque bien pensado, ellos se lo pierden.

Más información | Las 10 razones del “no” a Madrid
Blog | ‘Corazo… nada’ por Miguel Gutiérrez
Blog | ‘¿Bienvenido Madrid 2020?’, por Moisés Israel Garzón

De la memoria selectiva al peso de la ambición

“¿Qué es eso de la memoria selectiva a la que tanto recurres?”, me preguntaba un amigo hace pocos días. “¿Recuerdas el Mundial 82, el de España? ¿Y a la Brasil que jugó ese campeonato?”, respondí. “Como para no olvidarlo, creo que este deporte me gustó por lo que ellos nos mostraron en ese verano del […]


14 de septiembre de 2009 Antonio Toca - Sportyou

“¿Qué es eso de la memoria selectiva a la que tanto recurres?”, me preguntaba un amigo hace pocos días.

“¿Recuerdas el Mundial 82, el de España? ¿Y a la Brasil que jugó ese campeonato?”, respondí.

“Como para no olvidarlo, creo que este deporte me gustó por lo que ellos nos mostraron en ese verano del 82”, comentó.

“¿Y la tarde de Sarriá?”, pregunté.

“Lo que llegué a llorar ese día. Creo que muchos niños españoles, aparte de España, eramos de Brasil. Fue una pena”, respondió.

“Pues eso”, señalándole con el dedo, “es la memoria selectiva”.

El término no habla o hace referencia a triunfos en campeonatos o títulos que se recuerden. Eso pertenece a la memoria histórica. Lo selectivo, por poner un ejemplo reciente, sería recordar qué hacíamos el día que España ganó la Eurocopa, y no que fue campeona. Memoria selectiva sería rememorar a la Holanda del 74, por traer otro recuerdo de alguien que sin ganar un campeonato está en la memoria de la afición por encima de quien realmente conquistó aquel Mundial.

Yendo a otros ejemplos en otros deportes, tendríamos a la selección española de baloncesto, y el regalo con que nos obsequió en la final olímpica de Pekín 08. También entra en juego el ejercicio de Gemma Mengual en la final de solo en los mundiales de natación de Roma 09, con la versión del ‘Yesterday’ a cargo de Ray Charles, que enamoró y emocionó tanto a la nadadora como al público que en la piscina pudo asistir al regalo. No consiguió el oro, pero en la memoria de la gente, ella fue la ganadora. En esa misma semana, sucedió en el Open Británico de golf otro milagro para recordar, que es con lo que nos obsequia la memoria selectiva, cuando un mito como Tom Watson, con sus 59 años, estuvo a punto de ganar el British 09 en Escocia. ¿Recordamos al ganador? Sólo el putt que no pudo meter en su último golpe Watson. La carrera de Natalia Rodríguez en Berlín, por la forma en la que se la vio, y lo que dio, tiene aquí su sitio…, como los 23 momentos más memorables en la carrera de Michael Jordan que ha sido recopilado en un excelente documento de la ESPN (y en esos momentos de Jordan, la mayoría no pertenecen a títulos).

A todos estos ejemplos, como la descalificación de Natalia Rodriguez, no sólo les unía la gratitud del aficionado en su recuerdo. Entraba en juego su ambición, o el peso de la misma. Quizás, todos ellos serían parte de la memoria histórica, si no hubiesen sido ambiciosos. Su meta estaba más allá. Con sus principios e ideales por encima del triunfo. No era ganar, sino como llegar a esa victoria. Y ese plus lo da el peso de la ambición. Injusto y traicionero en muchos casos, pero nunca olvidadizo. Ganas el recuerdo del aficionado, en la mayoría de los casos más agradecido que el que dictan los libros. Y eso es un bien que no tiene precio.

El problema viene cuando el peso de la ambición se convierte en poso y afecta a la memoria selectiva. Eso le está pasando a Maradona. Todos recordamos su gol en México, lo selectivo, empañada por su imagen mediática y su labor desafortunada como seleccionador, el poso. El mito perdió su estilo, o lo que le hizo llegar a donde llegó, como así le ha ocurrido a Messi en sus últimos partidos internacionales con Argentina. La memoria selectiva recuerda el juego del Barcelona de Guardiola, y el estilo de su propuesta llevado a cabo por el peso de la ambición de sus centrocampistas, incluyendo a Messi. Argentina no los tiene, y todo se ve afectado por el poso, que guarda el recuerdo, pero oculta la historia.

No ganar, pero jugando con la ambición, no es un fracaso. La memoria selectiva del aficionado es buena prueba de ello. Y a veces, sólo nos queda este bien tan preciado, como poco reconocido.

La liga de Internet

Aunque podríamos llamarla la liga del ocho, por los partidos que retransmitirá cada cadena de televisión del Real Madrid y el FC. Barcelona. Dicho esto, recojo un apunte muy interesante de Genís Roca acerca del hecho de que parece que el fútbol no necesita Internet. Él lo centra en el desinterés con el que las […]


5 de septiembre de 2009 Antonio Toca - Sportyou

Aunque podríamos llamarla la liga del ocho, por los partidos que retransmitirá cada cadena de televisión del Real Madrid y el FC. Barcelona. Dicho esto, recojo un apunte muy interesante de Genís Roca acerca del hecho de que parece que el fútbol no necesita Internet. Él lo centra en el desinterés con el que las estrellas mediáticas de nuestra liga de fútbol se mueven por las redes sociales. ¿Qué supone esto? Desaprovechar el filón que en realidad es el canal universal llamado Internet. Con una evidencia: están perdiendo el contacto con los que de verdad importan, los aficionados. Todo lo contrario de lo que está ocurriendo en USA, donde muchas grandes estrellas deportivas han reconocido la utilidad y la valía de por ejemplo twitter (Lance Armstong, Shaquille O’Neal o Andy Roddick, que además son muy buenos en el manejo de esta herramienta).

Este ejemplo dado por los jugadores lo traslado al pago por visión de nuestra liga, y a una realidad: la liga 2009/10 será la liga de Internet. Aquella que motivará que muchos espectadores con poca paciencia, por falta de comunicación a cargo de quienes poseen los derechos de retransmisión y a que uno de los canales tiene la cobertura en pañales, recorran y pregunten cuáles son las buenas páginas de Internet donde poder ver los partidos gratis, bien por P2P o bien en streaming (al menos aprendan cómo poder ver fútbol por Internet sin tener que descargar un programa y con sólo abrir el navegador).

