el fin y los medios y viceversa “El periodista y el entrenador dudan de casi todo, pero no lo pueden decir”el fin y los medios y viceversa “El periodista y el entrenador dudan de casi todo, pero no lo pueden decir”el fin y los medios y viceversa “El periodista y el entrenador dudan de casi todo, pero no lo pueden decir”el fin y los medios y viceversa “El periodista y el entrenador dudan de casi todo, pero no lo pueden decir”el fin y los medios y viceversa “El periodista y el entrenador dudan de casi todo, pero no lo pueden decir” 

el fin y los medios y viceversa “El periodista y el entrenador dudan de casi todo, pero no lo pueden decir”

el periodismo deportivo que fue, es y ¿será? según sus protagonistas

Como si del último Príncipe de Asturias del Deporte se tratara, la portada de ‘Yo soy español’, el nuevo libro de Orfeo Suárez -editado por Córner- , reúne a Iker Casillas y Xavi Hernández. El autor asegura que ha querido escribir una “fábula” a partir de los éxitos recientes de la Selección, de los que ha sido testigo como cronista. ¿Y qué significa ser cronista en estos tiempos? Las respuestas también tienen su moraleja.Su anterior libro se titulaba ‘Palabra de entrenador’. ¿Y si tuviera que escribir ‘Palabra de periodista’? âHablaría de preocupaciones del día a día y las dudas constantes que genera tener que escribir. En deporte tienes que combinar conocimientos técnicos, background, estadística, pasión... Vas al partido con un guión que la pelota te desmonta; una cuestión nimia puede acabar generando mucho debate. El deporte es incontrolable y debes estar muy alerta. A veces a periodistas y entrenadores les pasa lo mismo: dudan de casi todo pero no lo pueden decir, quieren controlar algo incontrolable. ¿Tienen los periodistas esos conocimientos técnicos? âDeberían. Y si no, deberían estudiar un poco. Al que ha profundizado se le nota. Los entrenadores les distinguen enseguida y las entrevistas, sin ser de igual a igual, sí son distintas. Ahora, entre el intrusismo y la velocidad, se analiza poco y todo se centra en la polémica. Al presentar aquel libro, Luis Villarejo, habló de los libros como reducto para contar historias “ahora que la actualidad va por otro lado”. ¿Qué lado es ese? âEl de la rapidez de las nuevas tecnologías. La información se ha frivolizado mucho, no solo la deportiva. La velocidad de los soportes y la proliferación de las televisiones han traído el fenómeno de las tertulias: juntar a cuatro y que cada uno diga la suya. Es lo más fácil, porque allí no preguntan nada que hayas tenido que estudiar. Existe la necesidad de que lo que se diga sea altisonante porque si no, ni la cadena tiene audiencia ni a ti te vuelven a llamar. El libro es un reducto. ¿En qué medio se podría charlar media hora sobre entrenadores de manera sosegada? Sería un fracaso absoluto. Vender 3.000 ejemplares de un libro es un éxito. Conseguir una audiencia de 3.000 espectadores es ridículo. ¿Cómo convencemos al lector de que la información le debe seguir costando? ¿O es que ya no vale nada? âLo hemos hecho mal desde el principio, acostumbrándole a que era gratis. Que pague va a ser difícil, y más en la coyuntura actual. Habrá una pérdida porcentualmente altísima de los seguidores de los soportes, quedará menos gente que genere lo suficiente para que los medios puedan sostenerse. Ese es el reto. La televisión de pago es residual en España, tuvimos el ejemplo del ‘pay per view’, pero no hay otra salida. Somos creadores de contenidos y la información será un elemento más de consumo. Antes de El Mundo trabajó en La Vanguardia. ¿Hay que ser periodista ‘de Madrid’ o periodista ‘de Barcelona’? âYo he escrito siempre igual. Otra cosa es que, cuando escribes en un medio de vocación local, sabes que el 95% de los lectores responde a determinadas sensibilidades. No hay que escribir mentiras, pero hay cosas que no interesan y hay que dar prioridad a las que sí. Puedes modular los adjetivos en función de eso, pero lo que está mal está mal y lo que está bien está bien. A veces hay más autocensura que censura. En los últimos años han proliferado los libros con intrahistorias de la Selección. ¿Cómo vende el suyo? âNo los he leído todos. El de Miguel Ángel Díaz [‘Los secretos de la Roja’] es un gran libro que entra en la interioridad de la convivencia. El mío es el diario de un testigo de las dos Eurocopas y el Mundial más la construcción del proyecto. No tiene una línea argumental homogénea: una entrada es una conversación con Villa sobre sus botas, otra la charla de Del Bosque en la final del Mundial... La intención es que quede una idea de conjunto sobre las claves para llegar al éxito, a ese millón de personas celebrando en la calle algo de lo que se sienten partícipes. Quería que algunas personas reflexionaran sobre ese éxito al que se llega soslayando diferencias. El prólogo es de David Gistau. Muchos madridistas ven en él algo que echaban en falta: una pluma a la altura de las que ha tenido el Barça, eso que ahora llaman “el relato”. ¿Está de acuerdo? âNo solo estoy de acuerdo sino que fui yo quien le provoqué para escribir en ‘El Mundo’ y quien convenció al director. Gistau combina altura intelectual, rapidez, sagacidad, ironía... Es el mejor articulista, y no hablo de deporte. En la tradición del larrismo contemporáneo. Y muy independiente. ¿Y al Madrid le ha faltado “relato”? âDesde hace años el Barça se ha instalado en una corriente de opinión positiva y el Madrid, en una negativa. En el Madrid, hasta las cosas buenas tienen un pero; en el Barça se positiva todo. En la época del Madrid galáctico, Jorge Valdano me dijo: “Hemos ganado la batalla de los partidos pero hemos perdido la de la propaganda”. Sus ex compañeros Jesús Alcaide y Carlos Carbajosa trabajan ahora en el Real Madrid. ¿Se imagina usted también allí? Podría cambiar el “relato”. âNo, no. Hablo como observador. Creo que el Madrid debería hacer eso, pero no sé cómo. El director de ABC dijo que su diario es “guapo, monárquico, católico, español, sentimental... y del Real Madrid”. ¿El Mundo también es del Madrid? âA mí no me lo han dicho nunca, y creo que ya habría venido el director a decírmelo. ‘El Mundo’ es un diario con sus virtudes, defectos y la vocación de auditar permanentemente al poder. El periodista se va adaptando a las claves de cada medio. Por el ‘feedback’ que tengo, probablemente el 80% de nuestros lectores son madridistas. Eso no quiere decir que comulguen con lo que hace el club. ¿Por qué se resiste a entrar en Twitter? âAlimentar la cuenta y responder lleva una dedicación. Si no me voy a implicar, no quiero crear la cuenta por crearla. Sería un poco fraude.