Raonic El cañonero que huyó de YugoslaviaRaonic El cañonero que huyó de YugoslaviaRaonic El cañonero que huyó de YugoslaviaRaonic El cañonero que huyó de Yugoslavia

Raonic El cañonero que huyó de Yugoslavia

milos, canadiense de origen balcánico, maltrata la bola a 245 km/h. en año y medio ha pasado del 156 al 22 del ránking atp

Año 1994, Podgorica, entonces denominada Titogrado en honor del antiguo jefe de Estado yugoslavo. La guerra de los Balcanes amenaza a la ciudad. La familia Raonic decide huir de las bombas con destino a Canadá, donde el padre Dusan y la madre Vesna pueden ejercer más cómodamente sus respectivas ingenierías. Tienen tres hijos: Momir, Jelena y, el más pequeño, Milos, que va camino de los cuatro años. Una medida desesperada que cambió la vida, para bien, de una de las estrellas más prometedoras del tenis mundial. 
En Canadá, Milos Raonic cogió una raqueta por primera vez. No le importó el frío del país, en el que reina el hockey sobre hielo, para practicar un deporte individual y al aire libre. A veces se entrenaba bajo cero. Pese a que ahora es una de las promesas más firmes, no consiguió grandes resultados hasta el 2010. No destacaba entre los juniors de su generación y pocos pensaban que llegaría a ser profesional. Pero tenía un arma, el saque, a partir del cual ha evolucionado su juego. Contó en ‘Informe Robinson’ que fue esa soledad en Canadá la que le hizo depurar el saque. “Con 10, 11 y 12 años siempre quería jugar, pero no siempre encontraba a alguien, así que sacaba. Practicaba el saque unas 200 veces al día”. Pero nadie se lo devolvía. Aunque ahora mide casi dos metros, con 15 años era de los más bajitos. Dar el estirón le hizo mejorar aún más el saque y, como no ha perdido movilidad, le ha abierto más opciones de juego. 
Guillaume Marx y Frédéric Niemeyer fueron sus primeros entrenadores en Canadá. En 2010 se cruzó en su destino Galo Blanco, ex tenista español que llegó a cuartos de final de Roland Garros y trabaja para la Federación del país norteamericano. Su primera decisión fue llevarle a entrenar a Barcelona, a la residencia ESADE en San Cugat del Vallés junto a Toni Estalella, que sería su preparador físico. Otra mudanza, 16 años después de la primera, cambiaría su vida. 
Con ellos ha aprendido a perfeccionar sus cualidades, el saque y la derecha, y a mejorar sus defectos, la movilidad y su comportamiento hostil en la pista. Su carrera desde entonces despegó, y ahora no tiene límites. Llegó a cuarta ronda de Australia en 2011 y a tercera en 2012, ha ganado tres torneos ATP (dos en San José -uno a Verdasco- y uno en Chennai) y ya está en tercera ronda de Roland Garros tras superar a Ramírez Hidalgo y a Jesse Levine en tres sets. Su próximo rival, mucho más serio, será Juan Mónaco. Si le gana, será una dura prueba para Nadal en octavos. Varios años después después de sacar contra la nada son los mejores tenistas del mundo los que le devuelven, con mucho sufrimiento, su saque, con el que ronda los 250 km/h. Palabras mayores. 
Voces autorizadas le dan como un candidato a pelear en los próximos años con el español y Djokovic por conquistar los Grand Slams. El uno de enero de 2011 era 156 del mundo. Hoy es el 22 y, si continúa su evolución, acabará el año entre los diez mejores. Pese a tanto tenis encuentra fechas en su calendario para visitar sus orígenes, Montenegro, adonde volvieron sus hermanos, esos con los que compartió su primer gran viaje. Y donde viven sus abuelos y su tío, vicepresidente del país. Sus padres prefieren quedarse en el frío canadiense. Hoy, las únicas bombas que hay en sus vidas son los saques de Milos, el ‘pequeño’ de la casa.