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21 de noviembre de 2017 21/11/17

Opinión

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A la hora de la siesta


  • 13 de octubre
    de 2009
  • Antonio Toca

“Como me joroben la siesta por los chinos… no vengo al fútbol”, comentó un aficionado en el último partido en el Bernabéu. “No puede ser normal, ya tragamos con el mando de las televisiones, decidiendo los horarios, como para tener que comer ahora en el estadio… Lo miren como lo miren, el fútbol siempre ha sido a las cinco de la tarde”.

Lo bueno de esto, reflexionando sobre la opinión del aficionado, y por buscar siempre el lado bueno frente al lado malo de las cosas, estaba en el cambio de poder a la hora de decidir los horarios. Éste, dado que ahora sí se van a disputar los partidos pensando en el horario chino, había pasado a ser potestad de los equipos. En realidad encerraba una mentira piadosa: sólo el Real Madrid y el F.C. Barcelona habían recuperado parte de ese poder. Los únicos partidos que en el fondo interesan.

El cambio de papeles venía motivado por la imagen que venía reflejando el espejo del fútbol británico, lo que la audiencia en Asia les había mostrado. Si países como China, Tailandia, Malasia, o algunas de las antiguas colonias británicas no tienen ligas potentes, el aficionado al fútbol buscará los partidos allí donde las estrellas mundiales jueguen, o les vendan que jueguen. Son seguidores de jugadores, no de clubes, con lo cual es fácil conquistar su interés. Todo lo contrario que en países con cultura y ligas interesantes para sus propios aficionados, como pasa en Sudamérica, un mercado más objetivo, en teoría, para nuestra liga. Sin dinero o con un mercado pudiente, también.

Pero claro, hay que facilitarles el trabajo. De siempre, el fútbol ha partido con un hándicap entre el aficionado no purista: el directo. Todo aquello que no estuviese incluido en esa variable, no era controlable. Por tanto, ¿a qué hora deberían jugarse los partidos para que en Asia se despertara su interés por seguir nuestros partidos? La hora de la siesta en el punto de mira para este mercado. ¿Y para los seguidores americanos? El desayuno. ¿Qué importa más? En principio sólo se habla de algunos encuentros, uno o dos por jornada. ¿Y qué partidos? No pondría la mano en el fuego para saber cuáles de esos partidos modificarán su hora de inicio.

Me da a mí, que en breve, ciertos partidos de pago, de esa promoción que ahora se vende como el no va más en la liga de Internet, competirán con las noticias del telediario. Eso sí, descubriendo un nuevo prime time. Van a ser goles cantados entre bocado y bocado, vistos en streaming en un canal chino, o con la barbilla haciendo surcos en el pecho de los seguidores más cansados. Igual que en Italia y en Inglaterra, países con la cultura ya trabajada, el matiz y la queja del aficionado al que me refería al principio de estas líneas.

Y mientras, el sábado, los aficionados británicos debían conectarse a Internet, o ir al cine, para seguir el partido de su selección en Ucrania. Todo porque ningún canal de televisión británico quiso comprar los derechos de ese partido. De nuevo, nos vuelven a sacar ventaja. Cada grupo de comunicación, en plena libertad, pinchó desde sus principales cabeceras online el partido, para que cada internauta decidiese donde y cómo seguirlo. Todo legal. ¿Las diferencias? Ninguna respecto al seguimiento de un partido online que muchos solemos hacer los fines de semana. ¿Las implicaciones? Muchas. En el fondo, nuevos inquilinos en el mercado de la compra de derechos y la audiencia global que se persigue con el cambio de horario. Todo porque nadie pensó en Internet como un canal más válido que el de las televisiones.

Son las horas muertas de la siesta. Las ideales para que las generaciones futuras aprendan a disfrutar del deporte del balón. Las mismas que nuestros dirigentes ignoran cuando se programan los encuentros pesando en la cartera. Esto sí es lo importante. Y no que los chinos puedan ver los encuentros a la hora que mejor les convenga.

En El País | Calor inglés, frío español

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