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28 de febrero de 2020 28/02/20

Opinión

Kobe Bryant: Una semana de duelo

Una semana después del fallecimiento de 'La Mamba' su legado sigue creciendo y ahora todos esperan que Lebron James tome en todos los terrenos el legado de Kobe


3 de febrero de 2020 Antoni Daimiel - Sportyou

La llegada de Kobe Bryant a la NBA, la manera en la que se adjudicó el relevo de Michael Jordan (tomó el testigo en segunda posta y salió corriendo), su retirada, su elección de LeBron James como siguiente relevista y su despedida abrupta de este mundo componen un relato que cuesta menos relacionar con el azar que con la minuciosidad de un guionista ciertamente caprichoso. La manera de urdir lazos con Jordan, atarlos, desatarlos y volverlos a anudar con Shaquille O’Neal, los vínculos con Pau Gasol y su historia con LeBron es realmente elaborada.

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La Copa que mejor sabe

El Atlético de Madrid suma ya cinco títulos de alto nivel en cuatro años pero esta Copa del Rey concentró en 120 minutos la sanación completa de las heridas tradicionales rojiblancas. Ha sido la final, el título que mejor sabe. Tras catorce años de impotente penitencia el Atlético purgó de golpe sus complejos ganando al clasista […]


18 de mayo de 2013 Antoni Daimiel - Sportyou


El Atlético de Madrid suma ya cinco títulos de alto nivel en cuatro años pero esta Copa del Rey concentró en 120 minutos la sanación completa de las heridas tradicionales rojiblancas. Ha sido la final, el título que mejor sabe. Tras catorce años de impotente penitencia el Atlético purgó de golpe sus complejos ganando al clasista vecino del barrio norte en su propio campo, con métodos históricamente avalados por Neptuno y otros dioses colchoneros: Tensión, dureza, contraataque, balón parado, cerro arrugas y desquicie rival. Cantera y Sudamérica presente. Toda la esencia del mejor café de su historia, de los aromas y esencias que dibujan las mejores degustaciones de su wikipedia, colaron y entraron en ebullición a más de veinte bares de presión en este ristretto del 17 de Mayo que promete tener despierta muchos años más a la afición rojiblanca.

En la rueda de prensa posterior al partido de Simeone anoté palabras sueltas pronunciadas por el técnico argentino: Trabajo, compromiso, colectivo, correr, sacrificio, emoción, sufrimiento, afición… Dentro del prontuario habitual cholista yo tengo mi frase favorita, la más trascendente: “Cada vez habrá más niños del Atleti, mañana se pondrán muchos niños por primera vez esta camiseta…”.

Gracias al camino iniciado por Aguirre y Quique Flores y al completo y concienzudo conocimiento interno del club que tiene Simeone el Atlético de Madrid lleva un lustro de sprint por la recuperación del lugar histórico que le corresponde en el ático del fútbol europeo. A un entrenador resultadista lo mínimo que se le puede pedir es que gane. No es su dedo, son los títulos de Simeone los que muestran el camino.

De un tiempo a esta parte

De un tiempo a esta parte nos hemos acostumbrado a vivir en la bendita costumbre de que nuestra selección gane siempre como nunca antes. Nuestra representación es la mejor del mundo torneo tras torneo con una puesta en escena de honra y honor, con un talante, una estética y una maña envidiable. Llama la atención […]


2 de julio de 2012 Antoni Daimiel - Sportyou

De un tiempo a esta parte nos hemos acostumbrado a vivir en la bendita costumbre de que nuestra selección gane siempre como nunca antes. Nuestra representación es la mejor del mundo torneo tras torneo con una puesta en escena de honra y honor, con un talante, una estética y una maña envidiable. Llama la atención que tal asiduidad de orgullo patrio no haya enfriado la celebración de sus representados. Más al contrario, se sigue disfrutando y conmemorando como si fuera la primera vez. El pueblo no se cansa de los días festivos cuando los días laborables son cada vez más duros.

