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19 de abril de 2019 19/04/19

Fútbol

La batalla del Vicente Calderón

El pase del Barça a las semifinales de la Copa se convirtió en una crónica de sucesos con dos expulsado en el Atléti y acciones muy feas La batalla del Calderón La crónica deportiva del Atlético-Barcelona en el Vicente Calderón se transformó en una crónica de sucesos. El pase del equipo azulgrana a las semifinales […]


28 de enero de 2015 - Sportyou

El pase del Barça a las semifinales de la Copa se convirtió en una crónica de sucesos con dos expulsado en el Atléti y acciones muy feas

La batalla del Calderón


La crónica deportiva del Atlético-Barcelona en el Vicente Calderón se transformó en una crónica de sucesos. El pase del equipo azulgrana a las semifinales de la Copa del Rey siempre será recordado como la batalla del Calderón. Del 2-3 final solo se acordarán los más futboleros, mientras que la infinidad de acciones maleducadas servirán para colmar las tertulias que buscarán un culpable, un damnificado, un chulo, un prepotente… Y el árbitro, que irá de la nevera del Calderón a la nevera de la Federación.

Los enfrentamientos entre estos equipos siempre habían estado impregnados de emoción, de carácter, incluso de fútbol. No se vieron malos modos en los precedentes. Hasta que se le cruzaron los cables a varios futbolistas. Se esperaba un choque caliente por eso de la remontada, pero lo que hubo al final fue una sucesión de patadas, broncas, pelotazos, codazos, tarjetas, empujones, manotazos, expulsiones. La boma de la antesala estalló en el minuto 40, en el que se pasó de un penalti claro no pitado en el área del Atlético a el gol de Neymar que suponía el dos a tres.

Para regar la remontada azulgrana, Neymar fue grosero y se equivocó echándose el dedo al oído como para escuchar qué decía ahora la grada del Calderón con su gol. Subió la temperatura del choque y la explosión llegó cuando el brasileño tiro un caño a un rival, que fue entendido como un menosprecio. Gil Manzano pitó el final y se armó la marimorena. Raúl García se encaró con Neymar. También Juanfran. Y Fernando Torres. Hubo montonera, despejada por los más serenos.

En la antesala de los vestuarios siguió el espectáculo. Gabi, el capitán rojiblanco, entabló una conversación el colegiado. Según el jugador le dijo que “ha sido penalti y expulsión. Te has equivocado y lo verás en la televisión”. Se desconoce el tono de la protesta. Gil Manzano le amonesto y como ya tenía una amarilla fue expulsado. Más madera.

Cuando saltaron los jugadores al campo para jugar la segunda parte, los aficionados más avispados se percataron de que su equipo sólo jugaba con diez jugadores. A través de la radio o las redes sociales supieron enseguida que Gabi había sido expulsado. Ya no había partido ni posibilidad para remontar la eliminatoria. Con este escenario cambió el objetivo para todos. El Barcelona se dedicó a controlar mientras que varios jugadores rojiblancos se dedicaron a ajustar cuentas por su cuenta.

El Atlético estaba desquiciado y la mejor muestra de ello es que Ardan Turan le tiró una de las botas al asistente (previamente le habían pisado y la había perdido sin que pitase falta). Inaudito. Debió ser expulsado y solo vio amarilla. Sin partido, se acentuaron los malos modos. A Neymar le cobraron sus risitas y a Messi le frieron a patadas, una clara respuesta de impotencia porque todo estaba perdido. Mario Suárez fue expulsado y pudo acompañarle algún compañero más.

La batalla también se vivió en la zona noble. Clemente Villaverde, en representación rojiblanca, hizo un análisis muy certero pidiendo sentido común y responsabilidad para todos. Admitió la falta grave de Arda Turán y la naturaleza propia del juego, con partidos calientes, siempre dentro de unos márgenes.

El Cholo Simeone se mantuvo en su tono canchero. No vio la necesidad de pedir disculpas y dijo que me “siento orgullo por mis jugadores”. Mientras, Luis Enrique, cortado por el mismo patrón, defendió a Neymar, considerado por el rival como el gran provocador, con estas palabras: “Nos gusta que Neymar sea así”. Así acabó la batalla del Calderón, con la redacción del acta en la que no se reflejaron las interpretaciones de las jugadas más conflictivas. Normal, los árbitros están para redactar y no para juzgar.

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