¿Por qué digo esto? No es que descubra el oro de Moscú, pero pensemos en lo siguiente. Si queremos seguir por televisión todos los partidos del Real Madrid o del Barcelona, tenemos que ver La Sexta, Canal Plus, y suscribirnos a Canal + Liga y a Gol TV. No es que ver la liga nos cueste 15 euros. Es que ver los partidos de los dos grandes (los únicos que interesan, al contrario de la fórmula de la Premier, donde todos los partidos en per pay view mueven audiencia), en realidad nos cuesta un mínimo de 30 euros, más el estar suscritos a varias plataformas.

Gol TV se ha empeñado en la TDT de pago, sin tener cubierta la distribución, como se pudo ver en el último partido de liga del Barça, el mismo que vieron por televisión cuatro gatos. La solución la tienen en las plataformas de cable (ONO, Imagenio, Orange…), porque, y uno puede pensar eso, quien tiene ADSL y es aficionado al fútbol, lo mismo no le importa pagar un plus para ver a su equipo a través de una conexión telefónica. Sin embargo, ahí está el truco, la universalidad que nos trae la red de redes, que como las parabólicas, nos permite ver los partidos a través de cualquier canal internacional que lo retransmita.

No es la misma calidad, cierto, en cuanto a Internet, pero en este punto estamos hablando de poder ver el partido, algo que en determinadas ocasiones, por esta liga, a algunos no les será posible por la televisión (anotando que si se tiene buena conexión es posible ver varios partidos a la vez en varias ventanas, sólo depende del ancho de banda).

Cuando se compraron los derechos, se ignoró la posibilidad que nos ofrece Internet, algo de lo que ahora sí se ha dado cuenta TVE y el Plus con algunas de sus retransmisiones. La primera emitiendo el Tour en directo por su página web. La segunda, con la opción de los micropagos siendo ya abonado. Y es esto último lo que también debería haber valorado Gol TV, algo que responde a unas simples preguntas: ¿Cuántos españoles tienen ADSL en sus casas? ¿Cuántos pueden ver el fútbol por canales alternativos? ¿Pagaría algo por ver a mi equipo? Si el producto es bueno, y el micropago interesante, la liga de fútbol, pese a quien le pese está en Internet. Tal y como ocurrió el año pasado con la Champions. ¿Y mientras? Las radios frotándose las manos, y la venta de entradas en taquilla disparando su precio. ¿Quién dijo que Internet era el enemigo?

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La censura a los fans en Internet, poniendo puertas al campo

Toda persona con un teléfono móvil con cámara (fotografía y vídeo) y una conexión a Internet, puede, usando herramientas como Twitter, convertirse en un reportero a tener muy en cuenta, si es hábil con lo que tiene entre manos. De hecho en Estados Unidos el fenómeno está alcanzado su mayor cota de popularidad, hasta el […]


25 de agosto de 2009 Antonio Toca - Sportyou

Toda persona con un teléfono móvil con cámara (fotografía y vídeo) y una conexión a Internet, puede, usando herramientas como Twitter, convertirse en un reportero a tener muy en cuenta, si es hábil con lo que tiene entre manos. De hecho en Estados Unidos el fenómeno está alcanzado su mayor cota de popularidad, hasta el punto de que muchas de las fuentes sobre resultados o partidos provienen de los propios fans de los equipos. Yo, que ahora mismo no entiendo la información en Internet sin compartirla a través de Twitter, por seguir con el ejemplo de uso de esta herramienta social, me asombro con las decisiones que adoptan ciertas competiciones y organismos a la hora de poder disponer de su uso. Es decir, la era de la censura y la ley seca vuelven por sus fueros. ¿Cómo se ven ahora términos como la propiedad, el libre uso y el sentido común? Dependiendo de si los mismos apuntan a determinados bolsillos.

Suelo referirme a la ceguera que afecta a los dirigentes que no quieren ver cómo Internet suma en vez de restar en la manera de conocer mejor su deporte, de compartir y de dar juego a los seguidores para conversar. Puedo entender, aunque me cuesta, que quieran hacer efectivos sus derechos, pero delimitar el uso que del mismo hagan los aficionados, que son quienes alimentan su negocio, clama al cielo.

Resulta que la ESPN (la cadena de deporte con mayúsculas en EE.UU.) no permite a sus empleados hacer uso de Twitter sino es para comentar cosas sobre la ESPN. Que hay equipos de fútbol americano que, a través de sus directores deportivos y con el apoyo de los entrenadores, no permiten a sus jugadores tener cuentas en Twitter porque no pueden controlar lo que estos digan o compartan con la prensa o sus fans cuando éstos les preguntan. ¿Recordáis cuando Capello prohibió el uso de los teléfonos móviles en las concentraciones y exigía que estuviesen apagados? ¿Os imagináis a los jugadores de fútbol tuiteando? De hecho, se habla de no romper la concentración de los jugadores, que estos sólo mamen su deporte, y que no se les escape alguna noticia reseñable que no esté controlada por el área de comunicación del equipo (el apunte va más allá, y hace referencia a la poca confianza que ciertos deportistas de fútbol americano tienen entre los que les dirigen, que apunta directamente a la inteligencia de estos y a su bravuconería).

Lo curioso, sin embargo, es que grandes iconos deportivos del deporte americano como Shaquille O’Neal o Lance Armstrong, tienen su propio Twitter, y creen en la herramienta, hasta el punto que les hace la labor de página oficial en Internet. Allí sueltan lo que piensan, aunque a veces tengan que controlar lo que digan por la notoriedad de su persona, conversan con sus fans, dan primicias y se enteran de noticias que les incumben incluso antes de que les llegue la información por los cauces oficiales. Shaq ha sido un ejemplo, que ha provocado que dentro de la NBA, Twitter esté implantando tanto a nivel de jugadores, como equipos NBA, y entrenadores (otra cosa es cuánto lo actualicen).

