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chris herren, una historia de éxito, decadencia y superación digna de ser contada a todo chaval que quiera ser profesional

El baloncesto se acaba para todo el mundo, para unos antes que para otros, y acto seguido empieza la vida. Y muchos no están preparados para vivir esa vida”. Son las palabras de uno de los mayores ejemplos a seguir en el mundo del deporte. De un hombre que estuvo literalmente muerto durante treinta segundos y volvió a la vida para sobreponerse de su adicción a las drogas e intentar abrir los ojos a todos aquellos que pudieran pasar por la misma pesadilla que acabó con una prometedora carrera deportiva y a punto estuvo de acabar con su vida. Chris Herren es la mejor muestra de cómo un simple ‘por probar una vez no me voy a enganchar’ puede mandarte del cielo al infierno. De ser una estrella del baloncesto portada de Sports Illustrated a estar en completa bancarrota y sufrir varias sobredosis que por poco le mandan al otro barrio. Herren es el espejo de lo que quieres y no quieres ser cuando te llega la fama. Así al menos lo ve este que escribe, que no tiene problema alguno en reconocer, que en años en esta profesión, ha sido la mejor entrevista que ha hecho hasta el momento y el jugador/personalidad del deporte que le ha marcado tener frente a frente.
Chris Herren nació y creció en Fall River, una pequeña localidad próxima a Boston. Allí fue todo un ídolo local y una estrella del baloncesto desde temprana edad. Sin embargo, el propio Chris reconoce años después que nunca se divirtió con el baloncesto. Pronunciar su nombre es hablar de uno de los mejores jugadores de ‘high school’ de la historia del estado de Massachusetts. Su talento innato para el baloncesto le llevó a jugar en el prestigioso Boston College, pero allí empezaron los problemas… o mejor dicho se hicieron más notorios. El propio Herren cuenta en su libro autobiográfico Basketball Junkie y en el documental que narra su vida Unguarded que siendo un adolescente ya estaba próximo al alcoholismo, y que en su primer año en la universidad se convirtió en adicto a las drogas. Una lesión que le apartó de las canchas siendo freshman le llevó a acercarse al lado más oscuro de las fiestas universitarias y cocaína. A partir de ahí su situación, deportiva y personal, sólo fue a peor. Su cara pasó de abrir las páginas deportivas de los periódicos locales por sus logros en el parquet a protagonizar las portadas de la prensa estatal y nacional por sus escarceos con sustancias prohibidas. Fue suspendido por la universidad y la NCAA y obligado a pasar por programas de rehabilitación, pero ya iba cuesta abajo y tomando velocidad.
Tras desintoxicarse por primera vez, Herren hizo las maletas y se alejó de la tentación. Dejó su casa y se marchó a la otra punta de los Estados Unidos para empezar de nuevo. Sin embargo, y como él mismo reconoce, una vez que llamas a las puertas del infierno es muy difícil dar marcha atrás. “Dije que Fall River era la culpable de todo durante muchos años. Durante mucho tiempo dije que tenía que irme de casa y dejar mi ciudad. Todo el mundo me decía ‘Chris tienes que irte de casa, tienes que irte de Fall River’”, explica Herren recordando sus primeros intentos de salir del pozo. “Entonces me fui a Boston College y me decían que estaba muy cerca de Fall River y que me tenía que marchar. Me fui a 3.000 millas de distancia a Fresno State y después de tres años me dije que me tenía que ir de allí. Dejé muchos sitios, y entonces me desperté a los 28 años en una habitación de hotel en Teherán, Irán, esperando a mi camello a las 2:30 de la madrugada”, dibuja mentalmente, antes de concluir con un contundente “ahí me dije que no tenía nada que ver con Fall River sino conmigo”.
A pesar de su adicción a las drogas, el talento de Chris Herren para el baloncesto le convertía en un jugador completamente preparado para la más alta competición y los Denver Nuggets se arriesgaron con él en el Draft de 1999. La franquicia de Colorado le eligió en el puesto número 33 y su camino en la NBA no tardó en empezar… y en torcerse. Tras una sola temporada en los Nuggets, Herren fue traspasado a los Boston Celtics y regresó a casa, volviendo a convivir con sus antiguos demonios. Allí tocó nuevamente fondo. “En todos los países en los que he jugado he encontrado drogas. En Bolonia, Italia; en Varsovia, Polonia; Estambul, Turquía; Teherán, Irán; Beijín, China; en Estados Unidos. Paso mucho tiempo en Fall River ahora y no me coloco, así que…”, deja sin terminar una frase que bien podría concluirse con una autoculpa a su adicción ya superada.
El camino de la rehabilitación de Chris Herren no fue sencillo, ni mucho menos. Tuvo que estar al borde de la muerte en varias ocasiones para dejar atrás su necesidad de colocarse con opiáceos y drogas más duras. “Por mi adicción a los opiáceos pasé de los Celtics a Bolonia, Estambul, China, Varsovia, Teherán”, explica Herren. “Cuando los opiáceos entraron en mi vida, mi dinero fue hacia abajo, mi situación fue hacia abajo y mi trabajo desapareció”. Un trabajo que realizó durante muchos años bajo los efectos de esas sustancias, hasta el punto que el día de su debut como titular en el Boston Garden, con su familia y amigos en la grada, se saltó la rueda de calentamiento para salir del pabellón y reunirse bajo la lluvia con su camello 15 minutos antes del salto inicial. “Los chicos dicen que Chris Herren jugaba colocado y no es verdad”, matiza. “Anoté sesenta y tantos puntos en China colocado de heroína. Batí el record de anotación en una temporada en China. Puedes tener un buen día, pero vas a tener 364 malos. Todo esto relacionado con la heroína es un poco engañoso. La gente dice que juegas colocado de heroína y no es verdad. Tomaba heroína para estar normal. Para mantenerme alejado de mi enfermedad, así que jugaba normal para un drogadicto. No había ningún tipo de sensación de estar colocado, sino que estaba en mi estado normal”.
Hoy en día y con más de tres años limpio a sus espaldas, Chris Herren ha dejado atrás su paso por los infiernos para volver a este mundo y llevar su experiencia personal a todos los lugares posibles. Su historia de superación es contada por él mismo en cárceles, bases militares, institutos, universidades, centros sociales, programas de televisión, convenciones e incluso es de escucha obligada por los rookies que llegan a la NBA antes de comenzar su primer año como profesionales. Es un ejemplo de lo que puede pasar pero nunca se debe hacer. Es la voz de ese tío de 35 años que una vez fue a dar una charla a su instituto cuando él era un adolescente y al que ahora se arrepiente de no haber escuchado. Es la voz que ahora espera servir de toque de atención para los que vienen por detrás. “Hay una cosa en este mundo que es que aunque lleves un traje, estás en la cárcel o seas un mendigo, todos somos iguales. No hay diferencias. Todos somos personas y por eso es por lo que tengo empatía y amor por todo el mundo que está luchando en este mundo, sin importar que sea un mendigo que vive en las calles o alguien que vive en un ático.