Que la gente tome el fútbol como evasión y victoria no debiera ser tan malo. Eso sí, siempre bajo las reglas del compromiso. Corazón y cabeza necesitan guías espirituales claras. Afiliarse desde el credo a una tendencia, alistarse en ideas y convicciones sugerentes para la personalidad de cada uno, elegir un camino que pueda ser más o menos largo o sinuoso, pero el camino que a cada uno le hace sentir bien y responde a sus perfiles y maneras. Cauces libres de traiciones. Eso es lo más reconfortante en la vida. Y eso este grupo, este equipo de España y este seleccionador lo ofrecen a manos abiertas y recompensa llena para cada cual que se sienta representado por ellos. Una sensación de plenitud que lo seguirá siendo en el momento del fracaso o de la no consecución del objetivo porque el idilio con los principios se mantendrá en la memoria emocional de cada uno. Los hay y los habrá que elijan dirigirse por caminos constantemente interrumpidos por entradas y salidas. Gente que afirma categóricamente lo obvio y lo contrario con una semana de diferencia y total impunidad amparada en su libertad de gusto y opinión. Y lo hacen como si la memoria del resto no fijara, como si déficits de hierro y potasio fueran generalizados o google y youtube no existieran.

Pueden seguir por su camino pero no fueron de nidos así construidos de donde nació, entre los años 80 y 85, nuestra maravillosa generación de deportistas actuales. Aquellos fueron años de inocencia y trabajo, con miradas y palabras directas y con un compromiso a prueba de toda duda y libre de refugios, embelesos y remolinos. Aquel tiempo pasado sí fue mejor, el tiempo de la forja de los héroes de la actualidad.

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Atlético, un grande al despiste

Uno no tiene la culpa de haber nacido en 1970. De haber recibido unas primeras percepciones rojiblancas con la liga del 73, de haberse encandilado con el Atlético para siempre un 20 de Enero del 74 cuando el Ratón Ayala batió a Balaguer con un gol astuto y asistido por Irureta en Valencia. De haber […]


10 de mayo de 2012 Antoni Daimiel - Sportyou

Uno no tiene la culpa de haber nacido en 1970. De haber recibido unas primeras percepciones rojiblancas con la liga del 73, de haberse encandilado con el Atlético para siempre un 20 de Enero del 74 cuando el Ratón Ayala batió a Balaguer con un gol astuto y asistido por Irureta en Valencia. De haber conocido a Maier, Beckenbauer, Breitner, Hoeness, Muller y desgraciadamente a Schwarzenbeck menos de dos meses antes de que se proclamaran campeones del mundo. Con siete años de edad había sido consciente de dos ligas, dos copas, una final de Copa de Europa y la consecución de la Intercontinental. Era rojiblanco y tenía motivos para sacar pecho. No dejo de pensar en situaciones similares en momentos recientes y actuales de gloria colchonera. Anoche imaginé niños de dos, tres, siete o diez años recibiendo un primer fogonazo de conquista vitalicia para el fútbol y para los colores rojiblancos con los golazos de Falcao o con el de Diego. Cosas así atrapan para siempre a un alma inocente cualquiera. Por suerte un segundo de imagen televisiva puede atrapar eternamente a un corazón y un pelotazo de goma no es capaz de borrarte la pertenencia ni expulsarte de un sentimiento.

El Atlético de Madrid ha sido campeón de todas las copas internaciones posibles. Le falta la Champions (Copa de Europa) porque se le escapó en el último minuto de la prórroga de la final. Conviene recordar que lo de “pupas” procede de ahí, no del hábito de perder o del descenso al infierno sino de que le empataran una final de Copa de Europa en el minuto 119.