Pero, regresando a la idea original de esta entrada, ese tabú y prohibición que implica su uso a cargo de los fans, en el fútbol americano universitario, la Southern Conference, ha emitido un comunicado anunciando la prohibición de que sus fans puedan distribuir imágenes y vídeos de sus partidos en tiempo real para uso comercial. Es decir, cumples el derecho de pagar una entrada para poder disfrutar el partido y no puedes tomar imágenes para tu consumo, ya que seguramente algún medio rastreando por Internet haga uso de las mismas para acompañar sus informaciones (todo esto me suena al manido debate de la piratería y el P2P).

Y ahí no acaba la cosa, porque en el fondo, el objetivo final es controlar toda la información que sobre los programas deportivos de las diferentes universidades de esa conferencia se produzcan. ¿Por qué? Al periodista le ponen cara y le pueden controlar, pero al aficionado que tiene la libertad para expresar sus pensamientos en su medio, no, y eso, con la mentalidad del siglo pasado, provoca terror. ¿La verdad oculta en todo esto? El dinero y la ESPN, que ha comprado los derechos de una competición a la que quiere convertir en otra NFL.

La guerra está declarada, sólo cabe esperar cómo se irán revelando los internautas, fans, aficionados… aquellos que son quienes de verdad dan vida a todo deporte que triunfa. Si esto sucede en EE.UU., viajemos a Europa y al fútbol, y preguntémonos cuánto tiempo se tardará en aplicar estas restricciones. Al final pasará, como en cualquier pase de prensa de una película: que deberemos dejar todos nuestros gadgets a buen recaudo en la puerta. Y ahí vendría mi crispación, ¿no se supone que pago por ver un espectáculo y ese derecho me permite hacer lo que quiera? De momento, nos libramos, pero no pondría la mano en el fuego.

Vía | The New York Times

La verdad del futbolero

Es algo que piensa todo aquel aficionado del fútbol, una verdad que en realidad encierra una mentira, fortalecida por el tratamiento de las televisiones, como se está viendo en la retransmisión que está llevando a cabo TVE con el Mundial de Atletismo. El pasado fin de semana, poco antes de la final de 100 m […]


22 de agosto de 2009 Antonio Toca - Sportyou

Es algo que piensa todo aquel aficionado del fútbol, una verdad que en realidad encierra una mentira, fortalecida por el tratamiento de las televisiones, como se está viendo en la retransmisión que está llevando a cabo TVE con el Mundial de Atletismo.

El pasado fin de semana, poco antes de la final de 100 m lisos, y a la espera con lo que Usain Bolt pudiera obsequiarnos, Paco González realizó la siguiente afirmación en su Carrusel Deportivo: “A los que nos gusta el fútbol, nos gustan todos los deportes”. Y esa es la verdad, que no es mas que ponerse una venda en los ojos, que se creen los fanáticos del fútbol, y por añadidura muchos de los periodistas deportivos de este país (aquellos que sólo hablan de fútbol, porque sólo les gusta el fútbol). En realidad, al buen aficionado al fútbol, y esta es una especie que no abunda (ojo no confundir con forofo), no le gustan los otros deportes, porque sólo les gusta el fútbol.

La afirmación de Paco González debería realizarse al revés. No se trata de decir que como me gusta el fútbol, me gustan el resto de deportes. Ni tan siquiera, estableciendo otra relación lógica, si me gusta el futbol, me gustan los otros deportes. La ecuación lógica es al revés, como me gustan todos los deportes, también me gusta el fútbol.

Esto es así, lo de la verdad del futbolero, porque no llega a comprender las reglas que mueven el resto de los deportes. El aficionado al que se refería en su afirmación Paco González era aquel que se mueve hacia otros deportes porque hay un acontecimiento puntual que le llama la atención, y no porque le gustan todos los deportes en general.

En el ejemplo de la carrera de Usain Bolt, tenemos lo que quiero comentar. ¿Se hubiera acercado a verla el futbolero si no creyese en la posibilidad de ver algo espectacular? Lo que estoy diciendo con este ejemplo, también es aplicable a Fernando Alonso, Rafael Nadal o la selección española de baloncesto. Fuera de eso, ese mismo aficionado al fútbol, no se sentará delante de una televisión a seguir todas las competiciones de este Mundial de Atletismo, a ver cualquier partido de un Master 1000 de tenis donde no juegue Nadal, o a disfrutar de una carrera de Fórmula 1 en la que Alonso no tenga nada que decir. En cambio, los verdaderos aficionados a los deportes, sí se sentirán interesados por seguir un partido de fútbol, pese a que no juegue el equipo del que sea aficionado.

¿Por qué esa venda en los ojos? ¿Qué factor es el que motiva que suceda todo esto? La respuesta está en la cobertura que realizan los medios de todo aquel deporte que no sea el fútbol. Sólo vende lo mediático. Es decir, algo puntual, y el fútbol. Es así porque es lo que han establecido las televisiones, o el reino del papel couché.

Lo que está haciendo TVE con la cobertura del Mundial de Atletismo es tan demencial, que los pocos futboleros que se hubieran enganchado a descubrir este deporte, han salido despavoridos. Metido con calzador en la parrilla de programación, cualquier retraso en la competición motivaba su salida del directo. Sólo lo mediático, la carrera de Bolt, motivó que la programación se viese retrasada…

Es un grito desesperado este mismo que realizo. Porque a día de hoy, o eso piensan los futboleros y los dirigentes miopes de las televisiones de este país, que TVE retransmita los Mundiales de Atletismo son lentejas. Sin embargo, esta verdad encierra de nuevo una falsedad. Gracias a Internet, la televisión no se limita a la pantalla de un televisor, ni a las cadenas nacionales. El deporte general, siempre universal, ha traspasado sus limitaciones, aquellas impuestas por terceros… Sólo es cuestión de tiempo, que estas dos verdades dejen de serlo, y que la venda en los ojos de los futboleros termine por desaparecer.

