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12 de noviembre de 2019 12/11/19

Opinión

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¿Qué hacemos con ‘El Pisha’?


  • 30 de septiembre
    de 2010
  • Firma Invitada 

Por Javier García Benavente

A sus 46 años, el malagueño Miguel Ángel Jiménez será el único representante español en la lista confeccionada por Colin Montgomerie, capitán del equipo europeo de la Ryder Cup 2010, que se disputa a partir de este viernes en el Celtic Manor Resort.

En un bendito año en el que los dioses del deporte se han volcado sobre España, sus equipos nacionales, sus deportistas y sus aficionados, y en que los todopoderosos astros del balompié nacional, adolescentes motoristas casi en edad escolar, fibrosos reyes de la bicicleta y tenistas de postín -con tanta musculación externa como bien amuebladas cabezas- nos han colmado a todos de alegrías nunca antes soñadas, aún nos queda una esperanza más: disfrutar del triunfo de uno de los deportistas más queridos y con mejor nombre en los ambientes de la élite mundial del golf.

En estos tiempos que corren, en los que la edad ha dejado de ser sinónimo de experiencia y sabiduría -pasando a ser paradigma de inutilidad y desprestigio- y donde el culto al cuerpo, a la imagen personal y a los hábitos de vida saludables lo son simplemente todo, este veterano golfista español, con su ibicenca coleta, su sempiterno habano en los labios y sus “bien protegidos” abdominales -con estética más propia de los apacibles valles irlandeses que de los gimnasios de la Milla de Oro marbellí- llega en su mejor momento de forma a la competición golfística por excelencia. El enfrentamiento directo entre el tradicionalista golf europeo y el mediático golf estadounidense.

Por si fuera poco, y para demostrar que el esfuerzo, el sacrificio y la superación personal no son virtudes pasadas de moda -mal que les pese a muchos-, Jiménez se posiciona en el equipo europeo ocupando un puesto más que merecidamente conseguido, tras asombrarnos a todos con sus más recientes triunfos en Francia y Dubai.

Lo que el bueno de Miguel pueda aportar al equipo europeo lo sabremos el domingo, pero a buen seguro no será él quién lleve el peso competitivo del equipo. Lo contrario sería una mala -muy mala- señal para el propio Montgomery y sus restantes pupilos, aunque a muchos de nosotros nos encantaría que nuestro cuarentón favorito llevase de la mano, hoyo a hoyo y hasta la victoria, a más de un imberbe compañero, para añadido sonrojo de los todopoderosos golfistas estadounidenses. Sin citar nombres ni de unos ni de otros.

Ciertamente el golf no es un deporte colectivo, más bien al contrario, y de sobras es conocido que algunos de los integrantes de ambos equipos no se destacan precisamente por poder presumir con justicia de poseer dicha cualidad deportiva. Con mayor frecuencia de la deseada se han aireado en los medios las pésimas relaciones personales que existen entre algunos de los mejores golfistas del mundo; tal vez porque su escenario natural sea el del combate cara a cara. O no solo por eso. Y, sin menospreciar su capacidad de juego, es ahí donde Jiménez va a destacar como pieza clave en el funcionamiento del engranaje que puede llevar al equipo europeo a la victoria.

Cuando uno repasa imágenes y crónicas de las anteriores participaciones de Miguel en la Ryder Cup, no puede pasar por alto el cariño que sus compañeros siempre le han demostrado; con independencia de quiénes fueran éstos en cada edición en la que aquel participase.

Miguel, “El Mecánico”, “El Pisha” o como cariñosamente queramos llamarle afronta esta edición de la Ryder Cup con una admirable energía, una envidiable ilusión y -por encima de todo- con el sano orgullo de saberse en el lugar que le corresponde por méritos propios.

Dado que a nuestros admirados tenistas, motoristas, ciclistas, futbolistas, etc. les hemos encumbrado -y con todo merecimiento- a lo más alto de nuestra estima como compatriotas de éxito mundial, cuando Europa gane a USA el domingo y sea manifiesta la aportación de nuestro golfista cuarentón a la victoria del equipo, la pregunta a la que deberemos dar justa y cumplida respuesta será: ¿Qué hacemos con “El Pisha”?

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