
Dicen que el autobús del Sporting de Gijón es uno de los más divertidos de la Liga BBVA. Se juega como se entrena, dice el axioma popular. Se juega como se viaja, podría aplicarse el símil a un Sporting valiente, decidido y con determinación, que plantó cara al Real Madrid en el estadio Bernabéu.
Un equipo que no da patadas, que presume de buen fútbol y con una propuesta inteligente, de fútbol de toque, repleto de entusiasmo, bajo la dirección técnica de Manuel Preciado, el tipo más normal del fútbol español.
Los 470 kilómetros que separan Gijón de Madrid fueron en la ida un paseo para el bus del Sporting. Paró a comer el equipo en León, con tranquilidad, y llegó a media tarde el viernes a Madrid. En ese bus que juega a la pocha, Preciado pasa el tiempo de cine hablando con Quini. No necesitan ningún lujo porque jugar contra el Real Madrid después de los años duros, es un premio para todos. Atrás quedan aquellos tiempos heroicos de cruzar la Península de norte a sur. Los partidos en El Ejido y los 1.000 kilómetros de carretera, 1.000 de ida y otros 1.000 de vuelta en Segunda División. Venir a Madrid ahora es un viaje de placer. Al menos, en principio.
Preciado prometió jugar al fútbol. Y jugó, de verdad. Con criterio, con Alberto Rivera, su medio centro del alma, ‘la niña de sus ojos’, como suele reconocer en privado. Es Rivera un futbolista que ha evolucionado en progresión geométrica. Era un chico tímido, de corto recorrido, sin llegada. Preciado lo reconvirtió en el Levante en un futbolista que dio la vuelta al calcetín a su estilo. Ahora roba balones, aprieta, muerde, es letal en el último pase e incluso busca portería sin pudor. Esa metamorfosis de sacar petróleo donde no lo hay, esa maestría de pulir talentos es lo que diferencia a los buenos de los malos entrenadores. Aún no sabe cómo le ‘engañó’ para ir al Sporting, porque el chico tenía ofertas de mucho dinero. Pero esa gestión, esa medalla es tuya. Y Manuel Preciado, puedes estar tranquilo. Durante la resaca del domingo y lunes, todas las televisiones hablarán del famoso gol de Van der Vaart. De si fue mano o no, antes de ejecutar el balón delante de Juan Pablo. Si se acomodó la pelota en los testículos. Que si la abuela fuma….
¡Y que más da ya!, pensarás. Si el resultado no lo va a cambiar nadie. Y por eso en la conferencia de prensa exhibiste señorío y no entraste al trapo. Lo que seguro no te da lo mismo es que nadie te preguntara por el motivo que originó esa jugada al borde del área. La falta a Cristiano Ronaldo. Porque evitarla, eso sí estaba en el orden del día de tu cuaderno táctico. Había que anular esas acciones, que son un caramelo para el portaviones de Cristiano Ronaldo. Sólo hubo una en todo el partido. Y pasó factura. Porque Cristiano, además de atleta de gimnasio, es muy inteligente. Y sabe por dónde hay que merodear cuando no se abre la lata.
Esa falta sí que dolió, porque nadie de los tuyos la vio. Ni el propio Rivera, que estaba encima de Cristiano. Ni en tu banquillo ni en la grada de esa ‘Mareona’ que animó el partido. De esa polémica falta, de la que nadie hablará, llegó el 1-1, que echó agua fría al golazo de Barral, instantes antes. Si se fijan, incluso en el 3-1 de Higuaín, Diego Camacho puede hacer falta al borde del área al argentino, pero deja a la ruleta rusa el posible fallo del ‘Pipa’ porque otra falta ahí de Cristiano es medio gol.
Al Real Madrid no se le puede dar ni un milímetro de margen. Porque te acribilla. Con cinco minutos de toque de corneta, Xabi Alonso, Higuaín y Van der Vaart son capaces de dar la vuelta a cualquier quimera. Por eso están en el Real Madrid, naturalmente. Cuando uno ficha por ese club es porque antes ha demostrado méritos en otro sitio. Los traspasos al Real Madrid no se regalan. Uno, si deja el Liverpool, el River Plate o el Hamburgo, teóricamente, sólo se puede mover si es a un equipo del perfil del Real Madrid. Los tres –Xabi Alonso, Van der Vaart e Higuaín- estarán en el Mundial de Sudáfrica en 2010. Uno de ellos, como el holandés, incluso como capitán de su selección.
Anda estos días por Madrid el gran escritor uruguayo Eduardo Galeano, autor que refleja en todos los idiomas posibles el sol y la sombra del fútbol. Le confesaba recientemente a Iñaki Gabilondo que él sueña todos los días con que es un futbolista de élite. Que disfruta, que es feliz marcando goles todas las noches, dando pases imposibles. El problema llega por la mañana, cuando se despierta y conecta con la realidad.
Estimado Manuel Preciado: seguro que tú has soñado con retos y objetivos profesionales. De momento no has estado tan lejos de dar la campanada en Madrid. Y ojalá algún día, puedas disfrutar de tu profesión en Inglaterra después de triunfar en El Molinón. Porque te gusta la aventura. Y sé que ese es un objetivo que te motiva. Suerte.
Escrito por:
Luis Villarejo, 21/03/2010 18:56
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