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el fin y los medios y viceversa

el periodismo deportivo que fue, es y ¿será? según sus protagonistas

La edad que precede a esta entradilla no es una errata: Onda Cero ha confiado su espacio nocturno a este joven vitoriano, el séptimo periodista que se hace cargo desde el adiós de José María García. Hace unos días entrevistó a Paco Pavón y se vio reflejado en una explicación sencilla que le dirigió Vicente del Bosque al hacerle debutar: “Vas a jugar con el primer equipo porque lo estabas haciendo muy bien en el filial”.¿Tiene futuro su profesión? âYo creo que sí. Cuando veo algunas cosas soy muy negativo y pienso que esto se va a acabar. No solo por el tema económico, sino porque ves todo lo que se ha perdido, los puntos negros... ¿Y qué se ha perdido? âEl propio trabajo del periodista, su valor. Se hace muy poco periodismo y se va a lo cómodo, a opinar. Ahora el periodista se toma muchas más licencias. Los propios protagonistas tienen culpa. Ahora que los futbolistas no hablan, ¿se recurre a esos periodistas para que hablen por ellos? âSí. Veo periodistas que hablan en nombre de clubes, en primera persona... Eso a mí me costaría.No te hablo solo del Real Madrid y del Barça: pasa con todos los clubes. Son muy libres de hacerlo. ¿Se sigue escuchando la radio deportiva nocturna? âSí, y me sorprende. Hasta hace poco pensaba que se consumía menos. Además, hay que explotar la red y los podcasts; antes eran muy minoritarios y ahora su consumo es brutal. Asumiendo que se escucha, ¿ha perdido relevancia? âPuede. Más que relevancia, ha perdido estilo, porque al final lo que se hace es emitir opinión. De fútbol opina todo el mundo y ahora además por la noche todos los oyentes saben ya lo que ha pasado porque lo han leído en Twitter. Antes los programas abrían contando que se había lesionado un jugador en el entrenamiento, porque la gente no lo sabía. Hablando de Twitter, uno de sus contertulios, Santi Segurola, lo definió como “un bar de borrachos”. âEs una simplificación fruto de su mala experiencia personal. No tiene nada que ver. Twitter permite la cercanía con deportistas y periodistas, pero hay que saber usarlo. Tiene lagunas, como la vida misma. Si Wikipedia no miente, usted es el séptimo conductor que pasa por la noche de Onda Cero tras la marcha de José María García. ¿Eso es la silla eléctrica? âEs una bomba, una gozada... Un privilegio. Es cierto que algunos no han estado aquí el tiempo que esperaban, pero es lo último en lo que pienso. Le puede pasar a cualquier programa que no vaya bien. ¿Qué le pidieron sus jefes cuando le encargaron dirigir ‘Al primer toque’? Me repitieron: “Haz lo que sabes”. ¿Y nada de audiencias? âUna sola cosa: “Olvídate de ellas”. Apostar por alguien poco conocido y mirar a las audiencias no tendría mucho sentido. Yo se lo agradezco. El runrún del verano en el mundillo fue: “¿Conoces al nuevo de Onda Cero? ¿Y qué tal es?”. ¿Está al tanto? âSí, de hecho hace poco en una noticia se referían a mí como “el ignoto” Héctor Fernández, y me hizo gracia. Es verdad que la gente no me conoce. He hecho mucho trabajo de redacción y he salido lo justo para cubrir el Mundial, la Eurocopa, los Juegos... Si se cruza con De la Morena o Paco González por la calle, ¿cree que le reconocerían? âPaco sí. Coincidimos en la Eurocopa y fui a saludarle. Creo que De la Morena no me reconocería, pero si le veo me presentaré. Creo que soy yo quien debe hacerlo. Es de suponer que no fustigará usted a otras emisoras, como hizo Ángel Rodríguez en sus inicios. âNo sé él en su día, pero yo no tengo por qué. Eso de los mensajes cruzados es un estigma de la radio nocturna. Trato de llevarme bien con todo el mundo y arreglar las polémicas con una llamada. Durante mucho tiempo nos equivocamos con eso. Dijo que la radio necesita que alguien se atreva a innovar, pero también cree que no podrá hacer todo lo que quiere. ¿El resultado será más de lo mismo? âYo no creo que esté todo inventado en la radio. No digo que yo vaya a inventar nada, pero sí que hay una manera de darle una vuelta, como en su día hicieron Ares y Taboada con ‘Radioestadio’; los demás fueron a rebufo y así nació la “primera hora” de otros programas. Esas cosas revitalizan la radio. Arrancas con la idea de hacer la revolución y al final cambias menos cosas de las que pensabas porque te atropella la bola gigante de la actualidad. Donde se puede meter mano es en los formatos. Dirigió el departamento comercial en una revista de economía. ¿Hay que tener ciertas dotes comerciales para presentar un programa? ¿Dotes de charlatán? âDe charlatán no. Hay que saber de marketing, mi gran pasión después del periodismo. Me preocupa más el envoltorio, porque para lo de dentro ya tengo un equipazo. La radio está para que suene bien. ¿En la redacción le miran distinto ahora que es jefe? âTodo sigue exactamente igual. Conmigo tienen una ventaja: soy uno más, y me pueden decir las cosas y poner malas caras. No tengo despacho, me siento en la redacción como el resto. ¿Qué entrevista ha sido más blanda? ¿Esta o la que le hizo usted a Anna Tarrés? âJosé Joaquín Brotons dijo en Cope que fue blanda; le llamé y le di las gracias por la cuña. Me molestó que Emilio Pérez de Rozas dijera que estaba pactada. Entonces... ¿más o menos blanda que esta? âDiferentes, pero yo ahora no estoy tan nervioso como ella aquel día. Estaba como un flan, su marido tenía que cogerle la mano. Para acabar, recomiéndenos un libro. âSiempre hay que apostar por los nuevos, así que recomiendo ‘Retrato de un moribundo’, de Miguel Venegas [uno de sus compañeros de redacción en Onda Cero]. Y también ‘Panzer Commander’, de Hans von Luck, un lugarteniente de Rommel que aporta otro prisma distinto al habitual, para desmitificar.