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9 de diciembre de 2019 9/12/19

Opinión

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Al final del pasillo


  • 19 de diciembre
    de 2017
  • Ricardo Rosety

Se llama pasillo de honor. Y no es una humillación. Es tan sólo un reconocimiento a un equipo que acaba de ganar un título. No debería ser un motivo de vergüenza, ni mucho menos que se utilice como vendetta después de un triunfo. En esta vida hay que saber perder y, aún más importante, hay que saber ganar. Y no parece fácil ninguna de las dos cosas. Se discute estos días si el Barcelona debe hacerle el pasillo de honor al Real Madrid por el título de Campeón del Mundo de Clubes, y la respuesta debería ser un sí. Un reconocimiento a un título que no debería ir más allá de la felicitación a una victoria del rival. Eso también forma parte del deporte donde acaba siendo más normal perder que ganar, porque al final sólo puede ganar uno.

Pero quedarse en el pasillo parece simple. El problema es hacia nos conduce todo esto. Desde hace tiempo parece que cada felicitación supone una humillación para todo aquel que no gana. Todo reconocimiento se le presupone una implícita crítica al que no lo consigue. Hablar bien de Messi no es hablar mal de Cristiano. Reconocerle a Cristiano su enorme mérito en los últimos años no le resta valor a Messi. Hacer un pasillo no es una humillación. Ni ceder un estadio para una final de Copa del Rey debería suponer hincar la rodilla ante la posibilidad de que el rival levante un título sobre su césped. No se conquista un territorio, sólo se gana un título. Son sólo un par de ejemplos, pero habría más. Y no están relacionados con el Madrid y con el Barça.

Son muchos los gestos que se aplauden en el deporte, pero parece que está prohibido, y hasta entendido, que uno no le puede reconocer nada al que está enfrente. El deporte debe ser ejemplar en todo, y más en estas situaciones. Pero ya forma parte habitual del paisaje entender estas situaciones como afrentas. Lo normal sería hacer el pasillo de honor. Lo normal sería agradecer, sin haberlo pedido, ese gesto de reconocimiento. Y más sabiendo que esto se puede repetir mañana pero invirtiendo a los protagonistas. Y después, a jugar un Clásico. Al fin y al cabo, el pasillo sólo es pasajero y sólo es un lugar de tránsito hacia algún lugar. Siempre tiene un final. Y siempre suele ser mejor.

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