Greg Louganis, el acróbata del  trampolín “la peor herida la he sufrido en mi orgullo”Greg Louganis, el acróbata del  trampolín “la peor herida la he sufrido en mi orgullo”Greg Louganis, el acróbata del  trampolín “la peor herida la he sufrido en mi orgullo”Greg Louganis, el acróbata del  trampolín “la peor herida la he sufrido en mi orgullo”Greg Louganis, el acróbata del  trampolín “la peor herida la he sufrido en mi orgullo”

Greg Louganis, el acróbata del trampolín “la peor herida la he sufrido en mi orgullo”

el saltador ha tenido una vida marcada por las adicciones, los abusos, el sida y la discriminación por su homosexualidad, ganó cuatro medallas de oro

Logró cuatro medallas de oro, pero siempre se le recordará por el salto que estuvo a punto de costarle muy caro. Greg Louganis se golpeó la cabeza contra el trampolín y cayó aturdido al agua. Todo parecía perdido para el saltador estadounidense, pero aquel 19 de septiembre de 1988, en Seúl, quedó grabado en letras de oro en la memoria olímpica.
Gregory Efitimios Louganis nació el 29 de enero de 1960 en San Diego (Estados Unidos). Sus padres, una pareja de adolescentes, ella sueca y él de Samoa, entregaron al bebé a un orfanato. A los ocho meses fue adoptado por un matrimonio estadounidense de origen griego. Su infancia estuvo marcada por los abusos de su padre, por el racismo y por la dislexia, que no descubrió tener hasta que llegó a la universidad, y que le provocó muchos problemas para avanzar en los estudios. Si su infancia fue difícil, no menos lo fue la adolescencia. Su condición de homosexual le fue aislando socialmente y arrinconando en sus adicciones. Greg comenzó a fumar a los nueve años y a consumir alcohol y drogas a los once.
No obstante, en la piscina familiar el pequeño Greg no encontraba límites. Comenzó a realizar saltos como si fuesen un juego. Su hermana le aficionó y finalmente entró, con nueve años, en el Parks and Recration Center de Las Mesas, en donde empezó a perfeccionar la técnica que le llevaría, con el tiempo, a ser el mejor saltador de todos los tiempos. En este centro se aficionó a su otra gran pasión: el baile. 
DOS MEDALLAS DE ORO EN LOS ÁNGELES
En 1971, Sammy Lee, un antiguo campeón olímpico norteamericano, quedó gratamente sorprendido por su forma de saltar. Louganis comenzó a entrenarse con él y a su lado consiguió sus grandes éxitos deportivos. Su despegue definitivo fue a los 16 años, cuando participó en los Juegos Olímpicos de Montreal. En la ciudad canadiense, el joven Louganis ganó una medalla de plata en plataforma 10 metros. En Moscú, debido al boicot de Estados Unidos a los Juegos de 1980, Louganis no participó. Hubo de esperar hasta 1984, en Los Angeles, para convertirse ya en una gran estrella mundial. En la ciudad californiana, Greg ganó la medalla de oro en plataforma 10 metros y en trampolín 3 metros, convirtiéndose en el tercer saltador, tras Albert White y Pete Desjardins, en lograrlo. Louganis les superaría en Seúl’88. 
Poco antes de los Juegos de Seúl, Louganis asumió con mayor naturalidad su condición sexual. Se fue a vivir con su pareja, pero las cosas no salieron bien. Greg sufrió malos tratos por parte de aquél y cometió un gran error, ya que firmó un poder notarial por el que su novio manejaría todas sus cuentas bancarias e ingresos.
DE SEÚL AL CIELO
En los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988, fue cuando Greg Louganis se convertiría en leyenda. En la capital coreana, el estadounidense ganó otras dos medallas de oro, convirtiéndose en el único saltador de la historia en ganar cuatro medallas de oro (dos en Los Angeles’84 y otras dos en Seúl’88). Tan sólo la saltadora Patricia McCormick había conseguido tal gesta en los Juegos de 1952 y 1956. Pero de Seúl, sobre todo, se recordará el salto en el que se golpeó la cabeza contra el trampolín. Louganis cayó desorientado al agua, pero salió por su propio pie. Fue atendido y media hora después, con un vendaje en la cabeza, volvió a saltar. Tras aquel accidente, Louganis declaró que “la peor herida la he sufrido en mi orgullo”.
Al día siguiente, Louganis protagonizó dos saltos de los más difíciles del programa: un mortal y medio interior con tres tirabuzones y medio, el mismo salto que le costó la vida al soviético Sergei Shalibashvili en la Universiada de Edmonton en 1983. Louganis no falló y recibió la mejor puntuación de los jueces, ganando la medalla de oro y quebrando la feroz resistencia del chino Liangde, que había ganado al estadounidense en algunas competiciones anteriores. 
Tras los Juegos de Seúl’88 dio por finalizada su carrera deportiva. Terminó su carrera ganando treinta y ocho títulos oficiales consecutivos en campeonatos de invierno y verano. Una carrera construida contra las enfermedades -años después admitió ser VIH positivo-, las adicciones, la discriminación, los abusos..., que no le impidieron ser el mejor saltador de la historia.