SPORTYOU

Archivo
31 de agosto de 2020 31/08/20

Opinión

Opinión

A Tito le salió no fiarse de sus centrales


  • 07 de octubre
    de 2012
  • José Miguélez

Tito no se fía de Bartra, del que dijo que sí, que un día jugaría, pero no, no juega. Tampoco contra el Madrid. Tito no se fía de Song, del que dijo que había sido fichado por el Barça también para jugar de central. Pero no frente al Madrid. Para recibir a su rival más directo (bueno, la clasificación no lo ve así) se le ocurrió ocupar la zona con Adriano. No estaban los principales, Puyol y Piqué, así que para corregir el contratiempo tiró de un interior, ahora lateral, que no había sido central en su vida. Un ataque de entrenador, un golpe bajo a la moral de dos futbolistas de la plantilla (uno canterano, pero el otro el fichaje del año) y, sobre todo, una bofetada a la planificación deportiva de la plantilla azulgrana. El Barça está mal construido. Y lo curioso es que el parche no le salió mal en el clásico. La altura no fue un problema y las ocasiones concedidas (algunas, como el segundo gol de Cristiano, atribuibles en parte a la pareja) son las propias que debe generar un adversario como el Madrid. En acciones puntuales, fallaron más los centrales del otro lado. Busquets (algo más flojo en la segunda mitad) fue decisivo en que la novedad de Vilanova apenas se sufriera. Jugó el mejor primer tiempo que se le recuerda, a la altura de las prestaciones que le atribuyen los que desde hace tiempo le sobrevaloran.

El partidazo finalmente no sentenció la Liga BBVA, ni acercó al Madrid a su enemigo en la tabla (sí en el juego, y mucho; los blancos definitivamente le han perdido el miedo al Barça), pero no defraudó. Fue un atractivo e intenso intercambio de estilos y de golpes. Más o menos limpio y sano, mucho más que en el pasado reciente. Y con el peso esperado de los futbolistas principales. De Iniesta, maravilloso en el segundo tiempo; de Özil, brillante y diferente, y de Cristiano y Messi, que estuvieron perfectos en los asuntos en los que había que jugarse los garbanzos. El portugués dejó su descomunal pegada una vez más (su celebración en el primer tanto fue, por chulería, quizás lo peor de la reunión) y Messi lo mismo y más: sus conducciones, su magia y su gol. Le ha tomado ventaja a su antagonista en los libres directos, justo la suerte que en la teoría y en la coreografía parecía tener más perdida.

Así que el clásico cumplió a la expectación desatada. Y hasta la contaminación política, que se escuchó, pesó menos que el balón.

Volver arriba