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28 de Julio de 2017 28/07/17

Opinión

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Roberto Martínez y Bélgica, un matrimonio de conveniencia


  • 05 de Agosto
    de 2016
  • David de la Peña

La actual generación belga es una de las más talentosas de toda su historia -la de 1986, al menos desde el punto de vista de los resultados, obliga a situar a esta, por el momento, en un escalón por debajo-, pero su prestación en las fases finales está por debajo de las altas expectativas que su plantilla transmite justo antes de cada gran torneo.

La explicación puede ser más sencilla de lo que parece, a pesar de que Marc Wilmots, el elegido para dirigir un equipo casi obligado a triunfar, tuviese entre manos una serie de individualidades de primerísima fila. Y es que esta Bélgica tiene un equipo descompensado, muy capaz de marcar la diferencia en ambas áreas –Courtois, Kompany, Vertonghen o Alderweireld en la propia, y Lukaku, Origi, Hazard o De Bruyne en la contraria es mucha tela que cortar-, pero con problemas para meter entre los convocados piezas importantes para hacer equilibrado un equipo, como buenos pasadores en medio campo o laterales al mismo nivel que sus compañeros.

Un problema que obligaba a ser resuelto desde la pizarra, probablemente a través de un técnico atrevido y con imaginación. Wilmots, un perfil de entrenador bastante conservador en la toma de decisiones, no consiguió sacar todo el potencial que tenía entre manos. No conservador desde el punto de vista defensivo, puesto que sus onces incluían muchos jugadores de ataque, sino poco arriesgado para probar a jugar sin laterales, con líneas de tres defensas o en definitiva, inventar una estructura poco habitual que permitiera tener a los mejores jugadores en el terreno de juego y que estos se potenciasen entre sí para rendir a su mejor nivel.

El gran problema de esta generación belga es que necesitaba que alguien, desde la pizarra, escondiese las carencias que ofrecía su convocatoría y brindase a su batería de cracks un escenario para marcar la diferencia. El paso de Wilmots a Roberto Martínez, en este sentido, es a priori positivo. El exentrenador del Everton, sin ser un técnico de la cuerda de Guardiola o Sampaoli, sí tiene más manga ancha para adaptar dibujos, salir de lo convencional y edificar planes de partido en función de sus rivales con bastante lógica. La España de Lopetegui será la primera prueba para Roberto Martínez, y una gran oportunidad para comprobar las intenciones de un técnico, en principio, más propicio para dirigir tal cantidad de talento.

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