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19 de septiembre de 2018 19/09/18

Opinión

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Almería: un quiero y no puedo


  • 21 de noviembre
    de 2010
  • Iñaki Cano

Puede que alguno hable del 0-8 del Barcelona a los de la inmensa bahía como el detonante definitivo para el cese de Juan Manuel Lillo. La guinda de un amargo pastel. Pues no. A Lillo le pegaron el tiro hace más de un mes y lo único que faltaba era fijar la fecha del entierro. El Barcelona le metió ocho goles al tercer equipo menos goleado -hasta entonces- de la liga BBVA, no solo por los méritos de los de Guardiola. También se aprovechó de las desilusiones de los jugadores rojiblancos, cansados de escuchar por las tripas del estadio de los Juegos del Mediterráneo las críticas traidoras del que manda.

El Almería parecía un equipo de aficionados jugando contra los mejores del mundo. Miraban anonadados y emocionados cómo se pasaban el balón una y otra vez, sin poder siquiera rozarlo. El balón parecía tener una goma elástica enganchada a los tobillos de los jugadores del Barcelona. La presunta dejadez de los jugadores de Lillo no es tal si analizamos los movimientos del presidente, Alfonso García, y su junta directiva.

El Almería no es peor que cualquiera de los equipos de media tabla hacia abajo de la liga BBVA. Es como todos: un quiero y no puedo. Hoy por mí y mañana por ti. Hasta que ha jugado contra el Barça, el Almería era -defensivamente hablando- el mejor si no le mezclamos con el Barça o el Madrid. Ahora ha quedado retratado ante el mundo futbolístico como un conjunto muy mediocre para nuestro campeonato. La verdad es que, desde el partido contra el Levante, Lillo estaba peleando contra el desánimo de sus jugadores. Alfonso García no estuvo afortunado con sus repetidas declaraciones contra el cuerpo técnico y con mensajes, todos negativos, a sus jugadores a través de terceras personas. El señor García no ha tenido ninguna paciencia con una plantilla y un cuerpo técnico a los que no le han dado ninguna confianza desde el despacho presidencial. Ni a este grupo ni ninguno de los suyos desde que ascendió a la Liga BBVA.

La pátina del 0-8 no debe cubrir la autentica verdad. El óxido que se estaba formando desde la pretemporada será difícil de tapar ahora. El resultado tan abultado de un encuentro tampoco debe servir para que el presidente se retire a la cadena hortofrutícola y, entre frutas, pensar que solo Lillo es el culpable del desastre. El Almería y su junta propietaria y directiva ha cometido muchos errores de bulto. Otra cosa será que lo quieran reconocer. Uno de ellos fue prescindir en su día de Hugo Sánchez. Una vez cometido el error de despedir al mexicano, confiaron en el tolosarra Lillo: el mejor del mundo según su presidente. Lillo la campaña pasada consiguió 26 puntos en 13 partidos. En la copa, después de eliminar a la Real Sociedad, si la suerte acompaña a los almerienses pueden plantarse en semifinales. ¿Qué más quieren los mandamases del Almería?

A Gonzalo Arconada también le fichó el presidente a bombo y platillo como el mejor entrenador en julio. En diciembre de la misma temporada le despidió por aún no se sabe qué. Alfonso García transmite a sus jugadores y entrenadores de todo menos confianza. Es verdad que es su dinero y con él puede hacer lo que quiera. Pero si desea seguir en la Liga BBVA deberá tener la paciencia necesaria para confiar en un equipo que de momento no es ni de UEFA ni de Champions. El Almería podría aspirar a algo más de lo que es si, por ejemplo, no le debilitaran cada año. Esta temporada ha despedido a Cisma, Chico, Guillerme, Borzani y Soriano, jugadores que nunca ganarán el Balón de Oro pero que sí le dan un poso y un respeto a cualquiera que aspire a mantenerse en la Liga BBVA.

Frente al Barcelona, los “jugadores aficionados” del Almería quizás bajaron los brazos, porque ya están más que hartos de quien les paga y de sus críticas traicioneras. La Liga BBVA es la mejor del mundo en jugadores, con las diferencias innegables que existen, pero también hay otras diferencias y no sólo deportivas. Hay presidentes o dueños que saben dónde y a qué juegan. Otros presiento por desgracia que imitarán “soluciones” como la de Alfonso García. Estamos en fechas de peligrosos mimetismos y que, más pronto que tarde, terminarán mal. Algunos dueños quieren parecerse a la Premier, pero solo en lo económico. ¿Por qué no copian los proyectos deportivos? Los ingleses también despiden entrenadores cuando no funciona lo planeado. Con una gran diferencia: eso suele suceder cada tres o cuatro años.

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