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27 de octubre de 2020 27/10/20

Opinión

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De verdad, te digo


  • 08 de abril
    de 2020
  • Manolo Oliveros

Así comenzaba muchas veces sus frases. Normalmente con una sonrisa, era muy entrañable y positivo, pero también podía comenzar una frase con esas palabras para “rajar” de algo que no le había gustado. Era muy claro, y muy directo.

A Radomir le conocí muy de cerca en el Mundial del 98. Fue compañero nuestro para cubrir el campeonato y luego tuve la fortuna de coincidir con él unos meses cuando entrenó al Barça. Me sabe muy mal que, en general, en Barcelona no se le valorara todo lo que se mereció, como profesional y como persona. Desde que se fue Rado, para mí, no ha habido ningún otro entrenador en el club tan cercano, y si no, repasen.

Y como profesional, un 10. Hizo piña con un equipo absolutamente roto. Los jugadores trabajaron mucho, pero quien les mandaba lo hacía con cariño. Con mucha exigencia, pero sabían que aprendían mucho con él y disfrutaban de su trabajo.

En cuatro meses colocó al equipo en la UEFA y lo había cogido a tres puntos del descenso. Se desvivió por el Barça y no aceptó un contrato superior a esos meses. Y cuando acabó su labor, ahí quedó eso y llegó otra directiva con Laporta. Y no tuvieron ni siquiera la educación de contactar con él. Fue a las oficinas, firmó el finiquito, cogió su auto y, acompañado de su mujer, creo, salió por la Diagonal camino de Zaragoza. Un señor de los pies a la cabeza. Aquella plantilla y el club le deben mucho a Rado.

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