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El efecto Bolt

Las competiciones de atletismo, cada periodo de cuatro años (refiriéndome a Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo y Europeos o competiciones continentales como los Panamericanos, los Pan-Pacíficos o los Juegos de la Commonweatlh….), siguen una línea en forma de dientes de sierra, con los picos en el año olímpico, y el valle en el año sin […]


19 de agosto de 2009 Antonio Toca - Sportyou

Las competiciones de atletismo, cada periodo de cuatro años (refiriéndome a Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo y Europeos o competiciones continentales como los Panamericanos, los Pan-Pacíficos o los Juegos de la Commonweatlh….), siguen una línea en forma de dientes de sierra, con los picos en el año olímpico, y el valle en el año sin mundial. Partiendo de este dato, la regresión en cuanto a marcas o picos de forma a los años previos al mundial pre-olímpico a cargo de los deportistas es razonable. Sin embargo, desde hace un tiempo la presencia de atletas destacados o deslumbrantes, por su ausencia, es alarmante, hasta el punto que aquellos atletas veteranos que sepan remar en esta situación van a poder sacar tajada a tanto años de esfuerzo y dedicación. Esa es la realidad, sólo alterada por la aparición del efecto Bolt (de su magnetismo únicamente se libran Bekele e Isinbayeva, aunque estos dos al menos ya han demostrado que son humanos).

El efecto Bolt hace referencia a varias variables. La primera, a la competición en sí. ¿Qué habría sido del Mundial de Berlín sin su presencia? ¿Habría algo de verdad para recordar si el jamaicano no le da por seguir entrando en los libros de historia? Su marca del domingo en los 100 m lisos, por lo menos, ha logrado salvar estos mundiales. Durante un día, el atletismo fue el foco de atención en todo el mundo (algo que sólo logró Phelps con la natación en la final de 100 mariposa de los pasados mundiales, y porque bajó de los 50 segundos con un bañador de los antiguos).

La segunda variable del efecto Bolt hace referencia a las marcas alcanzadas. Cierto que está obligando a los científicos a desmontar todas las hipótesis que habían realizado hasta la fecha. Se pensaba “x” y Bolt ha demostrado que no. Que si se dan las condiciones naturales junto al sacrificio del entrenamiento, el límite aún es desconocido (se apunta que el de Bolt está en 9,49). Llegados al límite, ¿cuánto se tardará en superar las hazañas del jamaicano? ¿Cuánta regresión habrá con respecto a los 100 m con las marcas? La idea de lo que planteo se puede ver en las mujeres. Florence Griffith asombró en Seúl 88 con unas marcas alucinantes en 200 m, y sobre todo en 100 m. Sus 10,49 siguen ahí como record mundial 21 años después, y la sensación es que el mismo va a seguir en la tabla otros 10 años. Nadie se ha acercado a esa marca salvo Marion Jones, y a distancia. Hoy es raro que una mujer baje de 10,70. A día de hoy, sabemos que cuando Bolt se retire, los 100 m se quedarán estancados por mucho tiempo.

Una tercera variable hace referencia al resto de los atletas (uno apuntaría a los humanos, la verdad). A las motivaciones en aquellos  que tienen la calidad de los campeones, y que sólo van a poder ser los Poulidor del atletismo. El daño en Tyson Gay, por dar un nombre, es importante. Bolt necesita de alguien que le exiga conocer sus límites, como hizo el americano. Sin embargo, a Gay se le ha levantado un muro muy doloroso, por reconocido y asumido. Todo sacrificio, esfuerzo o dedicación que haga en entrenamientos o en competiciones, no le servirán de mucho ante el talento natural o la perfección del cuerpo del jamaicano. Habrá grandes atletas que buscarán otras miras o otros deportes, simplemente porque no querrán ser los eternos segundones. Allí será donde pescarán los jornaleros de la velocidad. Esperando el milagro de un año de lesiones de Bolt.

Para terminar con una última variable, tenemos la cuestión económica. Ésta hace referencia también a la primera variable apuntada, en cuanto al número de estrellas mundiales del atletismo que existen en la actualidad. El jamaicano va a marcar el límite salarial por evento en la Golden League. Todos querrán verle en sus pistas. Los aficionados verán con recelo y en la distancia el que los organizadores no le hayan convencido para correr. Sus emolumentos, altos (este año Bolt cobraba 250.000 dólares por competición, tras los 9,58, ¿cuánto habrá subido su caché?), afectarán a la calidad media de otras pruebas. Poco importará, si viene lo que el público demanda. De esa dicotomía / problema sólo se salvarán la catedral del medio fondo, Oslo, y el santuario de las competiciones veraniegas, Zurich. ¿El resto? A echar cuentas. Por hacer de futurólogo, algo me dice que el año que viene, entre las pruebas escogidas para formar parte del reparto de premios de la Golden League, aparecen los 100 m lisos, o los 200 m, si el jamaicano no bate el récord del mundo este jueves. Todo por encontrar el incentivo necesario para asegurarse la presencia del único atleta que puede atraer al público.

Como se puede ver, la grandeza de Bolt y lo que está alcanzando, tiene su contrapartida peligrosa. Cierto que ahora mismo, lo que cuenta es disfrutar del presente. Pero habrá un día que el jamaicano se cansará, y la fuerza del efecto Bolt será más acusada de lo que aquí se asume. Hay más atletismo y un futuro que proteger. ¿El miedo? Que el público le da la espalda a este deporte. Y todo porque un día un fenómeno jamaicano nos hipnotizó con su efecto. Donde unos alcanzan sus metas a base de dedicación y sacrificio, otro lo logra, principalmente, con su enorme talento natural… Y eso siempre desmoraliza.

La economía del feeling

Lo que no fueron capaces de hacer ni Laporta ni Txiki en un mes con el caso Eto’o, lo hizo Guardiola en 45 minutos de una rueda de prensa. Apeló al feeling y al olfato para indicar por qué no lo quería, y de ese feeling y sus interpretaciones, se desbloqueó el problema. Sin embargo, […]


8 de agosto de 2009 Antonio Toca - Sportyou

Lo que no fueron capaces de hacer ni Laporta ni Txiki en un mes con el caso Eto’o, lo hizo Guardiola en 45 minutos de una rueda de prensa. Apeló al feeling y al olfato para indicar por qué no lo quería, y de ese feeling y sus interpretaciones, se desbloqueó el problema. Sin embargo, dejó Guardiola varias puertas abiertas en su reflexión que dieron lugar a pensar y mucho en lo que había por detrás. La economía del feeling había entrado a formar parte de las transacciones y las negociaciones entre clubes a la hora de fichar a jugadores. El “business” sin marketing, con los jugadores como producto. Sin sentimientos, sólo mercado y como moneda de cambio, sin importar el amor a unos colores. A eso apela la economía del feeling, y Guardiola lo sabe porque lo vivió justo la temporada en la que se despidió del FC Barcelona.

