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22 de Agosto de 2017 22/08/17

Atletismo

Peñalver relata los abusos: “Te despertabas con él encima”

Antonio Peñalver, en Barcelona'92

El atleta murciano rememora cómo vivió bajo el yugo de Miguel Ángel Millán, el entrenador acusado de acoso sexual por parte de varios atletas


18 de Diciembre de 2016 - Sportyou

Antonio Peñalver, histórico subcampeón olímpico de decatlón en Barcelona’92, denunció recientemente que él también había sufrido absusos sexuales por parte de Miguel Ángel Millán, y en una entrevista en ‘El País’, expía sus fantasmas de aquella dura época.

“Antes de atacar, él te deja absolutamente aislado. Tus compañeros son enemigos. Como yo iba a ser bueno, como yo prometía y era especial… Eso es lo que todos los elegidos se creían. A mí me hizo sentir así, lo mío se podía aplicar a cualquiera, pero, claro, lo que pasa es que yo seguí después y, mira tú, llegué a ser subcampeón olímpico”, explica Peñalver, que sitúa los abusos entre 1982 y 1983. “Yo intentaba evitarlo, me acostaba boca abajo, pero no sé por qué, al final, siempre había un sitio reservado a su lado y te despertabas con él encima. Justo cuando ya te vencía el sueño, porque, claro, siempre intentaba no quedarme dormido”, recuerda.

El relato de Peñalver es muy claro: “En el momento en que se produjeron los abusos no entiendes lo que está pasando. Solo la primera vez me dirigió la palabra, y yo contesté que no, pero siguió, por supuesto. Se repitió unas cuantas veces, no sé cuántas, durante unos meses. No era todas las semanas. Fueron varias excursiones a la sierra. Después de trabajar y entrenar, nos acostábamos en una habitación de unos 15-20 metros cuadrados. En el suelo dormíamos sobre esterillas o jarapas uno al lado de otro… Y te despiertas con, con… ¿Qué haces? ¿Gritas? No puedes hacer nada. Al menos, entonces, yo no pude hacer nada. Ni los compañeros. Estaba a 15 centímetros del de al lado. ¿Qué haces?”.

Peñalver recuerda que, tras dejar de ir a esas excursiones, se convirtió en “invisible”. Desapareció para Miguel Ángel Millán, aunque posteriormente y en cuanto se descubrió su potencial para el atletismo, volvió a trabajar con él. “En el año 92, y ya tenía 23 años, aún antes de tomar decisiones que iban a afectar al resto de mi vida, me preguntaba si hacer esto o lo otro le iba a gustar al señor Millán o no. Empecé entonces a ser consciente de que algo me estaba pasando. El momento más amargo fue, de hecho, aquel puñetero abrazo que le di cuando gané la medalla. En aquel mismo momento, lo juro, estaba yo diciéndome ‘pero qué mierda estoy haciendo, qué mierda estoy haciendo’…”.

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