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13 de diciembre de 2019 13/12/19

Opinión

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¿Quién molesta a Moyes?


  • 13 de junio
    de 2015
  • Iñigo Marín

David Moyes

Algo pasa con Gorka Elustondo. A estas alturas es algo innegable. El centrocampista de la Real, reconvertido a central en el enésimo intento del club de buscarle un lugar en el primer equipo, termina contrato pero tiene una oferta sobre la mesa y podría continuar dos años más. El caso es especial porque en los 9 años que acumula jugando con el primer equipo, Elustondo no ha conseguido consolidarse entre los habituales, ya sea por lesiones o por altibajos en su juego, y su posible continuidad comienza a levantar ampollas.

Y es que el de Beasain parece tener más vidas que un gato, pues le siguen llegando oportunidades para mantenerse en el primer equipo, con 28 años y tras casi una década sin mostrar el potencial que se le atribuía. Oportunidades como las negadas en el pasado a otros, como Javi Ros, y más recientemente a Jon Gaztañaga. De hecho, este último fue una de las revelaciones de la reciente edición de la Copa en la que la Real alcanzó las semifinales… hasta que un Elustondo recién recuperado de su enésimo problema físico le sacó, primero, del once y, más tarde, de las convocatorias. Tras caer en el olvido por ser un jugador de características similares a las del ‘4’, quien tampoco era un habitual ni en las alineaciones ni en las sustituciones, ‘Gazta’ es carne de cesión, según nos venden, porque no convence a David Moyes.

Elustondo, por su parte, es ese jugador del que todos los técnicos de la cantera realista hablan maravillas… y al que la mayoría de medios sigue protegiendo a capa y espada. También el presidente y el director deportivo defienden a ultranza su continuidad. No obstante, Moyes tiene claro que es un jugador ‘básico’, relativamente polivalente y que tiene fuerte disparo. Un último recurso en toda regla. Otra forma de verlo es que el centrocampista no molesta al escocés, que está dispuesto a ‘tragar’ quedándose con el favorito de la casa para no perder fuerza en otros frentes, como el de los fichajes (cuestión que, por cierto, da para un libro). En cualquier caso, lo que realmente llama la atención es quiénes son los principales valedores del canterano. Y también que éstos persistan en su idea de renovarle a pesar de lo que eso podría suponer para la afición (cada día más molesta con los favoritismos), para Elustondo (dos años más al mismo nivel le dejarían para el arrastre) y para la propia Real (que sigue sin reforzarse, a pesar de la insistencia de Moyes, y dedica más tiempo a proteger a los de casa que en las posibles mejoras).

Conste que no tengo nada en contra de Elustondo, con quien apenas he cruzado un par de palabras en otro par de ocasiones. Porque yo, de estar en su pellejo, tampoco habría sido capaz de dejar pasar la oportunidad de seguir en la Real. Por tanto, creo que el quid de la cuestión no es Elustondo, sino la Real y algunas de sus viejas costumbres. Porque las innumerables oportunidades brindadas al de Beasain son un insulto para otros jóvenes talentos que tocaron la puerta del primer equipo y merecían unas oportunidades que no han podido siquiera disfrutar porque el puesto estaba ya ‘cubierto’.

Mención aparte merece la campaña lanzada (desde a saber dónde) para tratar de convencer al aficionado de que hay que renovar a Elus. Que si el Athletic le ofrece tres años, que si tiene una oferta del Rayo sobre la mesa… Locuras sin sentido que, siendo claros, no han colado.

Por todo lo anterior, y tras una etapa de conformismo que llevó a la Real de la Champions al decimonoveno puesto de la Liga (sí, el penúltimo), la llegada de Moyes fue como un rayo de esperanza. Aterrizaba en San Sebastián un técnico metódico y profesional, ajeno a la contaminación local, a la continua promoción o crítica de ciertos jugadores y diversos aspectos llegados desde diferentes frentes. Y, lo mejor de todo, Moyes se jugaba tanto o más que la Real con su fichaje, pues no puede permitirse otro final como el que vivió en el United. Por todo ello, tras la llegada del británico y el ‘control total’ que, en teoría, se le ha dado, parecía que sí, que las cosas iban a cambiar y que la gestión se iba a llevar a cabo mirando la calidad y el bien del equipo, no los DNI.

Prometía. No tardó el escocés en dar la titularidad al prometedor Rulli en detrimento de Zubikarai, el elegido por Arrasate… que este curso queda libre al no ser renovado por el club. Realmente parecía que sí, que la época de títeres y titiriteros llegaba a su fin.

Parecía que sí, pero no. La historia no cambia. Después de una temporada en la que deberían haber saltado todas las alarmas, y tras la que alguno debería plantearse si realmente se ha ganado el seguir en el cargo, la Real sigue en el mismo plan: sin presentar refuerzos, ni mostrar una pizca de la exigencia y la autocrítica de la que tanto se habló tras la llegada de Moyes. El técnico habla, alto y claro además, pero el club le frena y matiza lo que dice. Y todo esto mientras Elustondo deshoja la margarita. De locos.

Con este panorama, sólo la animadversión que gran parte de la afición siente hacia el jugador puede hacer que éste deje la Real. Llegar a este punto es triste y molesto para todos, pero lo es más que desde la zona noble de Anoeta quieran pensar y vender que Elustondo sigue siendo una promesa. Puede que quedarse con el centrocampista no suponga una molestia para el entrenador en el día a día del club. Pero les aseguro que vivir un culebrón de tal calibre y que de tal repercusión por la renovación de un jugador cuya calidad, siendo generosos, le acerca al rol de ‘secundario’, no es para nada agradable.

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