El Atlético nunca es convencional. Ganó la Intercontinental sin haber ganado la Copa de Europa, ganó la primera Europa League sin ganar ni un partido en octavos ni en cuartos de final y ha ganado dos años después la segunda Europa League con un once titular que no incluía ningún jugador de los que Quique Flores alineó veinticuatro meses antes contra el Fulham, despedazando cualquier definición de proyecto o estructura. El Atlético es atrevido y provocador a la hora de escribir su historia: Perea, Antonio López, Domínguez, Assunçao y Salvio, en su dimensión continental y con estos dos trofeos en dos años se han puesto a la altura de símbolos del Real Madrid como Míchel, Butragueño y Martín Vázquez (que solo ganaron esas dos copas internacionales) o del Barça que juntó a Helenio Herrera con Kubala, Czibor y Kocsis.

Todas estas peculiaridades quizás tengan que ver con que antes de la final el Atlético de Madrid fuera el favorito para los especialistas de las casas de apuestas pero no lo fuera para la mayor parte de la prensa especializada española, muy dada a confundir la simpatía con el juicio. Ni siquiera la delegación del gobierno y el Ayuntamiento de Madrid parecieron confiar en la victoria colchonera. Que la noche anterior a la final los programas televisivos nocturnos (en cadenas nacionales) hablaran del futuro de Higuaín y futuros refuerzos del Real Madrid y una hora después de la final de Bucarest hablaran de las posibles próximas bajas del Atlético, es, digamos, otra de las peculiaridades que rodean a un club como el rojiblanco. Las declaraciones a esa hora de Miguel Ángel Gil Marín, el consejero delegado y máximo accionista de la sociedad, incidiendo en que se vendió a Torres, se vendió a Agüero y se sigue ganando porque el club está por encima de los jugadores no es, digamos, un desmentido a todos los rumores de salida de Diego, Falcao o Adrián. Nadie dudó nunca de que el club estuviera por encima de los jugadores, la cuestión siempre ha sido conocer por debajo de quién está para ser un grande tan diferente, un campeón europeo tan al despiste.

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No hay quien lo pare pero, ¿lo empujan?

El Kun Agüero se va y ahora no hay quien lo detenga. El problema es si hay quien lo empuja simulando que lo abraza. Ahora es imposible sujetar a un crack del fútbol mundial que con 22 años ha metido cien goles con la elástica del Atlético de Madrid y ha tenido el detalle y […]


24 de mayo de 2011 Antoni Daimiel - Sportyou

El Kun Agüero se va y ahora no hay quien lo detenga. El problema es si hay quien lo empuja simulando que lo abraza. Ahora es imposible sujetar a un crack del fútbol mundial que con 22 años ha metido cien goles con la elástica del Atlético de Madrid y ha tenido el detalle y la decencia de despedirse con un “hat-trick” inolvidable. El Atleti para el Kun es el primer novio adolescente de Adriana Lima, el chaval que le dio el primer beso a Beyoncé. La rienda suelta hubiera sido inevitable de cualquier modo… O no. Porque ha jugado en un equipo que ha perdido en casa más partidos y ha recibido seis goles más que el descendido Deportivo. Porque si a mí se me hacen insoportables dos años seguidos sin Champions imaginemos al de Quilmes. Porque ha habido días que ha mirado atrás y ha visto a Raúl García, ha mirado a un lado y ha visto a Elías y ha mirado delante y ha visto a Diego Costa. Porque hace unos meses los dueños del mago le bajaron la cláusula de 60 a 45 millones mientras insistían en que el Kun no se iría. Vamos, lo que cualquiera haríamos con un piso que no quisiéramos vender. Y ahora despliegan su maquinaria mediática para que la prensa sepa que la culpa es del entorno del jugador, que es el Kun el que se quiere ir y para que le hagan fotos saliendo del Calderón. Para que le gente le tome miedo a su marcha al Madrid y que al final su viaje al City o a la Juve sea una descarga, una soltura de manga del mal menor. Ni un sólo reproche al Kun, todo el cariño y la suerte del mundo. Podrá ir diciendo por esos campos de las mejores eventos futbolísticos del mundo que él es muy del Atleti y lamentablemente, a nadie molestará, como cuando se nombra el equipo del pueblo o del barrio en esas circunstancias. Porque el Atleti no es un grande venido a menos, es un grande llevado a menos. Ya dije en una ocasión en Sportyou: “El Atleti ya no me duele pero lo (a)noto”. Por eso, porque ya no duele tanto a base de cicatriz, uno se permite la frivolidad de jugar y, al estilo de expresiones mucho más serias e importantes, pedir una acampada en el Calderón. Pero antes de instalar la enfermería y la guardería, priorizar un gran huerto de tomates gordos. Kumato.

