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the next generation

cuatro jugadores que están llamados a tomar el control del puesto de base. cuatro, que son el futuro de la liga cuando el presente deje paso. cuatro que jamás podrás no recordar su nombre

La NBA está en pleno cambio generacional. Es un hecho. Las generaciones ‘mayores’ se han visto superadas por los que eran el futuro de la Liga y ya son el presente. La competición conserva sus estrellas de ‘siempre’ por respeto a los galones, pero es consciente que las carreras de varias de ellas están en su recta final y que hay que renovarse. El futuro de la NBA y del baloncesto norteamericano está asegurado. Una generación de eléctricos bases ‘multitasking’ es el futuro en el puesto de playmaker y el maná que la Liga necesitará en unos años (no demasiados) para reavivarse. Se encaramarán al estrellato en breve y harán la transición al retiro de los que van por delante más sencilla y con menos responsabilidades.
El hecho de que los jugadores desde hace años no puedan dar el salto directamente del instituto a la NBA y convertirse en profesionales siendo aún ‘adolescentes’ (entre comillas porque en USA se es ‘teenanger’ hasta que se cumplen los 20) hace que los jugadores lleguen un poco más formados a la Liga. Sin embargo, la experiencia que te da la competición se sigue antojando básica para subir un nuevo peldaño antes de ser considerado estrella. Por este motivo, se quedan fuera de la lista de elegidos los rookies que entren este año en la NBA, haciendo más o menos ruido. Todo lo contrario que otros nombres que ya han saboreado el profesionalismo y deben subrayarse con fosforito. Kyrie Irving, John Wall, Brandon Jennings y Kemba Walker. Un poker de ases que puede gustar más o menos su estilo, pueden tener más detractores/admiradores o menos, pero el caso es que nadie mejor que ellos para ejemplificar lo que está llamado a ser el futuro en el puesto de base.
Kyrie Irving (1992, #1 del Draft de 2011) es quizás el alumno más aventajado de este grupo. El más joven de todos y al mismo tiempo el que ha tenido un impacto mayor. Casi no jugó en la NCAA por una lesión, pero aun así se hizo con el primer puesto de su promoción y luego reinó entre los novatos siendo Rookie del Año por tres cuerpos de ventaja. Después de un solo año en la NBA ya se codeó con la constelación de astros que formó el Team USA de los Juegos Olímpicos de Londres, sirviendo de ‘sparring’ en el training camp previo al torneo y permitiéndose el lujo de desafiar a un uno contra uno (que se quedó en un divertido pique verbal) a alguien a quien debería llamar de usted como Kobe Bryant. No tardará en salir de fiesta con ‘los mayores’ en el equipo nacional y formar parte de la élite de la NBA, haciendo más fácil el camino a sus tres compañeros del ‘Fantastic Four’ del futuro de bases de la NBA.
John Wall (1990, #1 del Draft de 2010) es el lugarteniente natural de esta escuadra de jóvenes desvergonzados que pondrán la Liga patas arriba en cuanto les den carta verde. Su evolución ha sido palpable, y no sólo en la cancha. Aquel chico al que algunos jugadores de la NBA apodaron maliciosamente ‘The Fool’ (‘El tonto’) en su primer año como profesional ha ido demostrando una madurez digna de mención y su ambición ha crecido temporada tras temporada. Ha pasado de ser un jugador espectacular al máximo a además querer convertirse en all star y llevar a Washington Wizards de la mano hasta los playoffs, como él mismo dice, “el lugar que se merece la esta franquicia y esta ciudad”.
Brandon Jennings (1989, #10 del Draft de 2009) es un poco la oveja negra del cuarteto. Al menos para los ojos de la NBA y el baloncesto norteamericano. Su estilo de juego es difícil que no provoque admiración (aunque sea esporádica o producto de alguna jugada aislada), pero el hecho de volver la espalda a la NCAA y poner rumbo al baloncesto profesional europeo como tránsito a su desembarco inevitable en la NBA no sentó bien. Su actitud desbordante de ‘swagg’ en la cancha tampoco hace demasiada gracia en los despachos de la Liga. Sin embargo, su profesionalidad y madurez sobre el parquet le han llevado a ser un poco el niño mimado del entrenador Scott Skiles en Milwaukee Bucks. Será all star, y si no al tiempo, y entonces la NBA olvidará su entrada en escena en la ceremonia del Draft de 2009, cuando ya nadie le esperaba, dando la mano al comisionado David Stern como quien se la da por obligación al vecino del primo de su cuñada cuando se lo presentan.
Por último, Kemba Walker (1990, #9 del Draft de 2011) lo tiene todo para triunfar, pero también es a quien más difícil se lo están poniendo. Es toda una leyenda en la Universidad de Connecticut y llevó a los Huskies él solito hasta el título nacional de la NCAA en 2011, pero todo eso careció de valor entre los profesionales. En Charlotte Bobcats alternó titularidad y banquillo en su año rookie, pero en su segunda temporada ya le han avisado que se prepare porque será quien tome las riendas del equipo en el cinco inicial… al menos que demuestre que no está preparado y su entrenador cambie de idea. Lo positivo es que Kemba está acostumbrado a lidiar con esa presión, desde los playgrounds de su New York City natal a las canchas de la NBA, pasando por la NCAA y esos momentos en los que el balón quemaba para todos menos para él.