Escribí hace ya tiempo lo siguiente acerca de la rebeldía de un jugador de fútbol cuando de cambiar de aires se trataba:

“En rebeldía podría definirse como el acto por el que un jugador, con su actitud, se enfrenta a su club para cambiar de aires bien porque le atraen los cantos de sirena de un gran equipo deseoso de tenerlo en sus filas, bien porque no le gusta el trato que está recibiendo por parte de la directiva o el entrenador, en la mayoría de los casos por no sentirse suficientemente valorado en lo económico, o porque extraña sus orígenes, y considera que le es más conveniente cambiar de aires, o bien, contrariamente a lo que piensa el cuadro técnico, porque decide quedarse para demostrar que tiene hueco en la plantilla, etc… Todas estas posibilidad con un espectador de fondo: el dinero”.

Como todo negocio cada nueva temporada se deben hacer cambios. Lo normal es que suceda lo que en las líneas anteriores comentaba, lo raro es que se dé un ejemplo como el del feeling. ¿Cuánto se puede valorar, en cifras, el costo de la economía del feeling? Apelemos a los números de la tabla, donde se explican los datos de la venta de Eto’o al Inter de Milán (en realidad, y aunque se ha valorado al camerunés en 20 millones, el precio real de la venta es de 30 millones, y con ese dato se ha hecho el análisis).

La tabla está dividida en 6 columnas:

  • La primera hace referencia a cada uno de los años que Eto’o ha formado parte de la plantilla azulgrana.
  • La segunda columna hace referencia a la inflación anual, dato necesario para valorar al jugador en precios constantes, o para saber el valor real de Eto’o cada año, tomando como base el precio pagado por el FC Barcelona cuando le ficho del Mallorca.
  • La tercera columna indica la revalorización anual del jugador. Cuanto aumentó el valor de Eto’o según los logros que alcanzaba a título induvidual y colectivo cada campaña. Hay dobletes, tripletes, Champions, goles y lesiones, a las que se les ha asignado un % (es orientativo, pero dado el resultado final, creo que lo aplicado se acerca bastante a la realidad).
  • La cuarta columna indica el valor de Eto’o sumando la inflación anual.
  • La quinta columna nos indica el precio real de Eto’o sumando a la anterior columna el valor de su revalorización anual.
  • La sexta columna explica cuánto hubiera sido el precio de Eto’o en 2003, pagando los 30 millones que se han pagado en el traspaso. Es decir, nos explicaría el importe real que habría ganado el FC. Barcelona con su venta.

Pues en esas columnas está explicada la economía del feeling. Cierto que han obtenido a Ibrahimovic a cambio, pero la sensación es que el feeling ha costado al Barcelona 15 millones de euros. Esos millones son los goles, los quebraderos de cabezas que provocan en el cuerpo técnico, jugadores tan personales como el camerunés, la implicación en los partidos, etc… Sin duda, al final será el trueque de jugadores quien determine o haga olvidar esa importante cantidad que Guardiola regaló con su comentario en la rueda de prensa, y sólo fue que dijo, ¡basta!. Eso son cosas de la directiva, cierto, pero a veces conviene mirar la economía al completo y no sólo apelar al feeling.

Para terminar, dos apuntes: ¿Es el sueco el fichaje más caro de la historia del FC. Barcelona? Habría que anualizar los precios pagados por Maradona y por Cruyff en su momento, porque Alves no era el fichaje más caro en la historia del club, como sucede con el fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid (fue más caro Zidane); ¿El valor del fichaje de Cesc es de 30 millones de euros, 5 por cada año de los 6 que ha pasado de formación en el Arsenal? ¿Vale lo mismo un año de Cesc en 2003 que en 2008? Me parece que la economía del feeling apunta hacia otras direcciones, y no es un apunte tan simple como lo quiere dar a conocer la directiva catalana.

El País | Feeling

Las repercusiones de la guerra del hotel

Guerras, batallas y escaramuzas. Durante este Tour ganado con poderío, Alberto Contador tuvo que disputar dos guerras, la de la carrera y la del hotel; varias batallas en la carretera, perdidas y ganadas, como Verbier y La Colembiere; un golpe de autoridad, como Waterloo para Napoleón, con la contrarreloj de Annecy; e infinidad de escaramuzas […]


26 de julio de 2009 Antonio Toca - Sportyou

Guerras, batallas y escaramuzas. Durante este Tour ganado con poderío, Alberto Contador tuvo que disputar dos guerras, la de la carrera y la del hotel; varias batallas en la carretera, perdidas y ganadas, como Verbier y La Colembiere; un golpe de autoridad, como Waterloo para Napoleón, con la contrarreloj de Annecy; e infinidad de escaramuzas que a modo de guerra psicológica emplearon las nuevas tecnologías y el twitter de rigor, obstáculos para el único objetivo que se había impuesto. Ganada la guerra, realizó Contador la declaración del triunfador, poniendo los puntos sobre las íes, y dejando escapar toda la tensión acumulada con esa afirmación de caminos separados con la que cerró su rueda de prensa.

Ayer, por el Mont Ventoux, la “colina” en la Provenza francesa o el paisaje lunar desde la que se puede ver París, el ciclista de Pinto quiso engrandecer su triunfo. No sólo era compañerismo, mal disimulado, sino cumplir los designios del ciclismo de siempre, del antiguo sin pinganillos, aquel que asigna el valor de un triunfo según los ciclistas que te acompañan en el podio de los Campos Elíseos.

Por primera vez en diez años, Lance Armstorng tendrá que esperar a una fotografía histórica, y a la petición de otro ciclista para que le acompañe y suba con él al lugar del primero. Para alguien tan orgulloso como el tejano supone la primera afrenta en la nueva guerra abierta entre los dos ciclistas de cara al nuevo campo de batalla: Tour 2010. Contador lo sabía, había tejido su plan la víspera, y por eso no quiso ganar ayer la etapa.

