Este tipo de debacles de un grande, en general, suele tener varias fases. Pasado el impacto inicial y la petición de perdón de los humillados, es tiempo de comparación de ciudades, presupuestos, sueldos de jugadores y capacidad de los estadios, de balance de la prensa mundial, donde se constata que las noticias viajan rápido, y de palabras hirientes y altisonantes, como “humillación”, “bochorno” (la elegida por mí), “vergüenza” o “histórico”. Tras esto se pondrá en entredicho toda la estructura de un club, incluidos los bedeles, aparecerá la pregunta típica de ¿por qué ese equipo de segunda B no juega siempre así? y saldrá algún nombre para el mercado de invierno. La última fase antes del siguiente partido del equipo humillado, normalmente, es una portada de un periódico con una foto de los jugadores reunidos en círculo y un titular que suele ser “Conjurados“. Ahí, si el humillado gana todo se va suavizando, y si no…
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28/10/2009 12:24
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