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25 de agosto de 2019 25/08/19

Motor

Cómo un partido de la NBA cambió la historia del automovilismo mundial

Fernando Alonso

El encuentro entre el CEO de la IndyCar y el piloto Stefan Wilson en un partido de los Indiana Pacers fue clave para que Fernando Alonso cumpla su sueño en las 500 Millas


28 de mayo de 2017 David Sánchez de Castro - Sportyou

Fernando Alonso no va a hacer algo que no hayan intentado antes. Aunque ahora es un ‘rara avis’, hace unas décadas era relativamente habitual ver a pilotos del Mundial de Fórmula 1 dar el salto a las 500 Millas de Indianápolis (el propio Mario Andretti es un ejemplo), pero en pleno siglo XXI no es nada fácil que ocurra. Cuando Nico Hülkenberg dio el salto a las 24 horas de Le Mans, y las ganó, demostró que si un piloto es bueno en Fórmula 1, lo puede ser en otro tipo de carreras.

Lo de Alonso es un caso muy especial. No sólo va a correr en Indianápolis un bicampeón del mundo de Fórmula 1, sino que además va a optar a la victoria. Ha renunciado a disputar el GP de Mónaco (en el que probablemente habría salido último), para competir en el recinto deportivo más grande del mundo, ante más de 300.000 personas, al volante de un monoplaza que hace dos meses sólo había visto en fotos y en la televisión, y de la que el gran público sólo conocía el nombre y poco más.

Pero todo estuvo a punto de irse al traste. Una serie de circunstancias afortunadas empujaron a que Alonso acabase en Indy, en el umbral de la puerta de la historia. Mark Miles, el director ejecutivo de la IndyCar, lo cuenta en una entrevista para los medios de la agencia Colpisa.

“Contactaron conmigo los responsables de McLaren hace unos dos meses y me dijeron: «Fernando está hablando de esto seriamente». Después, Fernando me volvió a llamar y me dijo: «Podría ser posible. Ahora nos vamos al GP de China y sabré el domingo si es un sí o un no». Me llamó el domingo por la noche desde Shanghai y me dijo: «Está hecho por mi lado. Te toca a ti conseguirme un equipo, con Honda, con el que pueda ganar o darme la oportunidad». Acordamos con qué equipos iba a contactar para buscarle asiento, pero no les podía decir qué piloto tenía. Les hice pensar que era uno de la NASCAR, igual un campeón o similar. En dos días me di cuenta de que no era posible: no encontré un equipo Honda capaz de poner otro coche en liza. Pasamos de estar absolutamente emocionados a totalmente deprimidos”, relata. Entonces, el destino, se alió con él.

El fallecido Justin Wilson tiene mucho que ver en esto. “Stefan Wilson, hermano de Justin, tenía el quinto coche con el equipo de Michael Andretti. Su joven esposa era una mujer que trabajó durante seis años en el circuito de Indianápolis, y decidieron que iban a mudarse de Indianápolis a Denver para estar con la esposa de Justin. Otra mujer en mi oficina me dijo: «deberíamos ser amables con Katie y Stefan e invitarles a un partido de los Pacers» (…) Stefan me preguntó que qué estaba pasando, porque me veía nervioso, y yo le contesté que todo iba genial, pero que teníamos una oportunidad alucinante de traer a un piloto de primerísimo nivel pero no teníamos coche para montarle. Aún me tiemblan las manos cuando lo pienso: Stefan me llamó a la mañana siguiente y me dijo: «¿Y si yo me bajo de mi coche para dárselo a ese piloto? Sólo necesito que me garantices que podré correr el año siguiente y que mantendrás a mis patrocinadores contentos»”, explica Miles.

Y todo se cuadró. Alonso obtuvo su coche, en un equipo puntero motorizado por Honda, Stefan Wilson su coche para el año que viene, y todos contentos. Aquella conversación entre Miles y Wilson convenció a este último de que la presencia de ese piloto ‘top’, sin saber que era aún Alonso, podía cambiar el rumbo del automovilismo, no sólo de la IndyCar.

Para redondear la historia con un final perfecto, sólo hace falta una canasta en el último segundo en forma de victoria de Fernando Alonso.

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