Piensa Armstrong, que no tiene en cuenta la reflexión anterior, ni la trampa encubierta que encierra su acceso al podio, que ahora independizado, junto a su inseparable Johan Bruyneel (todo se lo debe a Lance, cierto, pero aquí ha dejado escapar el caballo ganador), tendrá libertad para hacer frente a Alberto, que ahora deberá atender a otros frentes más allá de la carrera y la carretera. En su cabeza, desde Verbier, ha estado analizando las razones de su derrota, y planificando en consecuencia, sin atender a sus sensaciones. El hecho de que tras tres años fuera de competición, haya sido capaz de ser tercero, sin entrenamiento de calidad, o como el dice, con errores de preparación que han afectado a su fondo, y corrigiéndolos, será capaz de ganar en 2010 el Tour, con un equipo entero a sus órdenes y poderoso. Sin embargo, aquí vienen las señales contrarias, los pasos a nivel que la edad y los jóvenes campeones convierten en muescas que van limando la confianza y el físico de los viejos.

Si miramos al atletismo, por poner un ejemplo de otro deporte que vive de la individualidad, una de sus grandes leyendas, Gebreselassie, tuvo que rendirse a la evidencia que su delfín, Bekele, era más rápido y más fuerte, y lo aceptó, aunque fuese en unos Juegos Olímpicos. La edad afecta a la recuperación, y ésta a la acumulación de esfuerzos. La carretera marca la carrera y también su dificultad y nivel de exigencia. Y este Tour 2009 sólo ha tenido una etapa de las de toda la vida, de Tour de verdad, con 4 puertos que marcaron tiempos entre los ciclistas. El ‘tran tran’ de las dos primeras semanas anestesió la carrera, pero por el simple motivo de que, en la carretera, el más fuerte estaba con Armstrong. Si eso no hubiera sido así, y el tejano hubiese sido rival de Contador, en La Colembiere el tiempo perdido habría sido mayor, porque Alberto hubiera entrado a relevar, como ayer en el Mont Ventoux, donde tanto Andy Schleck como él hubieran abierto más camino, y seguramente un tercero se hubiera terminado aprovechando.

Psicológicamente, al revés que los Anquetil, Mercx, Hinault e Indurain, Armstrong ha aceptado su primera derrota. El pasado, en cambio, sigue demostrando lo contrario. Hasta el ‘Caimán’, por Hinault, tan orgulloso o más que el de Austin, se tuvo que rendir ante Lemond, al que pudo escatimar su último triunfo en Francia con una dádiva envenenada, que el americano le devolvió al año siguiente, y que motivó la retirada del último ganador francés de la carrera. A estos grandes campeones no les valía ni ser segundo o podio. Armstrong tenía, por este año, la excusa del que regresa, de su autoestima y valor competitivo, como el Michael Jordan del primer regreso, quien sabía que aún era el mejor, pero no es el caso. Y esos apuntes, no hacen más que sembrar dudas, que sólo el diseño del Tour 2010 despejará y será testigo.

Armstrong, el año que viene, será como el Jordan del segundo regreso, prepotente, creyéndose el mejor, sin mirar la edad del carnet, y sin valorar que a su alrededor hay alguien, baloncestista, ciclista o deportista, mejor que él. La inmortalidad no dura toda la vida. Quizás es eso lo que buscan las leyendas del deporte, sentir la derrota y la mortalidad que les quite el gran peso de su cabeza. Aunque hay un clavo ardiendo al que Lance se agarra. Aquel axioma del ciclismo que dice que todos los grandes campeones tienen ocho grandes vueltas por etapas en sus piernas. A Lance le falta sólo una, en teoría. ¿El problema? Que enfrente tiene a un ciclista de 26 años, tan hambriento, cabezón y duro como él, al que le quedan otras cuatro rondas francesas en las piernas, como mínimo, y que ahora mismo tiene el estigma de la imbatibilidad, de saberse el mejor, en sus piernas y en su cabeza. Y ahí es por donde Alberto Contador va camino de la leyenda. Bebiendo de las fuentes del ciclismo del romanticismo, de la antítesis que defiende Lance. De regresar al lugar que este deporte nunca debía haber abandonado. Y a eso, también nos agarramos los aficionados.

Del pinganillo al aburrido cerebro del ciclista

La dirección del Tour impuso una jornada sin el uso del pinganillo entre los equipos, buscando llevar al ciclismo a sus orígenes, al universo de los años 80, los tours donde mandaban los corredores y sus instintos, de los ataques largos y la lucha sin cuartel en todo el recorrido. Sin embargo, el ciclismo como […]


18 de julio de 2009 Antonio Toca - Sportyou

La dirección del Tour impuso una jornada sin el uso del pinganillo entre los equipos, buscando llevar al ciclismo a sus orígenes, al universo de los años 80, los tours donde mandaban los corredores y sus instintos, de los ataques largos y la lucha sin cuartel en todo el recorrido. Sin embargo, el ciclismo como tal ha cambiado, se ha industrializado porque alguien ha comprobado que ese modelo funciona (piensen en Lance Amstrong, y valoren cómo de buena ha sido su aportación a este deporte). Como decía Henry Ford cuando creó su empresa, el problema de sus trabajadores es que vienen con cerebro y yo quiero sólo sus brazos. Y empiezo a pensar que los directores y los mandamases de los equipos es justo lo que quieren o buscan, sólo dos piernas sin cerebro, del resto ya se encargan ellos, para eso tienen el pinganillo..

El ciclista romántico, escuela a la que se apunta Contador, alma libre encorsetada en la estructura de un equipo que controla todo, hasta el tran tran al que debe moverse el pelotón, reniega de los pinganillos, y sueña con el ciclismo que le han contado sus viejos amigos en sus entrenamientos, esperando movimientos, ataques, algo de vida y rebelión entre sus enemigos. Pero éstos no llegan, convirtiendo las expectativas del inicio de carrera, en el tedio y el aburrimiento que ellos no querrían. El ciclista de Pinto sabe que si eso se da, se arrastrará a los espectadores a las pantallas de televisión. En caso contrario, estarán enseñando a sus sufridos seguidores el camino al descanso siestero, ese que trae impuesto el pinganillo industrial.

