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19 de julio de 2019 19/07/19

Opinión

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Amor al primer mordisco


  • 08 de septiembre
    de 2018
  • Paco Navacerrada

‘Amor al primer mordisco’ es una divertida comedia que trata el asunto de los vampiros con humor. Es del año 1979 y está protagonizada por George Hamilton, en el papel de Conde Drácula, y Susan Saint James. Recomiendo su visionado a todos aquellos que no lo hayan hecho, porque es mucho más gratificante que cualquiera otra de las películas de terror en las que el Conde Drácula era el protagonista. Pero siempre me llamaron la atención los filmes de vampiros. El mito de la inmortalidad y todas esas cosas que el ser humano indaga e investiga, pero nunca da con una solución.

Y hablando de mordiscos, esta semana ha habido uno que ha trascendido fronteras: el que le propinó Tachi, el capitán del At. Madrid B, a Vinicius Jr., la joven perla del Real Madrid. Ni que decir tiene que si esta acción se hubiese producido en cualquier otro partido de Segunda División B, su trascendencia hubiese sido mínima, aunque no por ello la gravedad hubiese sido menor. Pegar un mordisco a un contrario, en fútbol, se castiga con tarjeta roja directa. Es una agresión, además de un acto de cobardía. Vinicius Jr. fue la gran estrella de ese partido: marcó dos goles, le hicieron más de una decena de faltas y desquició, con sus regates y velocidad, a todos los rivales. Quizá, por esto, la reacción de Tachi.

Lo más rocambolesco de todo no es que al jugador del At. Madrid B no lo expulsaran, fue amonestado, a pesar de que el árbitro vio la acción muy cerca y con nitidez, sino que en todas las tertulias la gran mayoría de los sabios futboleros se hayan posicionado del lado de Tachi y hayan disculpado al defensa rojiblanco aludiendo a la velocidad de sus pulsaciones, al fragor de la batalla y a símiles similares, además de minimizar la acción y dejarla a la altura de un lance del juego.

Es verdad que Tachi, dos días después del partido, hizo unas declaraciones en la página web del At. Madrid, mostrando su desolación por lo sucedido en esta frase: “No me siento orgulloso de lo que hice”. Podrá sonar a cualquier cosa menos a disculpa. Lo suyo hubiera sido un “lo siento” o un “perdón”, pero la imagen de Tachi y Vinicius abrazándose tras el pitido final, al menos sí sirvió para corroborar que Tachi no era un vampiro ni ningún zombi y sí un ser humano capaz de reconocer un error y tratar de subsanarlo.

PD. Otra polémica de la semana ha sido la jugada del Betis-Sevilla en la que participaron Pau López y Roque Mesa. El colegiado del partido, Gil Manzano, pitó falta del jugador sevillista, por obstaculizar el saque del portero, lo que le acarreó la segunda tarjeta amarilla y fue expulsado. Sin embargo, el Comité de Competición ha retirado la segunda tarjeta amarilla a Roque Mesa, quitando la razón al árbitro y dando a entender que esa jugada debería haber sido sancionada con penalti. Esa jugada no la revisó el , pero a mí me pasó, como al Comité de Competición, que Pau López varió su carrera, se abalanzó sobre Mesa y lo derribó. Penalti que, quién sabe, quizá hubiese cambiado el rumbo de ese encuentro.

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