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Opinión

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24 horas de Le Mans: pure racing


  • 17 de junio
    de 2012
  • David Sánchez de Castro

Hay un fin de semana al año en el que dormir pasa a ser un asunto menor y prescindible. En los Grandes Premios de Fórmula 1 en Japón, Malasia, China o Singapur se trasnocha casi por costumbre, pero en el caso de las 24 horas de Le Mans… la sensación es única. El vigésimocuarto fin de semana de cada año está marcado a fuego en el calendario. El circuito de La Sarthe se convierte en el centro del automovilismo mundial, para ver cómo durante un día entero cuatro categorías de coches, separadas en dos subcategorías de prototipos y GT’s, se baten en duelo para llegar un día después a cruzar la meta. Pero todo esto ya está negro sobre blanco.

Desde que se dio la salida este pasado sábado hasta este domingo apenas he debido dormir unas cinco horas. Entre medias, enchufado a la televisión (excelsa labor de Eurosport dando en directo y en castellano prácticamente toda la prueba), comentando y recibiendo información en twitter… En fin, viviendo como buenamente podía delante de unas pantallas una de esas pruebas del automovilismo que sólo se pueden calificar con un sonoro “pure racing”. Y comiéndome las uñas al recibir mensajes de gente que, in situ, me mandaban audios de cómo sonaban los Corvette pasando por el puente Dunlop o el inusual sonido de los E-Tron de Audi, victoriosos a la postre. Firmar una crónica de una prueba así me ayuda a recordar por qué decidí dedicarme a esto de contar historias.

En este fin de semana hemos visto la efímera gloria de Toyota, que dejó sentadas las bases para lo que se avecina como una espectacular pelea en 2013. Los contratiempos con los doblados, la inexperiencia de Nakajima (los que sigan la Fórmula 1 desde hace unos años no se verán sorprendidos por el incidente) y la superioridad innata de Audi, que ya tiene una solvencia y una estructura detrás como para resistir mil y un problemas, dejó sin premio a la marca japonesa. Sin embaro, ojo: hoy celebra Audi, mañana tocará a Toyota. También hemos vivido la que, posiblemente, sea la última carrera de uno de los mitos de la última generación de las 24 horas de Le Mans. ‘Dindo’ Capello no se ha podido despedir de su prueba fetiche el día de su 48 aniversario con una victoria, pero lo ha rozado.

La heroica ha sido la tónica de un fin de semana. Hemos visto cómo Audi rehacía el Ultra número 3, el de Dumas, Duval y Gené hasta tres veces, las dos primeras por salidas del primero y la última por una salida del española, en apenas 20 minutos. El equipo alemán ha celebrado, sí, pero también ha sufrido las inclemencias de una prueba tan compleja como las 24 Horas. Las lágrimas de Motoyama para intentar arreglar el Deltawing y sacarlo a pista, pese a que su resultado final no contaría para nada ya que no estaba compitiendo en ninguna categoría, dejó a las claras que cualquier corredor quiere acabar en Le Mans, sea en la posición que sea. El susto en el cuerpo nos lo dejó Anthony Davidson. El escocés estará hospitalizado unos días después de haberse roto dos vértebras, y se quedará tres meses sin competir, pero visto el accidente tiene que dar gracias -y así lo hizo por twitter– por estar razonablemente bien.

La edición número 80 de las 24 Horas de Le Mans, la carrera de las carreras, ya es historia. Ya cuento los días para volver a disfrutar y vivir, aunque sea en la distancia, las 24 Horas de Le Mans de 2013.

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