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17 de mayo de 2021 17/05/21

Opinión

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El All-Star sonroja a la NBA


  • 20 de febrero
    de 2017
  • Rubén Parra

El partido de las estrellas de la NBA nació como un momento de celebración en medio de la temporada. Un receso, en el que poder ver a los mejores jugadores de la liga, juntos, en dos equipos de ensueño. Las superestrellas competían frente a frente, para demostrar a los demás quién era el más grande de todos.

Siempre ha existido algo de laxitud defensiva en estos encuentros, se han permitido licencias que nos otorgaban la posibilidad de disfrutar de jugadas que, en el fragor de la competición, son difíciles de ver. Pero de un tiempo a esta parte, de manera paulatina, ha ido derivando en una broma de mal gusto. Un horror que dista mucho de ser baloncesto, en el que los jugadores se hacen pasillo, para ver los mates sin oposición de los rivales, o como se tiran triples de 10 metros de manera indiscriminada.

Últimamente los tres primeros cuartos eran un show descafeinado; en el último periodo, ambos equipos se enchufaban, defendían, competían, jugaban al juego que los ha hecho reconocidos, admirados y por el camino, multimillonarios.

Este domingo ni eso. Ni un mísero cuarto de competición. Qué digo un cuarto, un minuto, nada. Lo peor de todo es que, al no tener oposición, ocurren cosas como las de este fin de semana. Anthony Davis, que podrá llegar a ser un gran jugador, pero a día de hoy no ha hecho nada en la NBA, le ha quitado el récord de anotación en el partido de las estrellas al mejor atacante de la historia de la liga: don Wilt Chamberlain.

Wilt anotó 42 puntos en el All Star de 1962. El récord tenía 55 años. Había sobrevivido a Kareem Abdul Jabbar, al Doctor J, a Michael Jordan, a Kobe Bryant… Anthony Davis acabó con ese hito. Sumó 52 puntos, sin la más mínima oposición. Mates y más mates, sin defensa de ningún tipo por parte de nadie.

Ahora su nombre quedará para la historia, al menos, hasta que a otro le hagan un pasillo más bonito que el suyo, pero eso no tiene ninguna grandeza. Grandeza era ver a Olajuwon pegarse con Ewing, a Jordan o Isiah Thomas encarando a Magic, a Kareem acabar con un gancho sobre Parish, a Wilt percutiendo sobre Petit y viceversa…
Me fastidia bastante parecer un abuelo cebolleta. Soy joven, os lo prometo. Mas después de este All Star, de nuevo, me queda el regusto amargo de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

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