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19 de julio de 2019 19/07/19

Opinión

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Aleti: tan grande, tan pequeño


  • 10 de mayo
    de 2012
  • Iván Castelló

Sí, Cholo, sí. Tú sí que eres del Aleti, tú sí que sabes lo que representa (tu alma argentina te ayuda a entenderlo) y no los que te trajeron. Mi hijo Daniel fue, efectivamente, hoy al cole no con la camiseta, con la bandera del Club Atlético de Madrid. Orgulloso y confiado, por una vez, de que sus compis madridistas hasta le felicitarían. Nada de piques ni burlas de tantas otras veces por los desastres sostenidos tan habituales de esta entidad. Porque padece un primer equipo apabullantemente descontrolado en vaivenes desde la llegada de los Gil.

Pero es que siempre es igual. Lo mismo que se construye, se destruye. Los mismos que construyen, destruyen. Y luego está el asombroso mérito de saber volver, de rehacer el puzle desencajado. Ahí sí se lo reconozco. Es increíble que con un dueño y un presidente que no saben de fútbol, pero, vamos, ni repajolera idea (no hay más que oírlos, ya casi nunca porque se han dado cuenta de que nos hemos dado cuenta), hayan conseguido pasar a la historia, de momento, por dos títulos casi consecutivos de la Europa League (son a esta competición lo que el mejor Barça de la historia en la Champions, año sí, año no) y una Supercopa de Europa con otra al caer a la vuelta de la esquina de agosto. Es la grandeza, el milagro de cada día del bendito balompié.

Una vez que la fe vuelve, aunque no debiera ni haberse marchado por el apresurado desmantelamiento del equipo campeón en Hamburgo 2012, llega la dosis de realidad, la crudeza de Miguel Ángel Gil sin rubor alguno mercadeando ya. Es un hecho que el Atlético, en lo económico, está arruinado, algo normal si lo maneja un veterinario como sería un cachondeo si un periodista dirigiera un hospital de animales. También es cierto que se encuentran en el hoyo de los euros prácticamente todos los clubes y que jugar la Champions garantiza cierto soporte vital para, al menos, mantener el bip, bip sonando con un segundo de cadencia y no de seguido. Aunque el Villarreal no opine lo mismo después de no haber sumado un punto. Que puede pasar. O no ganarle al APOEL.

El Atlético, pues, tocó una vez más la gloria (repasad, repasad, el palmarés del tercer club del fútbol español), pero el miedo a lo que viene, la nueva desbandada recaudatoria, deja ya la alegría como a medias, como ‘interruptus’. Es la maldición de lo Gil, casi un concepto. En lugar de pensar que este equipazo debería reforzarse seriamente en defensa y centro del campo para ser aún mejor equipazo y pelear, por fin, como titanes en una Liga, no es que se intuya, es que poco menos que se anuncia la marcha segura de Falcao. Y luego estarán los casos de Diego, Arda Turan, Courtois y Adrián, quizás hasta fichado ya por el Barça a causa de su baja cláusula y con algún cedido, eso sí, para amortiguar el golpe de la incompetencia de no haberle puesto el Atlético, club amigo, una rescisión superior. Si sus dirigentes no saben estar ni a las maduras, cómo serán a las duras en la entidad rojiblanca. Pues eso. Un veterinario y un productor. Lástima de Aleti. Tan grande, tan pequeño.

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