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18 de octubre de 2019 18/10/19

Opinión

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Las dos caras de Argentina


  • 14 de junio
    de 2015
  • Andy Stalman

Leo Messi

Mientras Xavi levantaba la quinta Copa de Campeones, un amigo del Madrid me escribía este mensaje: “se termino el futbol, hasta septiembre amigo”. Leí su mensaje con atención y le respondí: “que no termino, que el 11 de junio comienza la Copa América en Chile. Queda todavía mucho futbol por ver y disfrutar”.

A Chile 2015 llegaron cracks de la talla de Messi, Neymar Jr., James Rodríguez, el Kun Agüero, Cuadrado, Alexis Sánchez, el Apache Tévez, Cavani, Falcao, Godin, Paolo Guerrero, por mencionar sólo algunos.
Cerca de la medianoche del sábado en España me sentaba frente al televisor para ver el debut de Argentina en La Serena, Chile. La gran favorita de esta Copa América. Juntar en un mismo plantel a Messi, Di María, el Kun, Tévez, Higuaín y Pastore es un escándalo de calidad.

El primer tiempo fue simplemente espectacular. Posesión, circulación, equilibrio, solidaridad entre líneas, carácter. La Argentina decía presente y se candidateaba como firme aspirante al título.

En esa primera parte, Messi tiró uno de esos caños marca de la casa, tuvo tres arranques con turbo incluído que no sólo eludían sino evitaban el guadañazo de los aguerridos jugadores de Paraguay que no lo dejaban ni respirar.

La defensa, esa asignatura pendiente de la albiceleste se mostró firme y segura apoyada sobre la eficacia de Garay y la solidez de un cada vez mejor defensor, Otamendi.

En el medio, el Jefe Mascherano ponía balance y cobertura; Pastore, magia y fantasía y Banega nos recordaba al gran jugador que ayudo a que el Sevilla gane la Copa de la UEFA.

Arriba, Di María no estaba fino. Corría y corría, pero no se lo veía cómodo. El potrero lo ponía el Kun. Pillo como siempre, siguió una jugada que parecía intrascendente y pescó un pase al portero, para eludirlo con solvencia para mandar el cuero a la red. Y por supuesto, el 10, Messi, el director de Orquesta. Para que el defensa paraguayo la mandase para atrás, hubo, en la previa de la jugada, una presión de Messi a 3 jugadores albirrojos. Si, el mundo al revés.

El 1-0 daba tranquilidad y ponía sensatez a lo que se estaba viendo en el campo. La Argentina jugaba, gustaba y ganaba. Parecía que iba a ser una noche serena para el equipo de Martino.

Luego vino un discutible penal a Di María, pateado magistralmente por Messi. Fuerte, rasante, pegado al palo, inatajable. Y llego el fin de una primera parte que ilusionó y emocionó. Equilibrio, solidaridad, magia, picardía y Messi. Dos a cero.

La argentina realizó en los primeros 47 minutos 291 pases versus 61 que hizo Paraguay. Al juego lo acompañaban hasta las estadísticas. Maldini, comentaba que “aunque en fútbol hemos visto de todo, salvo catástrofe, Argentina ganaría cómoda este partido.”

El segundo tiempo fue una sucesión de hechos olvidables. Todo lo que se podía haber hecho mal se hizo. Por supuesto que Paraguay merece su mérito. Se fue arriba, se lo creyó, apretó, y consiguió su premio: el golazo de Haedo Valdez. Entrando por el medio de la defensa y con Romero adelantado. El juego de Paraguay fue de menos a más. Siempre rudos, corajudos, metedores, ganar a Paraguay es siempre complicado. De hecho no pierde en su primer partido en una Copa América desde mediados de la década del 70.Lo que parecía que iba a ser una goleada histórica para Argentina, se transformó en una remontada memorable para Paraguay.

El segundo gol llegó cuando Argentina juntaba en ataque a Messi y Di María, con Higuaín y Tévez. Cuatro oportunidades claras, pero no entró ninguna, pero sí la de Paraguay casi en el ocaso del partido. Lucas Barrios no lo podía creer. Nadie lo podría creer. Una Paraguay exultante que nunca renunció y que nunca bajo los brazos.

No hay excusas. Se empató lo que se podría haber ganado. Queda un sentir agridulce para Argentina, mezcla de los 90 minutos, 45 magníficos y 45 olvidables. La noche en La Serena no fue feliz para la selección aspirante al título. Las estrellas brillaban en el cielo, en la tierra el malhumor y la bronca.

Ahora viene Uruguay, un clásico. Un partido especial. Toca sufrir y empezar a jugar como el primer tiempo, pero los 90 minutos. Dejar de tener dos caras. Sólo así podrá aspirar al título de campeón.

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