Los corredores se rebelaron contra su ausencia, mostrando que tienen cerebro, aunque en realidad estaban engañando con su predisposición, por el riesgo que supone correr sin él, dicen. Las viejas glorias, ciclistas de leyenda, se ríen de la afirmación, y más, cuando muchos de ellos, ni en carrera lo llevan puesto (la imagen elocuente de Hincapié, colocándoselo al cruzar la meta en la etapa de hoy indicando a su director el tiempo que tenía para ser líder de la carrera). Ellos, por las viejas glorias, en base a su experiencia, en cambio hablan de sensaciones, de cosas dictadas por su cabeza, del viejo ciclismo, el de los románticos, donde cada ciclista luchaba por defender su carrera, y darlo todo hasta desfallecer. Daba igual ser octavo que trigésimo, repiten con la sabiduría que dan los años, de esos, por ser octavo, luego no se acuerda nadie. Hoy, ser el sexto, parece ser un triunfo y valer su peso en oro, dicta el pinganillo.

Los libros demuestran otra cosa, recordará Bahamontes. La realidad vista de diferente manera. Como aquella tarde de 1992, camino de Sestrieres, en la que Chiapucci se negó a dejarle ganar a Indurain un nuevo Tour sin luchar, atacando de salida, en una escapada de 200 kilómetros, con cinco colosos alpinos en la ruta, y sin pinganillo, sólo a base de sensaciones. No tumbó al navarro, aunque ganó la etapa y el agradecimiento de la afición. Entró en la leyenda. Fue el triunfo del ciclismo romántico frente al industrializado. De la memoria selectiva frente a aquello que marca el dato estadístico.

Hoy queda el Mont Ventoux, como el año pasado fue Alpe D’Huez. Ni rastro de los cinco colosos que Chiapucci se encontró camino de la estación italiana. Fueron los corredores los que hicieron dura la carrera, cierto. También tuvo culpa la hoja de ruta. Ahora no se cumple ninguna de esas premisas. Que sigan con su pinganillo. Mientras, recuperaré los libros, aquellos que recogen las hazañas de ciclistas de otra época. Nada más que el ciclismo vivo que los aficionados soñamos recuperar.

… Y Wimbledon perdió su esencia

Parece que no, pero es así. En los siete últimos años el mismo jugador en la final, Roger Federer, y poca variación en el rival más allá de Rafa Nadal y Andy Roddick, que ha aprovechado la ausencia del mallorquín. Se repite también la eliminación de un británico en semifinales. Parece que se repiten las […]


5 de julio de 2009 Antonio Toca - Sportyou

Parece que no, pero es así. En los siete últimos años el mismo jugador en la final, Roger Federer, y poca variación en el rival más allá de Rafa Nadal y Andy Roddick, que ha aprovechado la ausencia del mallorquín. Se repite también la eliminación de un británico en semifinales. Parece que se repiten las cosas, o eso creemos. Sin embargo, Wimbledon ya no es el torneo de hierba. Ha perdido la esencia: la lluvia y el tiempo cambiante, los partidos maratonianos de varios días con interrupciones, y el contraste de jugadores de saque y volea frente a restadores. ¿La culpa? Dejando fuera a Federer y a los jugadores, del techo corredizo de la central y sus 117 millones de euros de coste.

Uno no puede sentirse orgulloso ante el despliegue de medios que supone ese techo que empieza a cubrir la pista central para proteger la hierba de la lluvia y que los partidos se puedan seguir jugando. Supone plegarse a los compromisos comerciales, a las televisiones, a quien manda hoy en día en el mundo del deporte. Y todo eso implica, que no importa la historia y la tradición, ni lo que supone jugar en Wimbledon. La cubierta cambia las cosas, hasta el punto de convertir en sauna una tarde nublada.

Al menos quedan las fresas, o la colina de Henman, allí donde los pocos pudientes pueden seguir los partidos de sus ídolos. A ellos la lluvia no les da respiro. Dinero y deporte, en desigual disputa. La esencia de las tradiciones y el peso de la historia de un torneo legendario. ¿Y todo para qué? Ahora a esperar que Federer entre en la historia y cumpla su sueño. La ausencia de Nadal le ha desbloqueado, no hay más secreto. En frente, un americano que regresa, Roddick encomendado al espíritu de Connors. Pese a eso, la cubierta le ha hecho un flaco favor a la historia de este torneo.

De Wimbledon, Federer y el “mago” Santoro

Claro que a mí de chico me encantaba ganar, y hacía todo lo posible para ello, pero siempre desde el respeto, y el disfrute. Disfrutar aunque no siempre ganes. Nosotros no teníamos la ambición de ir a unos Juegos Olímpicos, porque no teníamos esta información. Yo no soñaba con ser ésta o aquella estrella, sino […]


28 de junio de 2009 Antonio Toca - Sportyou

Claro que a mí de chico me encantaba ganar, y hacía todo lo posible para ello, pero siempre desde el respeto, y el disfrute. Disfrutar aunque no siempre ganes. Nosotros no teníamos la ambición de ir a unos Juegos Olímpicos, porque no teníamos esta información. Yo no soñaba con ser ésta o aquella estrella, sino con parecer a mi hermano mayor, porque eso era lo que veía. Hoy lo más peligroso es que no es el niño el que sueña, sino el padre. A mí, mi padre no me contó lo que le había dicho mi primer entrenador (“nunca he visto nada igual en waterpolo, tiene 12 años y ya sabe más que yo”), no me lo dijo hasta que fuí el waterpolista Estiarte, Manel Estiarte.

Es el torneo que muchos jugadores odian, por tener que jugar sobre hierba, pero que ninguno se quiere perder. Las palabras de Estiarte me hacen pensar en el torneo londinense, y allí, en Federer y en Fabrize Santoro. Ambos ejemplos para los jugadores jóvenes, a su manera, sobre todo el francés que ha jugado su último partido en Londres, y a quien el suizo admira, por lo que significa en este mundo del tenis tan industrializado.