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Ya no me duele pero lo (a)noto

El Atlético de Madrid se come el turrón sin competición europea. No me turba. Desde que soy mayor de edad, elminaciones así se han convertido en hábitos. No hay dolor sin herida ni herida sin decepción. El Atleti ya no me camela, me enseñó a no aspirar, a no esperar, es mi equipo pero ya […]


17 de diciembre de 2010 Antoni Daimiel - Sportyou

El Atlético de Madrid se come el turrón sin competición europea. No me turba. Desde que soy mayor de edad, elminaciones así se han convertido en hábitos. No hay dolor sin herida ni herida sin decepción. El Atleti ya no me camela, me enseñó a no aspirar, a no esperar, es mi equipo pero ya no me mata. Ni sabe ni puede, ni sufro, ni lloro. Ahora que nadie quiere a nadie, ahora que se acabó el querer, cómo voy yo a desvivirme por el Atleti con el pago que me da. Paso pero no tolero. He aprendido a esquivar secuelas. De poco sirve buscar causas o razones porque deben ser las mismas de siempre. Las informaciones al respecto de su sinuoso camino siempre son confusas. El pupismo, la autodestrucción, el gafe y el victimismo son distracciones construidas para tal misión, mcguffins, elementos de disuasión, liebres eléctricas de canódromo. A Julian Assange le preguntas que te cuente del Atleti y prefiere coger el primer vuelo que salga hacia Washington.

La Europa League ya prestó su servicio y esta eliminación no es más que un fado lacrimógeno. Esta copa es la amiga fea que nos presentó a una top model como la Supercopa de Europa. Yo soy de un equipo que ganó la Copa Intercontinental sin ganar la Copa de Europa y conquistó la Supercopa de Europa tras ganar una Europa League en la que sólo metió dos goles más de los que encajó. El pragmatismo tacticista de Quique Sánchez Flores resultó entonces fundamental para la hazaña. La pizarra y las obras divinas de Agüero fueron pulseras de todo incluido que se rompen por el uso.

Repaso jugadores y entrenadores que han pasado por el Atlético de Madrid durante los últimos veinte años. La mayoría ha sido mejor antes o después de su paso por el club del Manzanares. La x de la ecuación está en otro sitio y las últimas operaciones o pistas para despejarla son estremecedoras. Este es un club al que se exige jugar Champions League pero que le ha cogido el gusto a gestionar el futuro de sus mejores jugadores según dos alternativas posibles: o los renueva bajándoles la cláusula de rescisión o los vende. Quizás no sean opciones tan distantes entre sí. Las salidas de Heitinga, Jurado, Maxi y Simao serían inaceptables e intolerables en cualquier otro club de similares aspiraciones teniendo en cuenta el momento de las operaciones y la calidad o ausencia de sus sustitutos.

No hay que darle muchas vueltas, el Atlético es un náufrago que se muere de sed año sí, año también. Desistan los inquietos e inconformes, nada se puede hacer. Si has hecho todo lo que has podido, no te puedes quejar, y si no has hecho todo lo que has podido, tampoco. Y casi mejor porque como dicen por ahí: “Por lo bueno que vivimos no te acerques demasiado, mis hormonas y deseos no son tan civilizados”.

El otro día escuché una versión del tema de Serrat “Disculpe el señor” y también pensé en el Atlético de Madrid. Ay, si viniera un jeque de esos… Y aunque fuera de Qatar.

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