DOS MADRES DE ORODOS MADRES DE ORODOS MADRES DE ORO

DOS MADRES DE ORO

LA CAMPEONA DE GIMNASIA ARTÍSTICA EN LONDRES, GABRIELLE DOUGLAS, CUENTA CON doble apoyo: SU MADRE BIOLÓGICA Y LA DE ACOGIDA LA ACOMPAÑAN A TODOS LOS TORNEOS

El amor de una madre es incondicional. Su apoyo constante en cualquier aspecto de la vida de los hijos es como un colchón irrompible sobre el que siempre se puede caer sin miedo. Cuando las circustancias son favorables, la mirada acristalada y la sonrisa sincera son las mejores recompensas. Para lo bueno y lo malo, ellas siempre son el mejor abrazo al que acudir. La doble campeona olímpica de gimnasia artística, la estadounidense Gabrielle Douglas, tiene la inmensa suerte de contar con ese privilegio por partida doble: su madre biológica y su madre de acogida la acompañan a cada uno de los campeonatos. Cuatro manos imprescindibles en el camino de Douglas a la gloria olímpica.

DOS FAMILIAS PARA UN SUEÑO
Cuando Gabby Douglas se acercó a su progenitora y le dijo “mamá, quiero ser gimnasta”, la señora Natalie Hawkins no reaccionó como su hija esperaba. Desde que Gabrielle, son sólo tres años, se interesó por la artística gracias a su hermana mayor, había perseguido el sueño de, algún día, dedicarse enteramente a su pasión. Por eso, a la edad de 12, intentó convencer a su madre de que le permitiera desplazarse a un centro de alto rendimiento a casi 5.000 kilómetros de su casa. El ‘no’ rotundo se convirtió en un ‘sí’ dos años después. Gabby ponía rumbo a Iowa, donde le esperaban el prestigioso entrenador Liang Chow y su nueva familia, los Parton. En casa de Missy y Travis encontraría el amor y el apoyo que había dejado en Virginia. A través de videoconferencias, la gimnasta sentía cerca a su madre biológica, quien a menudo, cuando la nostalgia desbordaba a la joven Gabby, le repetía una y otra vez que la vida no es fácil y que no pensara ni por un segundo en dejar de luchar por sus metas. 
Dos años después del radical cambio en su vida, Douglas se proclamó campeona olímpica de gimnasia artística por equipos y en la competición individual, con solo 16 años (la primera atleta de color en lograrlo). En las gradas del North Greenwich Arena, dos madres se abrazaban henchidas de orgullo al ver colgarse el oro a la hija que tienen en común.