Santoro ha entendido siempre un partido de tenis, como el juego del ratón y el gato. Él no disponía de las armas de sus jóvenes rivales, pero a base de golpes liftados y otras triquiñuelas, conseguía engatusar a sus rivales y al público. Los jugadores le pusieron el mote del “mago”, porque eso era lo que hacía en una pista de tenis, sacarse golpes de la chistera. Con Santoro nunca llegabas a ver golpes planos a la línea, no, lo suyo era el punto trabajado, buscando el arte con su raqueta como el cincel lo hacía sobre una roca. Bien ha hecho Federer en recordar su retirada. El homenaje rendido de la estrella. Se lo merece.

Lo del suizo en la central de Wimbledon, también es arte. No corre, flota. Ni golpea, al contrario, dibuja ángulos con su derecha. Va de puntillas, sin apenas despeinarse, sacando sus partidos con la facilidad de alguien que disfruta con lo que hace. En una semana de juego, el suizo da una sensación de superioridad que asusta, más, cuando no se atisba nadie en el horizonte que tan siquiera pueda hacerle frente. Va camino del récord de los 15 Grand Slam, de su sexto Wimbledon, de la historia. Correcto, pero verle jugar sobre la hierba de Londres es rendirse a la evidencia: pasen, vean y disfruten. Durante algunos puntos de sus partidos, estamos cerca de la perfección en una pista de tenis. Y él, sin negarlo, echando de menos a Nadal, al otro jugador, Santoro aparte, a quien admira. En el fondo, tributo a dos genios.

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Nadal y el público: matices a unos silbidos sin importancia

Esto es una réplica a la entrada de Frédéric Hermel donde daba su punto de vista sobre los silbidos a Nadal en Roland Garros. A la hora de hacer un análisis de una situación determinada, conviene no dejarse llevar por lo que se puede ver en la televisión, ni acotar el ejemplo a unos casos puntuales […]


5 de junio de 2009 Antonio Toca - Sportyou

Esto es una réplica a la entrada de Frédéric Hermel donde daba su punto de vista sobre los silbidos a Nadal en Roland Garros.

A la hora de hacer un análisis de una situación determinada, conviene no dejarse llevar por lo que se puede ver en la televisión, ni acotar el ejemplo a unos casos puntuales que vienen acompañados de matices. Las mismas, imágenes de televisión y ejemplos usados, pueden llevar a engaño, porque se muestran cosas que suceden en la competición, pero no se muestra la trastienda, aquella que dice que el jugador que despierta mayor seguimiento y admiración en las pistas de entrenamiento es Rafael Nadal. Si se supone que cae mal a la gente de Roland Garros, como afirma Frédéric Hermel en su texto, ¿cómo es posible que suceda lo segundo? Si alguien no cae bien, nadie se va a acercar a verle entrenar. Si ocurre lo contrario, será porque despierta admiración. Otra cosa es que lleve cuatro años sin perder un partido, y se de el caso, como ocurrió en el partido contra Soderling, que el público pueda llegar a ver algo histórico. ¿Qué pensar? Que los espectadores tenderán a ponerse del lado del más débil, principalmente porque nadie quería ver otro paseo del español. Y es ahí donde la gente presiona y silba.

Las imágenes mostraron que el público francés, en el partido de Federer contra Monfils, apoyaron al suizo, a pesar de jugar contra el único tenista francés que ha mostrado opciones de llegar lejos en su torneo. ¿Les caía mal Monfils? No lo creo. ¿Les cae mejor Federer? Tampoco lo creo, simplemente que el público sabe que con el suizo en liza y avanzando hacia la final, puede ver también un acontecimiento histórico.

Imagino que, cuando Adriano Panatta estaba a punto de ganar por primera vez en Roland Garros a Bjorn Borg, el público animaría al italiano y se echaría encima del sueco. ¿Por qué? La respuesta es simple, porque iban a vivir un momento que no había tenido lugar desde que sueco de hielo debutó en París. Y nadie dijo que Borg le caía mal al público de Roland Garros.

Gustavo Kuerten, brasileño ganador en tres ocasiones del torneo, y el único jugador que desde 1993 ha hecho sombra en cuanto a títulos a la armada española, fue alguien que encandiló al público parisino. ¿Dejaron de silbarle cuando dominó el torneo durante tres años? No. Y su carácter, por accesible, es parecido al que despliega Nadal.

Volviendo a los ejemplos de Frédéric Hermel, y a la idea que trato de defender en estas líneas. Steffi Graf era querida porque no dominó Roland Garros con puño de hierro, cierto que ganó el torneo 6 veces, pero nunca más de dos años seguidos. Tuvo que jugar contra tenistas campeonas, hablando de ganadoras del torneo parisino como Mónica Seles y Arantxa Sánchez Vicario. Y en concreto, rizando el rizo, el año de su último partido, final que ganó a Martina Higins, contó con el apoyo del público porque era el rival débil, y la suiza cometió el error de protestar y ponerse al público en contra, hasta el punto, que ese apoyo le servió a Steffi para remontar el partido, que tenía perdido, y ganar la final. ¿El público francés la quería? Bajo esas circunstancias, sí, sobre todo pasados tres años de su última final. De ahí la portada. Steffi tenía mucho que agradecer tras ese partido. Y más, si otros años no la apoyaron tanto.

Lo de Leconte es otro cantar. Estaba enfrentado a Noah, y eso el público no se lo perdonó, más si jugó una final horrible frente a un Wilander intratable ese año en París. ¿No le caía bien al público? Cuestión de partidarios de un comentario equivocado. Sin embargo, años después fue el héroe en una final de la Davis ganada en suelo francés a USA… y de nuevo encumbrado. ¿Es equiparable a Nadal? Si hubiera dominado con mano de hierro el torneo, sí. No es el caso. Imagino, como hubiera sucedido con Borg si éste hubiera llegado a despedirse en la pista, que el público francés hubiera reaccionado con el sueco como lo hizo con Steffi. Y entiendo que con Rafa terminará por suceder algo parecido.

No se trata de caer bien o mal, por unos silbidos. O de restarle importancia ante una falta de respeto de un jugador que siempre ha primado Roland Garros por encima de cualquier competición. Se trata, más bien, de aburrir al personal con la misma persona ganando un año sí, y otro también, el torneo. Es así. Además, Nadal tampoco llora. Cuestión de imagen.

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